InicioExplorandOh!Jet Set: El latido de la noche dominicana que hoy guarda silencio

Jet Set: El latido de la noche dominicana que hoy guarda silencio

Por más de cinco décadas, hubo un lugar en Santo Domingo donde la música no conocía horarios, los abrazos eran eternos y cada lunes era una fiesta nacional: el Jet Set. Fundado en 1973 por Ana Grecia López, una mujer visionaria que entendió lo que significaba darle un hogar a la música dominicana, este templo del entretenimiento fue mucho más que una discoteca: fue memoria, fue historia, fue identidad.

Jet Set no era solo un lugar donde se bailaba. Era donde los dominicanos se encontraban con su propio reflejo cultural. Ahí, entre luces bajas, copas alzadas y una pista siempre viva, desfilaron las leyendas del merengue, la bachata y la salsa. Fernando Villalona, Eddy Herrera, Toño Rosario, Anthony Santos, Zacarías Ferreira, Rubby Pérez, Yiyo Sarante… todos pasaron por su escenario. Algunos debutaron allí; otros simplemente volvieron para reencontrarse con un público que ya los sentía familia.

El lugar tenía algo que no se construye con decoración o sonido envolvente. Tenía alma. Y el alma del Jet Set eran sus artistas, sus bailarines empedernidos, su gente fiel, cada presentación era un ritual.

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Jet Set

Para muchos, Jet Set fue el primer lugar donde vieron a sus ídolos, para otros, el último sitio donde bailaron con un ser querido. Era donde se celebraban cumpleaños, reencuentros, logros… y también donde se lloraba con una bachata desgarradora. Era un refugio emocional con ritmo de güira y tambora.

Rubby Pérez

La Secretaría de Cultura reconoció en 2009 su labor invaluable, y un año más tarde, el Ministerio de Cultura lo declaró “espacio físico seguro para la promoción y difusión del merengue”. Porque Jet Set no solo preservaba la música: la impulsaba, la hacía vivir.

El colapso del techo en abril de 2025 durante una presentación de Rubby Pérez no solo apagó luces, sino una parte importante del corazón cultural dominicano. Las víctimas fueron muchas, entre ellas figuras emblemáticas del arte y la comunicación, y con ellas se fueron cientos de recuerdos que quedarán suspendidos entre las paredes que alguna vez vibraron con tanto amor.

No hay palabra que calme el dolor de una pérdida así, porque Jet Set no se medía por sus metros cuadrados, sino por su legado.

Aunque sus puertas estén cerradas y la música haya cesado por ahora, Jet Set vive. En los recuerdos, en los videos de archivo, en los pasos de baile que alguna vez se repitieron hasta el amanecer. Vive en cada artista que tuvo el privilegio de pisar su escenario y en cada dominicano que alguna vez gritó “¡esa es mi canción!” entre la multitud.

Porque cuando un lugar se convierte en símbolo, nunca muere, solo se transforma en leyenda.

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