Vivimos en un mundo fundamental influenciado por la virtualidad, donde las tendencias nacen y mueren con una velocidad alarmante, lo que nos lleva a pensar en cómo el concepto de «aesthetic» ha sido un pilar fundamental en la cultura visual de las redes sociales. Desde el auge de Tumblr en la década de 2010 hasta la dinámica explosiva de TikTok en los últimos años, el término ha evolucionado y se ha fragmentado en innumerables subcategorías. Sin embargo, en 2025, surge una pregunta inevitable: ¿ha muerto el estilo aesthetic?

La era dorada del aesthetic
El concepto de «aesthetic» se popularizó con la llegada de Tumblr, donde las imágenes cuidadosamente seleccionadas de neón, VHS glitch, minimalismo y vaporwave definieron una generación de usuarios. Con la llegada de Instagram y Pinterest, la estetización de la vida cotidiana se volvió una norma. Cafés perfectamente en cuadrados, habitaciones con luces de hadas y filtros pastel creaban una narrativa visual cohesionada que trascendía lo meramente fotográfico: era una forma de identidad digital.
La era dorada del aesthetic también trajo consigo subdivisiones como el «soft girl aesthetic», «dark academia», «cottagecore» y «cyberpunk», cada una representando un ideal visual y filosófico distinto. No era solo una cuestión de estilo, sino una forma de pertenencia a una comunidad global interconectada.
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TikTok y la fragmentación de las estéticas
Con el auge de TikTok, la velocidad a la que emergen y desaparecen las tendencias se ha incrementado exponencialmente. Mientras que en la era de Tumblr y Pinterest una estética podía durar años, hoy en día las microtendencias surgen y desaparecen en cuestión de semanas. Conceptos como «weirdcore», «cluttercore» y «coastal grandmother» han aparecido, ganando popularidad, pero han sido reemplazados con una rapidez asombrosa.

Este cambio ha provocado una saturación en la cultura visual de las redes sociales. Lo que antes se percibía como una forma de expresión auténtica ahora se ha convertido en un ciclo constante de consumo y desecho de tendencias. La presión por mantenerse al día con lo último ha llevado a una fatiga estética en muchos usuarios, quienes prefieren un enfoque más espontáneo y sin esfuerzo.
El ascenso del «anti-aesthetic»
En respuesta a la saturación visual y la dictadura de lo «curado», ha surgido una nueva corriente: el «anti-aesthetic». Esta tendencia rechaza las imágenes pulidas y perfectas en favor de lo real, lo crudo y lo espontáneo. Fotografías sin editar, composiciones descuidadas y videos sin filtro se han convertido en el nuevo ideal.
Aplicaciones como BeReal han reforzado esta filosofía, promoviendo la autenticidad sobre la estetización. De igual manera, en plataformas como Instagram y TikTok, creadores de contenido están optando por publicaciones más improvisadas, rompiendo con la necesidad de perfección visual que dominó la década pasada.

¿Realmente ha muerto el aesthetic?
A pesar de la aparente decadencia del estilo aesthetic como lo conocimos, la realidad es más compleja. En lugar de desaparecer, ha mutado y se ha adaptado a las nuevas dinámicas digitales. La diversidad de subculturas visuales sigue expandiéndose, y aunque la estetización extrema parece haber perdido relevancia, la necesidad de construir una identidad visual sigue intacta.
En este sentido, podría decirse que el «aesthetic» no ha muerto, sino que se ha democratizado y desinstitucionalizado. Ya no se trata de seguir un canon visual específico, sino de adoptar un enfoque más flexible y personal. Las redes sociales continúan siendo un espacio de exploración estética, pero ahora con un enfoque más libre y menos prescriptivo.

La evolución de las estéticas populares en redes sociales refleja un cambio en la forma en que los usuarios interactúan con la cultura digital. Los estilos rígidos del pasado han sido reemplazados por una era en la que predomina la expresión personal, dejando atrás la exigencia de una «imagen perfecta». El «aesthetic» sigue existiendo, pero en un estado de constante metamorfosis. Como todo en internet, lo único seguro es el cambio.

