InicioEn la miraPremios Soberano 2026: una alfombra que evoluciona, un espectáculo que se resiste

Premios Soberano 2026: una alfombra que evoluciona, un espectáculo que se resiste


Hay noches en las que una alfombra roja es solo eso: una pasarela de vestidos hermosos, fotos bien iluminadas y comentarios efímeros en redes. Y hay otras —muy pocas— en las que se convierte en un espejo incómodo de lo que somos como industria. Los Premios Soberano 2026 pertenecen, una vez más, a esta segunda categoría.

Porque mientras observaba la transmisión —cómoda, sí, pero no indiferente— no pude evitar pensar en aquella niña que se sentaba a ver los antiguos Premios Casandra con su madre. Han pasado los años, han cambiado los vestidos, se han pulido las figuras… pero el espectáculo, en esencia, sigue atrapado en una narrativa que se rehúsa a evolucionar al ritmo de su propia ambición. Y ahí es donde empieza la conversación incómoda.

El escenario, impecable. La intención, evidente. Pero la ejecución… todavía le debe demasiado a la improvisación. La iluminación que no perdona, el sonido que traiciona, los silencios que pesan más que cualquier discurso. Y luego están esas tomas —esas crueles tomas abiertas— que revelan lo que nadie quiere admitir: un teatro que se vacía por bloques, como si el ritmo del evento no lograra retener ni siquiera a quienes forman parte de él. En televisión nacional —y peor aún, internacional— los detalles no son pequeños errores: son declaraciones.

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El guion, por su parte, fue quizá el mayor acto de honestidad involuntaria de la noche: simple, predecible y peligrosamente cercano a lo olvidable. Hubo destellos, claro. Georgina Duluc entendió el peso del opening como pocas veces se ve, Irving Alberti logró lo que siempre parece imposible —hacer política sin incomodar del todo—, y Carlos Sánchez junto al “atrevimiento” de Nashla Bogaert y Ramcelis de Jesús nos recordaron que el riesgo sigue siendo el mejor aliado del entretenimiento. Pero fueron momentos. Y una premiación no puede sostenerse de momentos.

Ahora bien, la moda… la moda es otra historia. Y, curiosamente, también otra verdad.

Anoche no solo vimos moda y belleza en los Premios Soberano vimos a una mujer dominar su presen 4
Georgina Duluc

Porque si algo quedó claro es que la alfombra roja dominicana ha entendido —por fin— que vestirse bien ya no es suficiente: hay que decir algo. Georgina Duluc no asistió, regresó. Y lo hizo como lo hacen las mujeres que no piden permiso: con una narrativa clara. Su “Renacer Índigo” no fue solo un vestido, fue un manifiesto. Arquitectónico, preciso, casi desafiante en su construcción. Luego vino el ámbar —nuestro ámbar— elevado a objeto de alta costura, y finalmente “Carapace”, una pieza que no vestía el cuerpo, lo protegía. Porque sí, la moda también puede ser armadura.

Y en medio de esa contundencia, apareció la sutileza. Ramcelis de Jesús entendió algo que muchas olvidan: la elegancia no necesita ruido. Su propuesta, emocional y simbólica, fue un susurro en una sala llena de gritos. Nashla Bogaert, por su parte, apostó por ese viejo truco que nunca falla: el glamour clásico, reinterpretado sin nostalgia. Y Nahiony Reyes confirmó que la consistencia también es una forma de poder.

Pero no todo es discurso elevado. También está la intuición. Yubelkis Peralta convirtió la maternidad en estética sin caer en clichés. Gabi Desangles jugó con el simbolismo —ese escorpión convertido en joya— y ganó. Luz García se mantuvo fiel a su ADN, y Sophia Sanabria demostró que la estructura, cuando se ejecuta bien, puede ser profundamente femenina.

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Sophia Sanabria

Y luego están las que entendieron algo aún más difícil: que la moda también es proceso. Mayra Delgado no llevó solo un look, llevó una declaración de evolución. Liza Blanco transformó la vulnerabilidad en narrativa estética. Porque crecer —y esto la moda lo sabe muy bien— también es aprender a mostrarse sin miedo.

Entonces, me pregunto —como lo haría cualquier buena columna que intenta incomodar—: ¿de qué sirve una alfombra roja que evoluciona, si el espectáculo que la sostiene sigue estancado?

Tal vez la verdadera transformación que necesita Premios Soberano no está en los vestidos, ni en los nombres, ni siquiera en la producción técnica. Tal vez está en la intención. En entender que el público de hoy no solo consume, compara. No solo aplaude, exige. Y que ya no basta con hacerlo “mejor que antes”… hay que hacerlo relevante.

Ismalay Liranzo
Ismalay Liranzo
Una muchachita vieja que le encanta crear historias de moda.
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