Diversas organizaciones alrededor del mundo se unen durante el mes de octubre para conmemorar la muerte gestacional, perinatal y neonatal como una forma de apoyar a los padres, familiares y relacionados que experimentan el sufrimiento ocasionado por un suceso del que no podemos vivir al margen: la muerte de un bebé, porque, en definitiva, nos impacta a todos.
Cuando revisamos la historia del manejo de la muerte de un bebé antes o después de nacer, observamos que los profesionales de la salud tenían diversas dificultades para su abordaje; sin embargo, se consideraba muy compasivo que lo mejor para la madre era informar el fallecimiento de su bebé después de que ella despertara de la anestesia o medicalización, privándole conocerlo y cargarlo. De hecho, las sugerencias para la mujer eran que de inmediato volviera a embarazarse para que sintiera nuevamente la ilusión y recuperara su autoconfianza.
Los verdaderos efectos psicológicos
A partir del año 1968 iniciaron las investigaciones sobre los efectos psicológicos que tiene la muerte de un bebé durante el embarazo o después del parto para los padres. Tales como el impacto que tiene para los profesionales de la salud, observando que fingir como que nada había sucedido y no hablar del tema para evitar el sufrimiento resultaba ser una práctica desacertada y tenía efectos adversos.
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De la misma manera, más adelante varios autores destacaban factores característicos en los padres que atravesaban la experiencia como la tristeza, alteración en el apetito y sueño, problemas de concentración, ira, rabia, culpabilidad y la incapacidad para regresar a las labores cotidianas; de esta forma, evidenciaron que la pérdida de un bebé bajo estas circunstancias dejaba una impronta muy marcada que no desaparecía tan fácil como ellos pensaban, lo que complicaba el reajuste emocional, familiar y social.
Duelo olvidado
Los resultados de estas investigaciones sobre este “duelo olvidado” como le llamaban anteriormente, facilitaron nuevas propuestas de intervención que permiten sostener el bebé y que los padres compartan en grupos de apoyo que viabilicen llevar una carga más ligera y que puedan expresar sus emociones; se ha demostrado que este tipo de duelo es distinto y que a su vez se experimentan múltiples pérdidas como, por ejemplo, la oportunidad de convertirse en padres, el reconocimiento de ese hijo en la mente de los demás, el hijo proyectado, idealizado, un futuro creado con ese bebé, la composición familiar, un sueño enaltecido, entre otros, que exaltan su particularidad.
Por otro lado, los avances en obstetricia y ginecología facilitan estar en contacto con el bebé desde pocas semanas de gestación a través del ultrasonido, instrumento que favorece darle sentido de persona y que, además, beneficia la creación del vínculo, esto a su vez unido a la adquisición de ajuares, mobiliarios, juguetes, entre otros utensilios, que utilizaría su hijo y que participan en la creación imaginaria de lo que dispondría su familia y la composición de su hogar, un proyecto que se ve entorpecido por la muerte repentina del bebé y que conlleva un restablecimiento gradual incomprendido por la presión que genera la sociedad con sus estándares sobre el duelo.

Y claro, esto se convierte en un desafío para los padres y en una encrucijada entre si lo que están sintiendo y haciendo está bien o mal. Es importante destacar que, aunque el duelo sea universal, se vive muy distinto.
Hoy en día sabemos que el duelo es un proceso activo, no un estado, no se trata de pasar la página y olvidar, todo lo contrario, es integrar al bebé fallecido en nuestra vida y continuarla con su recuerdo. El proceso de duelo se convierte en un tiempo para reconstruir y transformar la propia vida, aunque no volvemos a ser los mismos nunca.
Finalmente, los familiares y relacionados a la pérdida ameritan comprender que un hijo, aunque viva poco tiempo y muera, será su hijo para toda la vida y que su comunicación verbal y no verbal genera un impacto; el acompañamiento desde el respeto es fundamental, los tiempos de soledad tienen validez, el no asumir qué hacer con los ajuares del bebé sin consentimiento de los padres es una forma de respetarles, además referirse al bebé por su nombre aporta importancia al acontecimiento. Lo más importante es saber que el respeto a los tiempos de cada quien facilitará la transición a la nueva realidad.
Escribe: Angy Estevez Abreu. Psicóloga Clínica, Presidente Asociación Dominicana de Psicología Perinatal

