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Astrid Rivera: Una historia de esperanzas, sueños y metas cumplidas

Desde los 8 años, Astrid Rivera, oriunda de Hormigueros, Puerto Rico, decidió que su destino era ser periodista. Aunque su familia cuestionaba su decisión, ella se mantuvo firme en su objetivo, llevando ese sueño tatuado en el corazón. Sin embargo, a los 16 años, al terminar el colegio, su padre le informó que no podría asistir a la universidad que deseaba, ya que se encontraba a dos horas de casa. Trasladarse sola o mudarse a una edad tan joven era una tarea casi imposible.

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Ante esta situación, Astrid comenzó a estudiar Ciencias Políticas. «Lo odié, fue horroroso», confiesa. Se prometió a sí misma esperar hasta cumplir los 18 años para poder dedicarse a lo que verdaderamente le apasionaba.

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Finalmente, inició sus estudios en una universidad de San Juan, Puerto Rico, su destino deseado desde el principio. Sin embargo, su familia no contaba con los recursos financieros necesarios para costear sus estudios, lo que la llevó a tomar una decisión valiente: unirse al ARMY de los Estados Unidos. Allí, tuvo que cumplir misiones fuera del continente y aprender a manejar armas largas para defenderse en combate, todo esto con apenas 18 años.

Mientras trabajaba en logística en Carolina del Norte, se le ocurrió una idea: combinar su trabajo en el ejército con su pasión por el periodismo. Así, Astrid comenzó a escribir para un periódico del ejército, creando historias y alimentando su sueño de ser periodista.

«No importa lo que tenga que hacer para pagar mis estudios y convertirme en periodista», se repetía constantemente. Y, con esa determinación, logró alcanzar su sueño y culminar sus estudios.

La vida le recompensó con su primer hijo, reconociendo su magnífico esfuerzo por alcanzar lo que siempre había deseado. Durante su camino, conoció a quien ahora es su esposo, y juntos se mudaron a Miami con una nueva meta: ingresar en un medio de comunicación.

Astrid sabía que para ganarse un espacio en los medios era esencial el aprendizaje y el crecimiento constante. Comenzó una maestría que la llevó a hacer una pasantía en Telemundo, trabajando en la telenovela «La casa de al lado». Allí, compartió con el elenco no solo de esa telenovela, sino también de otras producciones.

«Imagínate, tantos artistas al mismo tiempo haciendo telenovela y yo ahí, bien cerquita. Almorzábamos juntos y leíamos libretos juntos. Me dije: Astrid, esta es tu oportunidad».

Este fue el impulso que necesitaba. Abrió un blog y comenzó a realizar entrevistas a los artistas con los que trabajaba. Con el tiempo, estas entrevistas la llevaron a tener más contactos y oportunidades en el mundo del entretenimiento y la cultura, lo que la llevó a trabajar en la radio.

«Luego de salir de la radio, quedé embarazada de mi hija y luego de mi otro varón. Sentí que a medida que mi carrera crecía, también lo hacía mi familia».

Gracias a su valentía y a crear un espacio donde ponía en práctica todo lo aprendido, fue invitada a hablar en una conferencia donde también estaría Luz María Doria, quien actualmente es su jefa. Astrid se dijo a sí misma: «Ese día soy la presentadora de televisión que tú nunca has visto». Al cabo de un tiempo, comenzó a trabajar en Despierta América.

«Si quieres algo en la vida, escríbelo en un papel, créelo y confía en ti. Mantente fiel a eso que quieres, sin alejarte ni un poquito de lo que te apasiona, y verás que lo vas a lograr. Y, sobre todo, prepárate».

Cuando le preguntamos sobre alguna entrevista en particular que le traiga lindos recuerdos, Astrid mencionó una de sus favoritas: la que le hizo a Walter Mercado. «Uno siempre recuerda con el corazón esas entrevistas donde los invitados aceptaron sin pedir nada a cambio. Walter aceptó la entrevista cuando yo aún era estudiante de universidad».

«Recuerdo que, sin conocerme y sin yo ser nadie de la televisión, Walter aceptó la entrevista, la cual se hizo en la sala de su casa. Él se tomó el tiempo y tuvo la delicadeza de hacer esa entrevista conmigo para que mi trabajo de la universidad quedara bien».

Astrid describe esa entrevista como una de las mejores, donde reinó la paz y la tranquilidad desde el momento que puso un pie en la residencia de Walter. «Walter me contó muchas cosas, como que comía jamón de pavo, que según él era uno de sus secretos de belleza para la piel. Incluso recuerdo que pasé al baño y tuve un momento de muchas risas con él, ya que tenía un gabinete con todos los colores que se ponía en el pelo. La verdad es que fue una experiencia muy bonita que siempre llevaré en mi mente y en mi corazón».

Astrid, quien ha ganado reconocimientos y premios durante su carrera, recuerda con cariño cómo, al recibir su primer premio, no dejaba de pensar en lo feliz que su familia, especialmente su madre, se sentiría. «Sé que, como padres, cuando un hijo emprende un sueño, queremos verlo triunfar y lograrlo. Es algo que llenó de orgullo a mi mamá».

La familia es un pilar fundamental en la vida de Astrid. Fue su apoyo en momentos grises, cuando su inocencia se vio fracturada por personas que solo pensaban en sí mismas. Esto no solo la afectó a ella como persona, también como madre y como pareja se vio en algún momento padeciendo de efectos secundarios causados por aquel momento en donde fue violentada.

Actualmente, Astrid mantiene una relación cercana y bonita con su familia, que incluye a sus padres, hijos y pareja.

Su viaje por República Dominicana trae consigo un grito de esperanza para los jóvenes de El Hogar Bethesda, un lugar que provee seguridad y un entorno sano para aquellos niños y niñas huérfanos o de padres que, por alguna razón, no pueden hacerse cargo de ellos. Astrid Rivera es madrina de este hogar desde hace 10 años, llevando consigo una luz de esperanza y amor a quienes más lo necesitan.

Actualmente Astrid se encuentra trabajando en un proyecto a favor de las víctimas de abuso sexual: FEEL.

«Quiere decir: florece, educa, empodera y lidera. Es justamente una plataforma para ayudar a las mujeres y a las personas que han sido violentadas sexualmente a buscar información, recursos, ayuda psicológica y ayuda judicial, de esta persona no tener los recursos financieros y querer denunciar a su agresor», explicó Rivera.

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Lisbeth Calderón Díaz
Lisbeth Calderón Díaz
Comunicadora apasionada, amante de los animales y eterna buscadora de historias que inspiran. Con una curiosidad insaciable, creo en el poder de la palabra para conectar, emocionar y hacer que cada mensaje cobre vida.
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