El comportamiento social, las actitudes de las personas y su visión del mundo experimentarán profundos cambios de distinto signo, según la socióloga Alicia Aradilla, que describe algunos de los probables rasgos de la Sociedad que emergerá como secuela la crisis global actual.
Aradilla adelanta en su web: aliciaaradilla.es, cómo se manifestará lo que vivimos en distintos aspectos de la vida y actitudes sociales:
Se valorizarán las relaciones personales
“En nuestro entorno inmediato, es posible que haya una revalorización de los pequeños placeres cotidianos, como por ejemplo tomar una café en una terraza con un grupo de amigos”.
Habrá un reordenamiento de valores
Aradilla señala que “no cambiarán los valores en sí, sino los criterios de prioridad” y vaticina que “podremos identificar este cambio porque aparecerán nuevos patrones de comportamiento grupal y seremos testigos de un claro proceso de reformulación colectiva”.
Recientes
Cambiarán los patrones de consumo
“Probablemente se marcarán dos grandes extremos. Por un lado, un consumismo, aún más acumulador y salvaje, y por otro, una orientación real al consumo consciente (local, responsable, ético, más humano)”, señala esta socióloga.
Aumentará la desconfianza al desconocido
“A nivel de las relaciones intergrupales, podría subir el nivel de desconfianza entre grupos de personas desconocidas. Las teorías sociológicas de la gestión del riesgo estaban orientadas al riesgo de tipo simbólico, pero dado que a esta situación de pandemia la percibimos como un riesgo físico, es probable que en el futuro mostremos nuestro lado atávico o arcaico”, aunque reconoce que “en este sentido, el grado de predicción es bajo”.
¿Cómo afrontar lo que nos espera?
- Mantener y elevar nuestra cuota de responsabilidad individual en vez de depositar tantas esperanzas en la responsabilidad estructural (administraciones, gobierno, organizaciones empresariales…)
- Cambiar la pregunta ¿En qué puedo beneficiarme yo? por ¿En qué puedo contribuir?
- No tomar una postura de victimismo, porque además de que no será escuchada, ya que “hay mucho que hacer”, hará que la persona pierda la oportunidad de desarrollarse a partir de esta experiencia tan insólita.
- Conectar con nuestra resiliencia, es decir nuestra capacidad de vivir una experiencia traumática, superarla y salir reforzados de esa experiencia, con más aprendizajes y recursos.
- Ser conscientes de que, como individuos, somos muy poderosos y podemos poner ese poder al servicio del Bien Común.

