Por: Ismalay Liranzo Fotos: Cortesia: Frank Ceara y Alexander Mora
Hay discos que se escuchan. Otros, se viven, sienten en el alma. Y hay unos pocos que se saborean con los cinco sentidos,tocando cada fibra del alma como si cada canción fuera una cucharada humeante de recuerdos, afectos y ternura. Así se siente El Saborcito de Tu Amor, la más reciente producción del cantautor dominicano Frank Ceara, un álbum cocinado a fuego lento en los silencios de la pandemia, sazonado con memorias, amistades, fe y una ternura infinita por la vida misma.
No es un disco más. Es un mapa emocional. Un recetario sonoro donde el amor se sirve con diminutivos, donde el arroz con habichuela se transforma en “arrocito con habichuelita”, y el querer en “amorcito”, “cariñito”. Porque así hablamos los dominicanos cuando amamos de verdad: con dulzura en la lengua y calidez en la intención.
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Una cocina encendida en medio del encierro
Corría el año 2020. El mundo entero se detuvo, se cerraron las puertas, se apagaron los escenarios. Y Frank, como tantos otros artistas, se enfrentó al silencio exterior. Pero no al interior. Porque en ese encierro, mientras muchos buscaban consuelo, él encontró respuesta en un fogón. La música se transformó en ollas humeantes, en dips compartidos con vecinos, en sazones que cruzaban balcones con el mismo espíritu con que luego cruzarían pentagramas.
“No soy chef, pero me encanta cocinar”, confiesa Frank. Y desde esa pasión genuina, desde esa necesidad de ofrecer afecto a través del sabor, nació la semilla de un álbum que no solo se escucha, sino que también se huele, se toca, se prueba. Porque El Saborcito de Tu Amor no es solo una colección de canciones; es un festín emocional.

La alquimia de lo cotidiano
El título del álbum no es casualidad. En República Dominicana, todo lo importante pasa alrededor de una mesa. Desde la celebración más eufórica hasta la despedida más solemne, la comida nos reúne, nos conecta. Y en ese vínculo tan nuestro, Frank encontró la metáfora perfecta para hablar del amor.
“Cuando tú le pones el diminutivo a las cosas, estás metiendo el corazón”, dice. Y es verdad. Hay un mundo de ternura entre “quiero verte” y “quiero verte, mi amorcito”. Así se canta este disco: con el alma encogida en una sonrisa, como si cada palabra llevara la sal precisa de cariño.
Canciones como postales de la vida
Cada tema es una historia. Un plato servido con esmero. “Así Bonito”, con Juan Luis Guerra, es quizás el bocado más delicado del menú. Compuesta con el corazón y que mejor que compartirla con una amistad de más de 40 años y una fe compartida, la canción se transformó en un regalo de vida. Producida por el mismo maestro Juan Luis Guerra, junto a Janina Rosado y los músicos de 440, la pieza es un testimonio de complicidad, de respeto mutuo y de belleza serena. “Quizás esa sencillez le ha dado la majestuosidad”, confiesa Frank. Y no se equivoca.
Pero no todo en este disco es dulzura etérea. También hay fuego y raíces. Tierra Prometida es un canto de amor a la patria, un himno visceral que levanta el pecho de todo dominicano dentro y fuera del país. Compuesta años atrás para un proyecto de rescate del merengue, la canción encontró ahora su lugar perfecto como homenaje a esa isla que, con todos sus contrastes, sigue siendo un tesoro entregado por Dios.


Amistades que son recetas perfectas
En este álbum no solo se canta al amor de pareja. También al amor que nace de la amistad verdadera. Así lo demuestra La Receta Perfecta, junto a Adalgisa Pantaleón, cómplice y hermana del alma de Frank. La canción, como su título sugiere, mezcla ingredientes vitales: afecto, recuerdos, respeto y muchos años de compartir caminos. Adalgisa, dice Frank, “le ha dado sabor a mi vida desde que la conozco”. Y eso se siente en cada nota.
Igual de conmovedora es Qué Pasará, escrita por su sobrino, a quien Frank describe como “como un hijo”. No estaba pensada para el disco, pero llegó con la fuerza de lo inesperado, y fue imposible dejarla fuera. Convertida de balada en bachata, la canción es un testimonio de amor familiar, de herencia creativa, de confianza en las nuevas voces.

Una boda, una playa, un sueño blanco
Te Soñé de Blanco es otra joya de esta producción. Es más que una canción: es un tributo a todos los momentos en que Frank ha sido testigo del amor en su forma más pura —el día de una boda. Escrito para honrar esa dicha íntima y pública a la vez, el tema recoge imágenes de ceremonias pasadas, de rostros emocionados, de novias radiantes, de amores que empiezan su historia. Un regalo del artista para los enamorados… y para sí mismo.
Un adiós en forma de gratitud
El álbum cierra con Tan Cerca de Mi Corazón, una canción que fue escrita para la película dominicana Lo que Siento por Ti, pero que aquí funciona como una despedida poética, como un abrazo extendido a todos los que hicieron posible esta producción. Es un “gracias” melódico a cada músico, productor, diseñador, ingeniero. Porque este disco, como la vida, se hizo en comunidad, en colaboración, en amor.
El amor, en su forma más alta
Y como todo en la obra de Frank Ceara, este álbum está tejido con un hilo de fe. Una fe profunda, cristiana, luminosa. “La mejor definición de amor es Jesucristo”, dice él, con esa convicción serena de quien ama desde lo más puro. Y así lo transmite en cada acorde, en cada palabra, en cada decisión musical.
El Saborcito de Tu Amor no es solo un disco. Es un acto de amor. Es un poema que se canta, que se sirve, que se abraza. Es el testimonio de que, incluso cuando el mundo se detiene, el arte, como la comida hecha con amor, siempre encuentra la forma de reconfortar.
Frank no lanzó un álbum. Frank cocinó una emoción colectiva. Y nosotros, sus oyentes, la saboreamos con el alma y todo nuestro ser.

