La mezcla “perfecta” entre ellos se ve a kilómetros de distancia. Sus estilos se han definido y fusionado a través del tiempo, y quienes los conocen desde hace más de una década, saben que lo suyo ha sido de “un día a la vez”. Son el ejemplo puntual de que el trabajo en equipo rinde frutos y más cuando se corona con amor y admiración propia.
Una década y media llevan juntos, la unión que se dio después de aquel día se vieron por primera vez. Fue cuando Jessica Klemps le buscó conversación a Milkis Nicolás saliendo de la iglesia donde asistían y recuerda que al despedirse, ella se planteó: “Si él se voltea a mirarme es que le gusté”, y así fue, pero pasaron tres meses para que se volvieran a encontrar.
Diez años de casados son razón suficiente para certificar que la espera valió la pena; la segunda vez que se dio el encuentro, una conversación casual que duró, nada más y nada menos que una hora, porque ese clic hicieron –inmediatamente– se sintió y fue más que evidente.
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¿El momento especial?
Para Jessica ocurrió desde el día uno, porque “él siempre me llamó la atención físicamente (risas) y cuando empezamos hablar fue cuestión de minutos para saber que sería el hombre de mi vida”, asegura sin dudarlo un solo segundo la fundadora de la tienda JK.
En esto coinciden ambos. Milkis, cantante urbano y creativo audiovisual, lo describe como “química al instante, todo surgió de manera muy natural, simplemente fluimos y nos dejamos llevar”.

Aquel flechazo
Ella quedó flechada por su sonrisa y sentido del humor, hasta el sol de hoy no hay un día que no le “saque una sonrisa”; y a él sus ojos y su escultural cuerpo. Su éxito como pareja ha sido apoyarse incondicionalmente, creer en sus sueños y hacer que estos se hagan realidad trabajando siempre juntos.
Al preguntarle a Jessica ¿por qué accedió a casarse con él?, su respuesta fue muy auténtica: “Porque solo nos faltaba eso (risas)”, y es que desde novios empezaron a trabajar en su empresa y pasaban las 24 horas del día juntitos; así que un día se miraron y se dijeron “deberíamos de casarnos, y aquí estamos 10 años después” .
En esa década todo ha cambiado, tras la decisión de estar juntos han tenido un giro de 180 grados y confiesan no imaginar una vida uno sin el otro. Y aunque para muchos trabajar juntos es un tema, increíblemente para ellos todo se fue dando al mismo tiempo, tanto el amor como lo empresarial, siempre mirando al mismo norte. “Cuando empezamos a trabajar nuestro proyecto fue algo tan natural que nos fuimos acoplando y cada quien tiene su rol en la empresa para que esta siga funcionando”, dice la también diseñadora de trajes de baño Jessica.
Sus trabajos en la industria de la moda y el entretenimiento han calado en las plataformas sociales y, en la actualidad, se han convertido en una pareja de influencers. ¿Cómo ha sido manejarlo en su parte privada? “Realmente estamos muy claros hasta dónde mostrar nuestras vidas, pero lo que nuestros seguidores ven en las redes no es más de lo que somos en nuestro día a día”, relata Milkis.
«Él siempre me llamó la atención físicamente (risas) y cuando empezamos hablar fue cuestión de minutos para saber que sería el hombre de mi vida». Jessica.
Jessica y Milkis anhelan ver crecer su empresa y son de esos que se “fusionan” con auténtica naturalidad su amor y vidas, teniendo como mantra la comunicación y como elección “nunca dejar que terceros opinen”, priorizando siempre sus sentimientos, unos que sueñan con construir su propia familia.

Confesiones
¿Esa cita nunca olvidarán?
M. Una vez fuimos a la Feria del Libro con el dinero solo del pasaje y para una botella de agua, recuerdo que nos miramos y nos dijimos “algún día nos estaremos riendo de este día” y esa fue nuestra mejor cita.
¿El sueño que comparten?
J. Seguir construyendo nuestra empresa y pronto nuestra propia familia.
¿Qué disfrutan hacer juntos?
M. Ver Netflix, tomar una copa de vino, salir a comer, disfrutamos una buena comida y conversar por largas horas.
En tiempo de redes, ¿cuál es el mayor reto de las parejas?
J. La comparación, cada relación tiene sus altas y bajas.
Recordar que las personas solo muestran partes “felices”, nunca cuando están enojados.

