InicioMOh!daLa costura: más que una pasión en cárceles del mundo

La costura: más que una pasión en cárceles del mundo

El arte de la costura es una tarea que ha posibilitado la reinserción en los privados de la libertad para encontrar en esa actividad, además de un método para distraerse, una gran pasión.

Existen centros penitenciarios ubicados en distintas partes del mundo donde brindan la oportunidad de que a los internos les sea posible más adelante reintegrarse a la sociedad a través de opciones, desde un empleo hasta una carrera universitaria dentro de las mismas instalaciones.

A través de la plataforma informativa AP en el año 2019, se conoció una iniciativa por parte del diseñador y creador de la marca Pietà (Piedad), Thomas Jacob, la cual cuenta con la colaboración de internos en cárceles de Perú.

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Según detalló a EFE el diseñador, todo inició porque fue invitado por una amiga, la cual impartía clases de francés en las cárceles, a presenciar una obra teatral que había hecho con los reclusos que eran sus alumnos y pudo visualizar que en el centro contaban con máquinas de coser.

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También, Jacob narró que había otros que se dedicaban a hacer otras cosas como estampados, bordados e incluso tejían. Sin embargo, estas personas no tenían un empleo y se le ocurrió en ese momento hacer un trabajo en conjunto a ellos, el cual consistiría en la creación de la marca de ropa.

Es tan tal que el logo de la marca está compuesto por cuatro rayas verticales y una horizontal, esto hace referencia a las líneas que trazan los privados de la libertad para ir contando el tiempo que llevan en prisión.

La fuente detalló que muchas de las prendas han sido cortadas, remalladas y selladas por estas personas y han llegado a ser adquiridas por personalidades como Pharrell Williams y Maluma.

Durante la última década, este plan de promover programas similares se ha ido realizando con más notoriedad, tanto así que hasta 2018 se calculó que alrededor de 117 empresarios habían firmado en ese entonces acuerdos con las penitenciarías para remunerar a los reclusos y reclusas.

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Otro país donde también se ven estas actividades es en México, donde incluso en el 2020, año donde el mundo se vio arropado por la terrible ola del Covid-19, las retenidas de cárceles ubicadas en la Ciudad de México elaboraban a diario grandes cantidades de mascarillas para ayudar a enfrentar la crisis de ese entonces.

EFE informó que una de las reclusas había contado que a ella y otras compañeras se les había pedido su colaboración para realizar ese proyecto con los cubrebocas y que en el centro muchas saben confeccionar otras prendas como vestidos, pantuflas y hasta muñecas.

En el caso de República Dominicana, también hay penitenciarías, mayormente en las que se encuentran las mujeres, donde se dedican a la costura y bordaje de almohadas, cojines, toallas, etc. La venta de los artículos que son de su creación normalmente se hace vía encargos, pueden ser comprados tanto dentro como fuera de la prisión.

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Estas campañas han despertado en los mismos reclusos un rayo de esperanza con que, cuando salgan a reencontrarse con el mundo, podrán tener una nueva oportunidad para vivir y dedicarse a algo que probablemente hayan conocido tras las rejas o ejercido desde tiempo antes.

En muchos centros penitenciarios y de corrección llevan a cabo este tipo de actividades con el objetivo de educar y guiar a los privados de la libertad, además, se reconoce que esta u otras habilidades les servirían para superarse y subsistir cuando cumplan con su condena, iniciar de cero y que la sociedad les dé ese nuevo chance que necesitan para reivindicarse.

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