Una creativa y artista del maquillaje se enamoró de un ingeniero mecatrónico… y entre sus diversos y distintos intereses encontraron uno que sobrepasó todo: el deseo de estar juntos. Van sumando tres años y nueve meses desde que la “flecha de Cupido” marcó sus destinos, el que inició un día cuando Anamía Abreu estaba en un bar en la Ciudad Colonial y sus amigos, en son de relajo, le decían sobre aquel muchacho que no paraba de verla fijamente y, sí, ese muchacho resultó ser Gustavo Ripoll, quien sin tapujos en la lengua confiesa que lo cautivó desde el primer día “ese mujerón de hermosos ojos y cabellera”.
“Yo ni lo había visto todavía pero, realmente, ese día él no se atrevió a hablarme porque pensó que yo no le haría caso; después nos encontramos en otro lugar y tampoco nadie nos presentó; un par de semanas más adelante, coincidencialmente, él llegó a un restaurante que yo estaba con mis amigos y me dije: «No, pero ya esto es demasiada coincidencia», y como yo no creo en las coincidencias, fui donde él y me presenté; hablamos un rato y al otro día él me escribió por DM y por ahí se fue la cosa”, narra Anamía quien es graduada de Fashion Makeup Artistry y actualmente es dueña de un estudio de maquillaje.

Pero después de ese mensaje directo, ¿cuándo supieron que había algo especial?
Recientes
En el caso de Gustavo, lo supo cuando vio la diversidad de temas que podían conversar sin cohibirse; fue ahí cuando entendió que Anamía era un “partido” para no dejar pasar nunca. Ella, se sorprendía diariamente con la especial forma de ser de Gustavo, la hacía sentir “como en casa todo el tiempo”.
“Antes de ella no sabía disfrutar la vida, me enfocaba solo en mi trabajo. Ella me ha enseñado a vivir más”. Gustavo.
Y sí que esa personalidad la derritió, a pesar de que, según cuenta, estaba en un momento donde había perdido un poco la fe en el amor, quedó “atrapada” con lo generoso de él: “En la primera cita me habló muchísimo de su familia, de su trabajo, de sus sueños y fue demasiado maravilloso conversar con alguien que tuviese una pasión y que amara lo que hace”, dice de Gustavo, quien es propietario de Cardelia Dominicana, una empresa de soluciones automatizadas.

El amor se demuestra
Nada ha sido color de rosas en su totalidad, y como pareja han vivido sus altas y bajas en este recorrido de dos. Él valora que ella se haya mantenido a su lado en los procesos de salud que le tocaron vivir luego de su accidente de tránsito; acto que no ha resultado ser sacrificado para Anamía, todo lo contrario, agradece la forma que él ha tenido de motivarla a crecer y ser mejor.
Y de esto brota esa admiración que sienten el uno por el otro y que está demostrado es de los ingredientes imprescindibles para cosechar el amor y la vida de pareja. Sin dudarlo, él reconoce deslumbrarse por la capacidad de Anamía de “echar para adelante y volverse a levantar cuando ha sido necesario”.
Sí, son mutuos estos sentimientos. Porque Gustavo goza de la admiración de su novia, quien se desvive por su inteligencia, y su genialidad para “crear tantas maravillas desde su mente”. A ello, se le suma la gran fuerza y resiliencia, así como la generosidad y el buen corazón que, asegura tiene.
Él le brinda estructura a su mente artística, y ella lo ha enseñado a vivir más. Para confirmar que los buenos corazones unidos crecen en abundancia, y de que “los polos opuestos” cuando hay “amor real” se complementan como cual fuese “el ying y el yang”.
“Gustavo siempre busca la forma de que podamos crecer juntos. Para mí eso es amor”. Anamía.

Detallitos
¿El sueño que comparten?
A. Construir nuestro propio hogar.
¿Qué disfrutan hacer juntos?
G. Hablar, bailar y viajar.
¿Cuál ha sido la clave para mantenerse unidos?
A. Mucha tolerancia, respeto, amor y buscar ayuda cuando no hemos podido solos.
¿Esa cita nunca olvidarán?
G: La última cita que tuvimos antes de mi accidente. Fuimos a la Ciudad Colonial y ella me dijo: “Ven a tomarte una foto porque ahorita va y te pasa algo y nadie sabe que estamos juntos” porque acabábamos de volver (luego de nuestra separación en 2019). Justo una semana después me chocó una jeepeta mientras andaba en mi vespa… Nunca olvidaré esa noche porque la pasamos muy bien y porque es uno de mis últimos recuerdos caminando antes del accidente.

