La noche del 7 de abril de 2025 pasará a la historia como uno de los momentos más oscuros para la República Dominicana. El colapso del techo de la discoteca Jet Set, durante una presentación del legendario merenguero Rubby Pérez, provocó una tragedia sin precedentes que dejó más de un centenar de fallecidos. Entre ellos se encontraba Martín Polanco, una figura emblemática de la moda dominicana cuya partida repentina dejó un vacío profundo en la industria y en el corazón de quienes admiraban su arte, su historia y su espíritu.
La discoteca Jet Set, reconocida por sus animadas noches de lunes y su constante flujo de artistas y personalidades del medio artístico y social, fue el epicentro de un desastre que ha marcado a toda una nación. Inicialmente se reportaron 58 víctimas, pero ese número creció con el pasar de las horas, alcanzando más de 113 fallecidos mientras los rescatistas luchaban contra el tiempo y los escombros. La investigación sobre las causas del colapso sigue en curso, mientras el país enfrenta un duelo colectivo. Y entre los nombres de las víctimas, uno destaca por su legado creativo y su incansable trabajo por llevar la moda dominicana a escenarios internacionales: Martín Polanco.

La historia de Polanco es una de esas narrativas que inspiran desde el primer momento. Nacido en Santo Domingo, su vida dio un giro dramático cuando perdió a su padre a los 12 años. Junto a su hermano, comenzó a vender ropa usada, convirtiéndose en «Los Hermanos Polanco», una dupla popular entre los compradores locales. Sin embargo, las restricciones a la importación de estas prendas cambiaron su destino: comenzó a desarmarlas para entender su construcción y, sin saberlo, descubrió su vocación.
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Ese despertar creativo lo llevó a formarse académicamente en corte y confección en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), el Instituto Tecnológico Mercy Jáquez y posteriormente en Altos de Chavón, cuna de grandes diseñadores. Aún siendo estudiante, ya confeccionaba trajes para artistas y personalidades, mostrando una sensibilidad estética poco común y una aguda comprensión del lenguaje visual de la fama. Uno de los hitos de su carrera fue vestir al cantante Sergio Vargas para una presentación en Altos de Chavón, un evento que consolidó su nombre en la industria.
Pero fue su reinvención de la guayabera –o chacabana, como se le conoce localmente– lo que realmente definió su sello estilístico. Con una mirada moderna, lujosa y elegante, transformó esta prenda tradicional en un emblema de la moda caribeña contemporánea. Su proyecto “La vuelta al mundo en chacabana” reflejaba su visión de internacionalizar la prenda, presentándola como una pieza sofisticada y culturalmente poderosa. A través de su sitio web, martin-polanco.com, ofrecía una amplia gama de guayaberas, trajes y camisas, posicionando la moda dominicana con orgullo y autoridad.
Su clientela era tan diversa como distinguida. Desde figuras internacionales como Daddy Yankee y Raphy Pina, hasta el presidente dominicano Luis Abinader, muchos confiaron en Polanco para vestirlos con elegancia y autenticidad. Su capacidad de adaptación a distintos estilos y contextos lo convirtió en un favorito entre artistas, políticos y empresarios. Pero más allá del glamour, Martín nunca olvidó sus raíces ni la importancia de compartir su conocimiento.
Por eso, su compromiso social fue tan admirable como su talento creativo. Fue director de la Escuela Laboral de Moda en Santo Domingo Este, una iniciativa conjunta con el ayuntamiento local para capacitar a jóvenes en diseño y confección. Además, varias escuelas de moda llevan su nombre, como homenaje a su incansable labor por democratizar el acceso a la educación en diseño. Creía firmemente en la moda como herramienta de transformación social y su legado filantrópico así lo demuestra.
A lo largo de su carrera, Martín Polanco participó en numerosos eventos internacionales, como el Caribbean Fashion Week en Nueva York, el Spring Colors Fashion Show en Boston y el Mercedes Benz Fashion Show en Miami. Su presencia en estos escenarios representaba no solo su éxito personal, sino también el avance del diseño latinoamericano y caribeño en el competitivo mundo de la moda global. En sus colecciones fusionaba elementos tradicionales con un enfoque contemporáneo, creando un estilo distintivo que celebraba la identidad dominicana mientras apelaba a públicos internacionales.
En 2024, luego de 12 años de ausencia, Polanco regresó a la República Dominicana Fashion Week con su colección “Luxury Branding”, una propuesta que combinaba lujo, bordados detallados y referencias culturales latinoamericanas. Este regreso fue recibido con entusiasmo, y reafirmó su compromiso con sus raíces y su deseo de seguir elevando la moda local a nuevas alturas.
La noticia de su fallecimiento provocó una avalancha de homenajes y mensajes de pesar. Diseñadores como José Jhan lo recordaron como una figura clave que abrió puertas y elevó la autoestima de quienes apostaban por el diseño dominicano. Raphy Pina, uno de sus más cercanos colaboradores, expresó públicamente su dolor y su desesperación al intentar localizarlo entre los escombros. La pérdida fue, sin duda, personal y colectiva.
Martín Polanco fue más que un diseñador: fue un símbolo de resiliencia, ingenio y compromiso. Desde las calles de Santo Domingo hasta las pasarelas internacionales, supo construir una carrera basada en la autenticidad, el trabajo arduo y la pasión. Su reinvención de la guayabera no solo transformó la prenda, sino que también redefinió la manera en que el mundo veía la moda caribeña. Su legado perdurará no solo en sus diseños, sino también en cada joven que estudie en una de sus escuelas y en cada prenda que, con orgullo, lleve su sello. Aunque la tragedia apagó su luz físicamente, su obra y su visión seguirán brillando con fuerza en la historia de la moda dominicana.

