La madrugada del martes 8 de abril quedará marcada con dolor en el corazón del pueblo dominicano. En un trágico accidente ocurrido en la emblemática discoteca Jet Set, perdió la vida Rubby Pérez, una de las voces más emblemáticas, potentes y queridas del merengue. Su partida deja un vacío inmenso, no solo en la música nacional, sino en el alma de todos aquellos que crecieron bailando, cantando y sintiendo cada nota que brotaba de su garganta.
Conocido como “La Voz Más Alta del Merengue”, Rubby Pérez no solo se destacó por su impresionante registro vocal, sino por su entrega absoluta al arte y a su país. Desde sus inicios en el coro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) hasta convertirse en figura clave del legendario grupo Wilfrido Vargas, su ascenso fue meteórico, siempre guiado por su pasión y su disciplina férrea.
Fue precisamente con Wilfrido que comenzó a brillar con fuerza en la década de los 80, pero su verdadera explosión llegó con su carrera como solista. Temas como “Buscando tus besos”, “Enamorado de ella”, “Dame veneno” y “Sobreviviré” se convirtieron en himnos que atravesaron generaciones y fronteras. Rubby no solo fue una estrella nacional, también conquistó escenarios en Estados Unidos, Europa y América Latina, dejando siempre la bandera dominicana en el alto nivel.
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Un artista íntegro, un ser humano incansable
Rubby Pérez no fue solo un cantante. Fue un hombre que enfrentó duras pruebas en la vida —como el accidente que lo dejó parcialmente discapacitado desde joven— con una dignidad y una fuerza admirables. Esa misma fortaleza la transmitía en tarima, donde cada presentación suya era una clase magistral de entrega, emoción y poder vocal.
Su voz -una mezcla de fuego y terciopelo- no se parecía a ninguna otra. Su estilo, marcado por la pasión y la autenticidad, fue inimitable. Por eso, decirle adiós no es solo lamentar la pérdida de un artista; es despedir a una leyenda viva que dejó todo sobre el escenario, siempre con una sonrisa, siempre con el alma en cada nota.

“Color de Rosa”, su canto final
Apenas semanas antes de su trágica partida, Rubby nos regaló su última joya musical: “Color de Rosa”. Una canción que, escuchada hoy, parece premonitoria. Con letras profundas, dulces y nostálgicas, Rubby cantó al amor con la serenidad de quien ha amado mucho y ha vivido intensamente. Su interpretación fue magistral, como si supiera que esa sería su despedida. La canción ya está tocando fibras en el corazón de quienes la escuchan, convirtiéndose en un himno póstumo que honra su legado.

El Jet Set y todas las víctimas fueron testigos de su último aplauso
La discoteca Jet Set, escenario de tantas noches gloriosas de merengue, fue el lugar de su última presentación. Esa noche, como tantas otras, Rubby dio todo, como si fuera el último show. Y lo fue. En ese espacio tan simbólico para la música dominicana, donde tantas veces hizo vibrar al público, Rubby se despidió sin saberlo. Su muerte, repentina y cruel, nos deja en shock. Pero también nos recuerda que los grandes nunca se van del todo.
Rubby Pérez será siempre recordado como una de las más grandes voces que ha dado la República Dominicana. Un artista completo, un hombre resiliente, un dominicano ejemplar. Su música seguirá sonando, sus letras seguirán contando historias, y su voz seguirá retumbando en cada rincón donde el merengue vive.
Hoy no solo despedimos a un cantante. Despedimos a un símbolo.
Gracias, Rubby, gracias por tanto.
Tu voz —tan alta como el cielo— no morirá jamás.
Descansa en paz, eterno gladiador del merengue Dominicano.

