A mí no me queda claro desde cuándo el mercado laboral se diversificó de esa manera, pero durante toda mi vida he conocido a “la picota” como método de sobrevivencia.
El “buscársela” para ganar algo de dinero extra es una práctica tan común ya, que casi todo el que conozco tiene uno o dos trabajos bajo la condición de informales o independientes y, por supuesto, esto también me incluye a mí.
Hace un buen tiempo que también soy de las que trata de complementar los gastos mensuales y lograr con éxito la hazaña de ahorrar por medio de las “entradas” que me dejan los trabajos extras, pero… ¡Ay, cuánto nos cuesta!
Recientes
Dice un buen amigo mío que la mejor frase para describir a los picoteos es “el bajo mundo”; son proyectos de temporada, informales por no estar amparados por las leyes laborales. Sin embargo, los contratantes asumen que de alguna manera que les perteneces 24/7.
Muy a pesar de que puedas poner ciertas condiciones, este acuerdo se viola con frecuencia. Como dice una canción, con estos trabajos no hay horarios ni fecha en el calendario, todo lo que te piden es de ahora para ayer; alguna información que debe ser procesada con cierta paciencia para crear alguna idea que te la comparten 5 minutos antes de una reunión en la que debes presentar propuesta; cambios de decisiones sin control, a veces toca que hay más de un líder en el proyecto y las cinco cabezas que te “mandan fuego” no logran girar en el mismo sistema solar.
Todo el mundo quiere un cambio en la propuesta porque no le gusta, pero tú; que eres el profesional en la materia, debes descifrar qué es lo que quieren, porque no te dan argumentos… hay mucho más, pero uno respira y piensa en que necesita esos cheles extras, uno acepta el sacrificio porque ya está metido en el bollo y cada día ve la fecha de término igualito a como se ve unas vacaciones que nunca llegan.
Y entonces por fin, está el final. Mandas tu factura y, como si fuera una aberración de la justicia universal que debe regir las relaciones comerciales, resulta que ahora sí funcionan las fechas, los tiempos de espera, las excusas; y hasta aparecen reglamentos y leyes que dicen que el dinero que ya te has ganado, para que caiga en tu cuenta necesita de un plazo. Sin contar que antes tuviste que negociar porque el presupuesto que tienen para ti ni se asoma a lo que realmente cuesta tu trabajo.
Es bajo sí… entrar al mundo del picoteo es como ser parte de una subcultura.

