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Ana Alicia de Jesus, la madre y periodista que se inspiró la maternidad para su primer libro

Ana no soñó con ser madre, siempre le gustaron los niños, pero no estaba segura de que la maternidad era para ella. Y es que no sentía “ese reloj biológico sonando ni nada por el estilo”, hasta que tuvo a su primera hija Alicia. En ese instante la historia cambió y el instinto apareció de la nada, no como magia, pero sí como resultado de un amor inexplicable que brotaba de su corazón. 

Ahí fue cuando la periodista, hizo el “switch” para recibir las grandes emociones que su primogénita empezaba a despertar en ella. Ya han de imaginarse… tantas fueron las alegrías, que una segunda criatura gestó: María Elena. 

Consciente de que nació para ser madre de estas dos increíbles niñas, nos cuenta que al enterarse de que estaba embarazada, sintió emoción, pero también un sentimiento de rareza. “Se sentía irreal, era como si finalmente me había hecho consiente de lo increíble que es el hecho de que dentro de mí pueda crecer una vida. Me parecía rarísimo, como si fuera la primera embarazada del mundo”, rememora.

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Pero, ¿qué sus hijas han hecho cambiar en Ana?

“Suena cliché y odio no encontrar una forma más chula o diferente de decirlo, pero me han hecho mucho mejor persona. ¡De verdad! Desde que soy mamá, me la paso pendiente de hacer las cosas bien, de vivir mejor, de darles un buen ejemplo, de tomar decisiones que me protejan y nos sumen… soy más paciente, más tolerante, pero también soy mejor poniendo límites y priorizando. Disfruto más las pequeñas cosas, respeto y valoro más mi cuerpo por lo que me ha dado y lo que puede hacer, no por cómo luce… ellas me han dado un nuevo propósito”, expresa con esos brillos en los ojos que certifican sus hermosas palabras. 

La autora del libro Alicia, grandes emociones, presentado en la más reciente Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2022, asumió el giro de 180° que representó ser madre. Esos comenzaron desde el momento en que se enteró estaba embarazada, porque su vida superactiva de periodista, se vio obligada a hacer un “pare”, por dos amenazas de aborto… pero, por suerte, resultaron en una bebé perfectica y sana. Y tras conocerla, y “movérsele el piso” por la experiencia de traer a alguien al mundo, al día de hoy sigue confirmando que sus dos hijas no han dejado de “moverle el mundo” y llegar para ser su prioridad. 

Esas vivencias tuvo al ser madre, son las que han quedado plasmadas en su publicación infantil Alicia, grandes emociones. Esta surgió de su experiencia con la crianza de sus hijas, de las que con su estridente risa, dice que podría escribir una enciclopedia. 

Alicia Grandes Emociones Color Front Cover CMYK

“La verdad es que conviviendo con ellas se me ocurren muchísimas ideas de historias o cuentos, y en un par de esas ocasiones me senté a escribirlas. Una de ellas resultó en Alicia, grandes emociones, mi primer libro, inspirado en mi hija mayor. Cada vez que la veía en una pelea cuerpo a cuerpo con sus grandísimas emociones, me llegaba a la cabeza ese nombre, ese título. Hasta que me senté y lo escribí. Mi idea era bajarle la carga y la seriedad a esa etapa por la que ella estaba pasando, aprendiendo a gestionar su ira, su frustración, su tristeza… y hacerlo divertido con un cuento que pudiéramos leer juntas y nos hiciera reír”, detalla de la publicación que está disponible en @tuslibrosencasa. 

“No quiero nada de mis hijas. Al menos no para mí. Quiero que vivan plenamente y con autenticidad, que sean buenas personas y aporten desde donde puedan a la construcción de un mundo mejor”.

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La también estratega de contenidos, explica que este libro no lo escribió con criterio literario o intenciones pedagógicas o didácticas. Ni siquiera pensando en un gran público, su intención primordial era que les gustara a sus hijas: “Es un cuento escrito para nosotras, aunque ya luego lo publicamos”. 

La crianza del siglo XXI 

Si algo ha sido de suma importancia para Ana, es ser una madre presente, una amiga de sus queridas hijas. Y aunque haya tenido que hacer sacrificios significativos, como salir en su hora de almuerzo y ser ella quien las recoja al colegio, aún teniendo que manejar de un extremo de la ciudad a otro, lo ha hecho con esas energías positivas que la acompañan y coronan su personalidad.

Ana celebra cómo ahora las madres se dan permiso de ser mujeres, personas, además de ser madres, y eso –considera– muchas veces les permite disfrutar más la experiencia de la maternidad. 

En cuanto al tema paterno y el involucramiento, reconoce se ha avanzado muchísimo. “Los padres de estas generaciones son más involucrados en las tareas de cuidado y en la crianza de los hijos, afortunadamente para todos, y es importantísimo. Pero todavía hay un buen trecho por recorrer. Falta entender que no basta con tener padres más involucrados o “ayudando”, sino corresponsabilidad total. Una distribución verdaderamente equitativa de las tareas vinculadas a la crianza y del trabajo del hogar. Todavía no vamos por ahí”, concientiza. 

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Redes y ¿ #badmom?

Lo que más le ha costado a Ana es balancear ser mamá con todos los demás roles, aunque resalta no es la mamá a la que le pesa la maternidad y todas las obligaciones o responsabilidades que eso conlleva. “No soy la #badmom. Soy la mamá fastidiosa que adora ser madre, que disfruta estar con sus hijas, ir a cumpleaños… Sin embargo, amo muchas otras cosas de mi vida. Y la sociedad en la que vivimos, nuestro sistema no está diseñado para madres que quieren estar presentes de verdad en la crianza de sus hijos y una vida de pareja sana, sin tener que renunciar a una carrera profesional exitosa, planes y proyectos personales, a cuidar su salud y llevar una vida activa. Siempre se me está cayendo una pelota en los malabares. Parece que siempre tienes que renunciar a algo, y yo no quiero renunciar. Yo quiero disfrutar plenamente mi maternidad, mi carrera, a mi familia, mis amigos, mis proyectos… y no siempre lo logro. Eso es lo que más me cuesta”, sincera la escritora. 

Y sobre esa perfección “irreal” de las redes, aconseja a las primerizas crear su propio estándar y no medirse con la regla de otros/otras. Asimismo, refirió que hay que “bajarle” algo al perfeccionismo y sencillamente tratar de dar lo mejor que podamos, en todo, cada día, y confiar en lo que resulte de eso. 

Antes de terminar nuestra charla, fue imposible no cuestionarla sobre cómo se logra una crianza positiva en estos tiempos. Su respuesta fue como agua fresca en verano, de esas que te aterrizan los estándares que nos autoimponemos. “Apagando el piloto automático y tratando todos los días. Poniéndose en el lugar de los niños y dejando de actuar como si fueran seres inferiores o subalternos, sin voz ni voto. Tratándolos con respeto, dignidad, empatía… con amor. Tal y como nos gusta que nos traten a nosotros”. 

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