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El cambio climático… ¿es mito o no?

Uno no encuentra dónde estar ni cómo ponerse, dije. Y mi voz se escuchó como un susurro que implora la llegada de una brisita.

• Corrección, sería “UNA” no encuentra cómo ponerse. Me responde Marsela con una risita.

• Marsela, con este calor que hace, ni una, ni uno, ni nadie, ni ninguno encuentra paz. 

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Esa tarde, la casa estaba insoportable. Ya sé que deben estar pensando que quizás debo tener un aire acondicionado, pero no, no tengo. Le tengo miedo a la factura eléctrica porque como están las cosas, nunca lo apagaría. Pero, además, que la temperatura esté alta me da pretextos para salir a tomar aire y cervezas. 

Sin mucho que hacer, llamé a Marsela para que bajáramos al parque a hablar “plepa” y, mientras cuadramos, me recuerda que no olvide llevar el termo de agua que recién me regaló. Marsela es un ser chispeante, que de manera inexplicable suele montarse en ciertas tendencias y conductas del momento y, mientras me las cuenta, intentando convencerme, yo casi siempre reacciono escéptica, fría y sarcástica ante sus nuevos aspavientos que suelen ser pocos duraderos.

El termo ese del que ella habla es uno de sus “momentos”. He visto a algunas pasearse por las calles con ese “botellón” de agua enganchado en la muñeca. ¿No les pesa? Claro que hay que mantenerse hidratado, pero el tamaño de estos termos es realmente exagerado. ¿No es más cómodo hacer un rellenado? Este termo a capacidad pesa muchísimo y me parece un experimento insostenible en el tiempo. No sé… ustedes dirán. 

Pero bien, la cosa es que Marsela me regaló ese asunto que, por supuesto que lo llené para bajar al parque, pero de cerveza. Porque, ¡ajá! 

La tarde avanzaba, la brisa fresca nunca llegó, el calor seguía en sus buenas, discutimos sobre si el cambio climático al final era un mito o no, que del polvo del Sahara a esta altura ya casi nadie habla, que ya casi estamos en diciembre, que el TikTok va a volver loca a la gente y…

´-¿Ven acá, Matilda? Pero con todo y todo veo que te funcionó el termo. Míralo ahí, ya casi te terminas toda el agua.

-Oh sí, claro. El agua. 

Realmente debí ofrecerte de mí cerveza, pero como otra vez estás a dieta…

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