Bailemos con las olas que salpican en nuestras rodillas cuando tímidamente hacemos «amagos» para adentrarnos en las frías aguas saladas del mar.
Bailemos mientras caminamos agarrados de manos y observamos apabullados el centenar de la Catedral…
Bailemos cuando las angustias amenazan con llegar y las vicisitudes tantean nuestros días.
Bailemos los momentos pasados, los presentes y dibujemos aquellas historias de las que anhelamos ser protagonistas.
Bailemos entre las amapolas de la primavera creciente, latente y vivísima. Esa que destella el aroma especial de los encuentros profundos.
Bailemos el vals infinito que se da por la química de dos cuerpos que se entregan en coreografías íntimas… potentes y amorosas.
Bailemos el amar a fuego lento…con llamas… Bailemos entre los chispazos que, aún a distancia, evocas en mi vientre.
Ven y baila en mí…

