InicioEntretenimientoCulturaBetesha Bloise: el arte de mirar el alma a través del color

Betesha Bloise: el arte de mirar el alma a través del color

El rostro como espejo del alma. Para Betesha Bloise, joven artista dominicana, el arte es más que un lenguaje: es un espejo íntimo donde cada trazo busca desvelar lo invisible. Su fascinación por la figura humana no es casualidad, sino destino. Desde los primeros bocetos, Betesha comprendió que el rostro es un universo en sí mismo, capaz de narrar historias sin palabras y de tender puentes entre desconocidos.

En sus retratos, las miradas se vuelven faros de emociones y los colores —intensos, vibrantes, oníricos— invitan a viajar hacia lo más profundo de la psique. Entre la figuración y el surrealismo, su estilo crea atmósferas cargadas de introspección, donde cada espectador termina reconociéndose a sí mismo en el otro.

Betesha se ha formado con disciplina y pasión: de las aulas de Chavón, la Escuela de Diseño, hasta el desafío creativo de Parsons The New School of Design en Nueva York, un trayecto que ha pulido su sensibilidad y su ambición artística. Hoy, su trabajo trasciende la técnica para convertirse en un manifiesto visual: la celebración de la diversidad, la vulnerabilidad y la belleza de lo humano.

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En cada una de sus obras late también su identidad dominicana. Rostros que evocan la riqueza de nuestras facciones, paletas que recuerdan el Caribe, y un compromiso por reflejar a toda una generación que busca abrirse paso en un mundo incierto, pero lleno de posibilidades.

OH! Magazine se adentra en su universo creativo para descubrir a una artista emergente que no solo pinta retratos, sino también emociones, y que con cada lienzo nos recuerda que el arte no es otra cosa que reconocernos —y abrazarnos— en la mirada del otro.

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¿Cuándo y cómo descubriste que el rostro humano era el lienzo que más te inspiraba? ¿Hubo algún momento o retrato en particular, sea tuyo o de otro artista, que te hiciera decir: «Esto es lo que quiero pintar»?

La figura humana me ha cautivado desde mis inicios en el arte. Inicialmente fue algo que exploré por medio del dibujo, y que me parece posee una capacidad única de expresión y conexión. Así como dicen “los ojos son la ventana del alma”, el rostro humano nos invita a empatizar; a ver parte de nosotros mismos en otros. Parte de descubrir esta atracción surge por medio de mi formación figurativa, donde vez tras vez era magnetizada hacia la mirada y la figura humana. En este sentido, termina formando parte central de mis obras.

Como artista emergente, ¿cómo definirías tu estilo personal? ¿Qué te diferencia y qué buscas que el espectador sienta al mirar tus retratos?

Una conversación entre la figuración, forma y color, tendente al surrealismo. Diría que lo que más destaca de mi trabajo es el uso de colores vibrantes con conceptos introspectivos, a menudo inspirados por la psicología. Es una fusión de consideraciones derivadas de las diversas influencias y ramas de mi práctica tanto en diseño gráfico, ilustración y pintura, lo que resulta en una fácil adaptabilidad y en la interconexión de técnicas y estilos.

Esta mezcla me permite transmitir emociones e impresiones donde el espectador se sienta identificado, que a uno u otro nivel se identifique a sí mismo en las obras, esto espero que sienta.

El retrato no solo captura una imagen, sino un alma. ¿Cómo es tu proceso para conectar con tus modelos y capturar su esencia, su historia o una emoción específica en tu obra?

Todo empieza con una idea y una atmósfera a evocar. A partir de ahí hago una búsqueda y recopilación de imágenes online, que usualmente edito para formar la referencia final. En esta búsqueda casi siempre lo más importante es la expresión de los ojos, sumergiéndome en los detalles que hacen que un rostro se sienta vivo. Es en esta tensión entre el mensaje y las emociones a evocar, y los matices de las figuras que yace la búsqueda.

¿De qué manera tu identidad y la cultura dominicana se manifiestan en tu paleta de colores o en las historias que cuentas a través de tus retratos?

Cómo dominicana, busco que las representaciones de las personas en mis obras reflejan la diversidad de facciones de nuestro país, de forma que toda persona pueda sentirse reflejada en al menos una de ellas.

A nivel tanto personal como colectivo, considero que estamos en un punto donde nuevas limitantes dificultan las posibilidades de la  juventud de cumplir con expectativas que tradicionalmente definen esta nueva etapa. En este sentido, la temática de mis obras reflejan parte de nuestra realidad, junto a una realidad más global.

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Hablemos del miedo y la vulnerabilidad. ¿Qué sientes al exponer tu trabajo por primera vez y cómo manejas la crítica, especialmente al inicio de tu carrera?

Como a todo artista, el exponer mi trabajo trae una mezcla de emoción, orgullo y aprehensión. Siempre es interesante y nutritivo ver las impresiones y críticas ajenas, y por este medio, la multiplicidad de significados que puede evocar una sola obra. Por eso me interesa siempre mantener una mente abierta, y considerar ideas que puedan informarme como artista y persona.

¿Quiénes son tus mayores referentes en el arte del retrato, tanto dominicanos como internacionales? ¿Qué has aprendido de ellos que aplicas en tu propio trabajo?

Previamente artistas como Jono Dry fueron un gran referente por su nivel técnico, y aunque continúan siendo de gran inspiración, recientemente me ha llamado la atención el trabajo de artistas como Genesis Belanger y Bo Barlett. Al continuar con mi desarrollo artístico, sus obras me inspiran a expandir mi lenguaje pictórico y explorar nuevas formas de materializar ideas. Igualmente, artistas dominicanas como Sherezade e Iliana Emilia Garcia me inspiran por sus trayectorias.

El camino de un artista emergente está lleno de desafíos. ¿Cuál ha sido el obstáculo más grande que has tenido que superar hasta ahora y qué consejo le darías a alguien que está empezando?

Tras una experiencia formativa en Chavón, la Escuela de Diseño, he tenido la oportunidad de continuar mi Licenciatura en Parsons The School of Design en Nueva York. No obstante, exponerme y aclimatarme a un ambiente cultural y creativo totalmente diferentes de un día a otro ha implicado un replanteamiento de mis metas, obras y autopercepción. Inicialmente fue difícil estar lejos de mi familia y mis aguas. Más con el tiempo ha sido una experiencia muy enriquecedora. Me reta a un aprendizaje vertiginoso no sólo en cuanto a lo académico, si no al conocimiento sobre la industria y las posibilidades como creativa y artista.

Justo por esto, diría que mi consejo es siempre mantener una mentalidad abierta al aprendizaje, al cambio y a agradecer el espacio que le queda a uno por crecer, porque es muestra de hasta donde se puede llegar.

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¿Qué papel crees que tiene el retrato en el mundo del arte contemporáneo, dominado por otros géneros? ¿Qué buscas que tu trabajo le aporte a esa conversación?

Busco que mi trabajo conecte con las experiencias de mis contemporáneos, y reflejan realidades y emociones producto del momento en el que vivimos. En este sentido, que visibilicen emociones y fomenten un diálogo en cuanto a las temáticas presentadas, inspirando a la curiosidad y reflexión.

Mirando hacia el futuro, ¿cuál es el retrato de tus sueños? ¿A quién te encantaría pintar y qué historia te gustaría contar a través de esa obra?

En lo actual más que un retrato de ensueño, estoy enfocada en una exploración personal que me permita descubrir mi estilo pictórico, simbólico y material. Me encuentro en un momento de experimentación, del cual espero surja un desarrollo en mis técnicas y narrativas que me ayudan a contar historias.

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