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La Maternidad Asistida: Todo lo que debes saber antes de iniciar el proceso para ser madre

La maternidad es mucho más que un hecho biológico, es una experiencia emocional, espiritual y vital que marca un antes y un después en la vida de una mujer. Es un anhelo profundo que, para muchas, habita en lo más sagrado del corazón.

Sin embargo, también es cierto que no siempre ese deseo se presenta de forma clara o sencilla.

A veces lo intuimos, lo soñamos, pero no logramos conectar del todo esa sinergia delicada entre el instinto de ser madre y las exigencias del mundo moderno: la carrera profesional, los vínculos afectivos, el equilibrio emocional y el deseo de autorrealización.

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Para algunas mujeres, el camino hacia la maternidad es claro y recto. Para otras, es un sendero sinuoso, lleno de preguntas, dudas y decisiones importantes que requieren reflexión, acompañamiento y tiempo. No hay una sola manera de vivir este proceso, ni una sola definición de lo que significa ser madre.

Lo cierto es que se trata de una etapa profundamente especial e importante, donde el cuerpo, el alma y la mente se entrelazan en un acto de creación y amor.

Afortunadamente, hoy en día contamos con múltiples opciones y recursos que permiten abordar este deseo de manera consciente, informada y amorosa. La ciencia, la medicina reproductiva, el acompañamiento psicológico y emocional, así como los grupos de apoyo, brindan herramientas valiosas para quienes desean embarcarse en esta travesía. Ya sea a través de métodos naturales, reproducción asistida o planes de adopción, la maternidad puede y debe ser un camino trazado con ternura, con compromiso y con un equipo de profesionales que sostengan cada paso.

En esta ocasión Oh Magazine entablo una conversación con el especialista en maternidad asistida, el doctor Steven Rabassa quién ha respondido varias preguntas sobre como navegar en este mundo de la maternidad asistida.

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¿Cuál es el proceso típico para iniciar un tratamiento de maternidad asistida?

Steven Rabassa explica que, el abordaje inicial en medicina reproductiva comienza con una anamnesis detallada que explore la historia ginecológica, obstétrica, médica y quirúrgica de la paciente, así como factores de riesgo reproductivo.

Se complementa con un examen físico ginecológico y una serie de estudios que permiten establecer un diagnóstico etiológico de la infertilidad.

Este proceso incluye pruebas hormonales basales (FSH, LH, estradiol, AMH), ecografía transvaginal para valoración de la reserva ovárica y estructura uterina, y estudios de imagen como histerosalpingografía o sonohisterografía para evaluar la cavidad endometrial y la permeabilidad tubárica.

En el caso de pacientes con pareja masculina, se realiza un espermatograma completo con evaluación de parámetros según criterios de la OMS (2021), y estudios adicionales como test de capacitación espermática o fragmentación del ADN espermático si está indicado.

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¿Qué exámenes y evaluaciones iniciales se requieren?

El primer paso en esta travesía es el diagnóstico preciso. Rabassa indica que se busca identificar alteraciones ovulatorias, anatómicas, endocrinas, infecciosas o inmunológicas.

Para ello, el protocolo incluye:
– Perfil hormonal basal en día 2-4 del ciclo menstrual: FSH, LH, estradiol, prolactina y TSH.
– Hormona antimülleriana (AMH) para valorar la reserva ovárica.
– Ecografía transvaginal para conteo de folículos antrales (AFC) y morfología uterina.
– Histerosalpingografía (HSG) o histerosonografía para valorar la permeabilidad tubárica y la morfología uterina interna.

– Pruebas serológicas para VIH, hepatitis B y C, sífilis, y toxoplasmosis.
– En el varón: espermatograma completo (volumen, concentración, movilidad, morfología) y, si se indica, evaluación de la integridad del ADN espermático.
Según los hallazgos clínicos, pueden requerirse estudios adicionales como cariotipo, pruebas de compatibilidad genética (matching) o evaluación inmunológica reproductiva.


¿Qué factores consideran importantes para determinar el tratamiento más adecuado para cada paciente o pareja?

No hay una receta universal. Cada historia merece una mirada única y compasiva. por lo que la elección del tratamiento de reproducción asistida va depender de la evaluación multidimensional que incluye:

– Edad de la paciente y su reserva ovárica (evaluada mediante AMH, AFC y FSH).
– Duración de la infertilidad y etiología identificada (factor ovárico, tubárico, uterino, masculino, mixto o idiopático).

– Presencia de patologías ginecológicas como endometriosis, miomatosis uterina, sinequias, adenomiosis o síndrome de ovario poliquístico.
– Resultados del espermatograma: en casos de oligoastenoteratozoospermia severa o azoospermia, se plantea ICSI directamente.
– Consideraciones éticas, emocionales, económicas y expectativas reproductivas de la pareja o paciente.

El abordaje debe ser individualizado, basado en evidencia y consensuado con la paciente, priorizando eficacia, seguridad y bienestar emocional.

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Doctor Steven Rabassa Fotografía: Noe Miguel Matos


¿Cuándo se recomienda la congelación de óvulos y cómo funciona este proceso?

Congelar óvulos ya no es un tema tabú ni exclusivo de contextos médicos graves. Hoy, muchas mujeres optan por hacerlo por elección. Steven Rabassa especifica que es una estrategia indicada en mujeres que desean preservar su fertilidad, ya sea por razones sociales o médicas. Las principales indicaciones incluyen:
– Preservación por razones oncológicas (previo a quimioterapia, radioterapia o cirugía ovárica).
– Preservación electiva (social) en mujeres jóvenes con deseo gestacional postergado.
– Diagnóstico de baja reserva ovárica precoz o antecedentes familiares de falla ovárica prematura.
– Cirugías ováricas repetidas (ej. endometriosis severa).

El proceso de preservación ovárica comienza con una estimulación controlada de los ovarios, utilizando hormonas conocidas como gonadotrofinas recombinantes —principalmente FSH y, en algunos casos, LH—. Este tratamiento se administra siguiendo un protocolo específico, que puede ser del tipo antagonista o agonista, y se supervisa cuidadosamente a través de monitoreos ecográficos periódicos.

Una vez que los folículos han alcanzado la madurez adecuada, se administra una dosis de hCG o un agonista de la GnRH para inducir la maduración final de los ovocitos. Posteriormente, se lleva a cabo una punción folicular transvaginal, guiada por ecografía, mediante la cual se aspiran los ovocitos.

Estos ovocitos son evaluados en el laboratorio, y aquellos que han alcanzado la etapa madura (conocida como MII) se someten a un proceso de vitrificación. Este método ultrarrápido de congelación emplea crioprotectores y se realiza en sistemas cerrados para garantizar su seguridad.

Finalmente, los ovocitos se almacenan en nitrógeno líquido a una temperatura de -196 °C, donde permanecen suspendidos en el tiempo, listos para ser utilizados en el futuro.

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¿En qué casos se recomienda la inseminación artificial?

La inseminación intrauterina (IIU) es una técnica de reproducción asistida de baja complejidad que puede ofrecer una oportunidad real de embarazo en ciertos casos seleccionados. Consiste en la colocación directa del esperma dentro del útero, aumentando las posibilidades de fecundación al reducir la distancia que deben recorrer los espermatozoides para alcanzar el óvulo.

Esta técnica se recomienda principalmente en los siguientes escenarios clínicos:

Factor masculino leve: cuando el recuento total de espermatozoides móviles tras la capacitación es igual o superior a 5 millones.

Disfunción ovulatoria leve, especialmente en mujeres jóvenes, donde hay buena respuesta a la estimulación ovárica.

Esterilidad sin causa aparente (también conocida como infertilidad idiopática), con una duración menor a tres años.

Alteraciones leves del moco cervical o factor inmunológico moderado, que pueden dificultar el paso de los espermatozoides a través del cuello uterino.

Parejas lesbianas o mujeres sin pareja masculina que optan por utilizar semen de donante para concebir.

Para alcanzar tasas de éxito aceptables —que oscilan entre un 10% y un 20% por ciclo— es indispensable confirmar la permeabilidad de ambas trompas de Falopio, lo cual se puede verificar mediante estudios como la histerosalpingografía (HSG) o una laparoscopía. Asimismo, se requiere una función ovárica adecuada.

Se recomienda realizar la IIU en combinación con estimulación ovárica controlada y monitoreo folicular, lo cual permite programar el momento óptimo para la inseminación y maximizar las posibilidades de éxito.

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¿Cuál es el proceso detallado de la inseminación artificial?

El proceso de inseminación intrauterina (IIU) sigue un protocolo cuidadosamente diseñado, cuyo objetivo es maximizar las probabilidades de concepción de manera segura y controlada. A continuación, se describen las etapas fundamentales del procedimiento:

1. Estimulación ovárica controlada
Se utilizan medicamentos como citrato de clomifeno o letrozol, y en algunos casos, gonadotrofinas en dosis bajas. El propósito es estimular el desarrollo de uno o dos folículos dominantes, evitando la hiperestimulación ovárica.

2. Monitoreo folicular
Se realiza mediante ecografías transvaginales seriadas para evaluar el crecimiento de los folículos y determinar el momento óptimo para inducir la ovulación.

3. Inducción de la ovulación
Cuando al menos un folículo alcanza los 18 mm de diámetro, se administra hCG (gonadotropina coriónica humana), ya sea recombinante o urinaria, con el fin de desencadenar la ovulación.

4. Preparación del semen
El eyaculado, proveniente del cónyuge o de un donante, es procesado en el laboratorio mediante técnicas de lavado, “swim-up” o gradientes de densidad. Este paso permite aislar los espermatozoides con mayor movilidad progresiva.

5. Inseminación intrauterina
Entre 36 y 40 horas después de la administración de hCG, se introduce el semen preparado en la cavidad endometrial mediante una cánula flexible. Es un procedimiento ambulatorio, rápido y generalmente indoloro.

Cuidados posteriores y seguimiento
Se recomienda un breve período de reposo tras el procedimiento, así como soporte con progesterona vaginal para favorecer la implantación.
En caso de no lograr el embarazo, se puede repetir el protocolo durante 3 a 4 ciclos antes de considerar técnicas de mayor complejidad como la fertilización in vitro (FIV).

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¿Qué preparación se requiere antes de la inseminación artificial?

Según manifiesta el especialista, previo al procedimiento de inseminación intrauterina (IIU), se realiza una preparación estructurada que incluye:
– Estudios hormonales iniciales (FSH, LH, estradiol) y ecografía basal para confirmar condiciones óptimas.
– Confirmación de permeabilidad tubárica mediante histerosalpingografía o histerosonografía.
– Evaluación del ciclo ovulatorio o programación con estimulación ovárica leve si se desea mejorar las tasas de éxito.
– Abstinencia sexual entre 2 y 5 días antes de la recolección del semen.
– Procesamiento seminal el mismo día de la inseminación, garantizando concentración adecuada de espermatozoides móviles progresivos.
Además, se administran suplementos de ácido fólico, y se puede iniciar soporte con progesterona según criterio médico posterior al procedimiento.

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Doctor Steven Rabassa Fotografía: Noe Miguel Matos


¿En qué casos se recomienda la fecundación in vitro (FIV)?


La FIV es una técnica de reproducción asistida que se recomienda en los siguientes casos:

Factor tubárico severo: presencia de trompas de Falopio obstruidas o ausentes.

Endometriosis en estadios avanzados: grados III o IV.

Factor masculino severo: incluye alteraciones como oligozoospermia, teratozoospermia, astenozoospermia severa o azoospermia (ya sea obstructiva o no obstructiva).

Fracaso en tratamientos previos de inseminación artificial.

Edad materna avanzada: mujeres mayores de 37 años o con baja reserva ovárica.

Infertilidad de causa desconocida con más de tres años de evolución sin éxito.

Además, la FIV está indicada cuando se requiere realizar un diagnóstico genético preimplantacional (DGP/PGT-A), ya sea por antecedentes familiares de enfermedades genéticas o por repetidos fallos de implantación embrionaria.

el procedimiento de la FIV


¿Cuál es el proceso detallado de la fecundación in vitro ?

Steven Rabassa explica que la FIV consta de nueve partes que son:

1. Estimulación ovárica controlada: Administración diaria de gonadotrofinas (FSH/LH) durante 8-12 días bajo protocolos individualizados (antagonista, agonista largo, dual trigger).

2. Monitoreo folicular: Mediante ecografía transvaginal seriada y estradiol plasmático para ajustar dosis y programar punción.

3. Inducción de maduración ovocitaria: Con hCG recombinante o agonista de GnRH.

4. Punción folicular: Extracción transvaginal de ovocitos bajo guía ecográfica y sedación.

5. Fecundación en laboratorio: Por FIV convencional o ICSI, según calidad seminal.

6. Cultivo embrionario: Hasta estadio de blastocisto (día 5-6), con posible monitoreo en incubadoras de time-lapse.

7.  Transferencia embrionaria: Se selecciona el embrión de mejor calidad y se transfiere bajo guía ecográfica.

8.  Criopreservación: Se vitrifican embriones excedentes viables.

9. Soporte de fase lútea: Progesterona vaginal, oral o intramuscular hasta confirmar gestación.

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¿Qué medicamentos se utilizan durante la FIV y cuáles son sus posibles efectos secundarios?

Durante la FIV se utilizan:
– Gonadotrofinas (rFSH, HMG): estimulación folicular.
– Antagonistas de GnRH (cetrorelix, ganirelix): prevención de ovulación prematura.
– Agonistas de GnRH (leuprolida): en protocolos largos o como trigger ovulatorio.
– hCG o agonista para inducción de maduración ovocitaria.
– Progesterona para soporte lúteo.

Efectos secundarios frecuentes incluyen distensión abdominal, náuseas, cefalea, irritabilidad y sensibilidad mamaria. Riesgos poco frecuentes:
– Hiperestimulación ovárica (riesgo en mujeres jóvenes o con SOP).
– Reacción local a la inyección o formación de hematomas.
– Embarazo múltiple (aunque minimizado con transferencia única).

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¿Cómo se realiza el seguimiento después de la transferencia de embriones o la inseminación?

Posterior al procedimiento (IIU o FIV), se recomienda:
– Reposo relativo las primeras 24-48 horas.
– Evitar ejercicio físico intenso, baños calientes, relaciones sexuales o estrés emocional excesivo.
– Continuar soporte con progesterona.
– Prueba de embarazo sérica (beta-hCG) a los 10-14 días.
– En caso de embarazo positivo: ecografía transvaginal a las 6-7 semanas para confirmar saco gestacional y latido fetal.
Se ajusta la medicación según evolución clínica y resultado bioquímico.


¿Antes de iniciar uno de estos procesos, recomienda buscar apoyo psicológico?

Sí. El acompañamiento psicológico es una herramienta clave en medicina reproductiva. Se ha demostrado que el estrés crónico puede afectar la función ovárica y la implantación embrionaria. La psicoterapia mejora la adherencia al tratamiento, la capacidad de afrontamiento ante resultados negativos y reduce la ansiedad en cada fase del proceso. Además, favorece la toma de decisiones éticas o médicas complejas, como el uso de donantes o la criopreservación. En Procrear, fomentamos un enfoque integral que combine salud reproductiva, bienestar emocional y acompañamiento continuo.

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