Así como lo lees, y como has escuchado cientos de veces, ¡respira! Pero no el simple ejercicio automático que te mantiene en vida, es una táctica que va más allá y cae en el “disfrute” de hacerlo.
Con un breve análisis de cómo es tu respiración en momentos de vulnerabilidad, de energías bajas o sentimientos de tristeza notarás que esta es lenta y poco profunda, esto porque nuestra menta controlo todos los aspectos de nuestro cuerpo físico.
Pero la mejor noticia es que existen formas de que, aprendiendo a manejar nuestra respiración, mejoremos nuestro estado anímico y alarguemos esta bonita bendición de estar vivos.
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¿Cuáles? ¡Apunta!
Si sientes te abruma la tristeza, trata de incrementar el ritmo de tu respiración. Algo muy parecido a lo que pasa cuando trotamos. Para hacerlo procura que cada ciclo respiratorio se haga en unos 2 segundos: 1 segundo para inspirar y 1 segundo para expirar. Piensa que en cada exhalación vas eliminando todo eso que te afecta y te quita el sueño.
Después de esto quédate en tranquilidad y será como quitarse un peso de encima.

Aprovecha las mañanas
En las mañanas saca tiempo, incluso antes de tomarte el café o té. ¿Por qué? Debes dar inicio a tu día sin “cargas extras” y relajada.
La página Signa.com, recomienda el siguiente paso a paso:
- En posición de pie, inclínese hacia adelante desde la cintura con las rodillas levemente flexionadas y permita que los brazos cuelguen cerca del suelo.
- Mientras inhala lenta y profundamente, regrese a la posición de pie enderezándose lentamente y levantando, por último, la cabeza.
- Contenga la respiración solo por unos pocos segundos en esta posición de pie.
- Exhale lentamente a medida que regresa a la posición original, flexionándose hacia adelante desde la cintura.
- Note cómo se siente al final del ejercicio.

En momentos de ansiedad o eventos detonantes de ira
En estos casos recomeindan la “respiración abdominal”. ¿Por qué? Es muy relajante y alivia el estrés.
- Siéntese o acuéstese en una posición cómoda.
- Coloque una mano sobre el abdomen justo debajo de las costillas y la otra mano sobre el pecho.
- Respire hondo por la nariz y deje que el abdomen le empuje la mano. El pecho no debería moverse.
- Exhale a través de los labios fruncidos como si estuviese silbando. Sienta cómo se hunde la mano sobre su abdomen y utilícela para expulsar todo el aire hacia afuera.
- Realice este ejercicio de respiración entre 3 y 10 veces. Tómese su tiempo con cada respiración.
En momento de aprender de lo simple y ser más felices. Comienza a practicar.

