¡Colores! saltan a la vista al observar la obra y vida de Amanda. Ella deja plasmado en los lienzos esa gama deleitosa y encantadora… la extrapolación de su ser traducida en arte. Y el que engalana galerías como Galerie Molin Corvo (París, Francia) y Nilufar Gallery (Milán, Italia).
Su historia de pintar inició desde muy pequeña. Como hija única y al pasar mucho tiempo sola, descubrió en la pintura su refugio desde los 12 años. “La soledad me conectó mucho con el arte. De hecho, curiosamente, mi segundo nombre es Soledad (risas). Todo esto me ayudó a conectar con el espacio, con los objetos y las circunstancias que me rodeaban. Me pasaba las tardes observando las personas pasar desde el balcón; es algo que acaparaba mucho mi atención y todavía es así, siempre fue una gran fuente de inspiración. El designio que se esconde en el comportamiento humano es único”, narra la artista, que ha participado en importantes ferias de arte como Art Basel Miami (2017) y Salone del Mobile, Milán.
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Amanda, residente en New York y quien, antes de introducirse de lleno en la plástica, ejerció como modelo en nuestro país –y hasta inició la carrera de Diseño de Modas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo–, se abraza de la corriente del expresionismo abstracto. ¿Cómo se dio esta “búsqueda”? “Para mí, el expresionismo abstracto es sinónimo de libertad, poder convertir todo aquello que me rodea y me provoca una afección, interpretándolo a través de un lienzo que se va formando al ritmo de los colores y las emociones que cargo conmigo… es lo que busco”, asegura la creativa de 37 años.

Como modelo, protagonizó importantes portadas de revistas e hizo pasarelas internacionales. Y es que Amanda siempre sintió la sensibilidad estética tan fuerte, así como la necesidad de expresarse. “Cuando terminé el colegio, estaba tratando de decidir si estudiar Diseño de Modas o Artes Plásticas, pero nunca pensé que sería la modelo y no la diseñadora. Más adelante me salió la oportunidad de irme a modelar a Nueva York. Siempre supe que retomaría la pintura, porque es una necesidad, siempre lo fue. Traté en esos años de seguir nutriéndome y trabajar en ello cuando tenía el tiempo. Y pues lo que pensé fue que, para modelar, ese era el momento, mientras que para pintar no importaba el tiempo o la edad… podía retomarlo cuando quisiera”, rememora la multidisciplinaria artista que, como si fuera poco, también escribe y recientemente fue galardonada con su corto Back in the island (Volver a la isla), en la categoría New Generation Award, dentro del Berlin Commercial Festival.
¿Cuándo se enciende la musa?
No deja escapar nada, la vida misma en todas sus complejidades y “ese gesto que la vuelve simple”, es motor inspirador para la increíble Amanda. ¿Su clave? Observar, vivir e interactuar. Incluso, la historia que le cuenta un señor a una desconocida y alcanzó a escuchar… Sumado a los lugares que visita y lo que se lleva de ellos: “El viralata que acaricié esta mañana. Mi estado emocional y todo lo que este provoca”.

No hay dudas de que este proceso va cosechando sus frutos. Sus obras se han dejado ver en Italia, Miami y otras latitudes del mundo. Era inevitable cuestionarle sobre, ¿cuál exposición le ha generado más emoción? Sin sopesarlo, respondió “El Salón del mueble para Nilufar Gallery”. ¿Por qué? “Admiro mucho a su propietaria Nina Yashar y la estética tan depurada que porta. Siento gran pasión por el diseño de interiores y poder hacer esta colaboración con ella fue un sueño. Recuerdo que vino a mi estudio y vio cuatro paneles que estaba pintando en ese momento; me dijo: “¿Sabes qué se me ocurre con esos cuatro paneles? Un paravento, enmarcado en latón y detrás tapizado en velvet”. Solo pensé: Delicioso. Por cierto, esa palabra tiene una historia muy linda. Cuando modelaba hice fittings para Valentino en Milán, y su diseñadora en aquel momento, Maria Grazia (ahora en Dior), mientras observaba la prueba de ropa, si algo le encantaba, decía: “¡delizioso!”. Es una palabra que usan mucho los italianos para expresar belleza, delicadeza, buen gusto. Para mí era como pensar en una comida”.
Experiencia cinematográfica
Amanda, quien considera que los colores interpretan absolutamente el estado emocional, asiente a Back in the island, como uno de los proyectos más especiales de su carrera. Crear este corto no fue planeado, todo empezó porque su galería en París le pidió que hiciera un proyecto que representara su arte. Ella tenía en mente hacer un video, pero nunca pensó que se convertiría en un corto. ¡ Y qué corto! El que le regaló una estatuilla en “Berlin Commercial Festival”.
“A medida que empecé a trabajar la idea, la historia nació, empecé a identificar los lugares que representaban aquello que me había servido de inspiración para pintar la serie de obras con el mismo nombre. Como mi trabajo es abstracto, quería representar en un modo visual realista lo que para mí se traslada a mis pinturas a través de mis vivencias, de mi regreso a la isla, del reencuentro con mi cultura, recuerdos de mi infancia y creencias que me eran tan familiares. Todo fluyó. Lo enseñé a un par de amigos y me dijeron: ¡eso es material de festival! Nunca imaginé que acabaría participando en tantos y ganando en Berlín. Lo que me hace más feliz es que fue seleccionado por el festival Libélula Dorada y se proyectará en el cine en República Dominicana. No hay nada como el aprecio de tu tierra”, cuenta emocionada la dominicana, que adelantó ya escribe su próximo proyecto cinematográfico.

Moda y arte
Y como su producción intelectual no se da descanso, y dado que las grandes firmas de moda se están asociando a artistas plásticos para “apropiarse” de sus conceptos y traducirlos en ropa, definitivamente es una idea que invade su mundo creativo. Es algo que ve a futuro y del que no descarta hacer una colaboración: “Me interesaría una cápsula junto a un diseñador, que ambos conectemos a través de nuestra creatividad y poder experimentar”.
Para Amanda, quien ve el arte como su estado y necesidad de comunicarse con ella misma, aborda la creatividad como un alma libre, loca, a veces quiere ser amada, a veces necesita atención, a veces únicamente hay que dejarla que ella sola venga a ti.
“Dejar que te sorprenda en una noche de verano tocando a tu puerta cuando menos la estabas pensando. Es un estado hermoso que disfruto mucho, un proceso único que he aprendido a amar”, afianza la dotada que navega entre la pintura, el cine, la escultura… y que trabaja en una instalación, porque si algo tiene claro es que limitar su don en una disciplina no es una opción para ella.





