Si el título te hizo pensar en películas o series como «Friends», «Amigos con niños», o «El cambio», significa que conoces el tema a nivel de ficción, ¡pero ojo!, la realidad podría ser muy diferente cuando se trata de compartir la paternidad con tu mejor amigo.
La paternidad compartida entre amigos (sin que esto implique el vínculo tradicional de pareja) es un tema escabroso para muchos, sin embargo, para otros es una puerta abierta a la oportunidad de tener un hijo totalmente fuera de los parámetros de una familia tradicional, y sin tener, además, que pasar por los procesos de adopción que algunos definen como interminables, tediosos y agotadores.
Pero formar una «familia alternativa», como se le llama comúnmente a esta modalidad, no se trata solo de querer un hijo y buscar a un amigo para compartir responsabilidades; porque no estamos hablando de una serie de televisión o una película, pues el asunto es mucho más profundo, tomando en cuenta el tipo de relación que habrá durante todo el proceso, partiendo del escenario de que la concepción fue por donación de espermas y no como resultado de tener relaciones sexuales con dicho amigo.
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Es un asunto personal, sí, pero tendrá repercusiones en otras personas, incluido al padre y, desde luego, al niño, por lo que se recomienda pensar no solo en las ventajas de ser madre, sino también en las desventajas que esto traerá consigo y las consecuencias para terceros.
Maternidad y paternidad asistida
En verdad parece más un tema sacado de un guion, pero la realidad es que «la parentalidad y marentalidad asistida con amigos es más común en nuestro país de lo que la gente cree», de acuerdo con la experiencia de Heidy Camilo Hilario, psicóloga clínica con una maestría en sexualidad humana y terapia de pareja.
Camilo comparte que, en los casos que conoce, las parejas prefieren más el vínculo sexual, donde no hay un tema emocional, empero, puede darse el caso de que en el pasado hubo una atracción sexual. Esto en parte, explica la especialista, por el alto costo que tiene si hablamos de banco de esperma junto al proceso de la inseminación artificial en una clínica.
La psicóloga detalla que muchas mujeres (y también hombres) que están en edad reproductiva ya pasados de los 40, ven que los años pasan y su reloj biológico sigue caminando. En el caso de las mujeres, algunas no pueden seguir retrasando el tema de la maternidad por tener ciertas condiciones de salud, y al no tener o querer una pareja con la cual convivir, deciden hablar con un amigo y plantearle la posibilidad al entender que es un buen prospecto.

El niño o la niña
En el caso del bebé, este nace, crece y vive como viven hijos de padres divorciados, tal y como explica la especialista en terapia de pareja: «Solo que, en este caso, el niño o la niña no va a contar con la historia de una foto de bodas, sin embargo, tienen las mismas situaciones, rutinas, acuerdos y las mismas dificultades que una pareja que, en su momento, eran esposo, pero que ya son divorciados, así que el niño crece con unos padres que se comportan como tal».
Lo más importante aquí es no causar traumas innecesarios, por lo que decir la verdad es imperante. Por ejemplo, la psicóloga recomienda explicarle al niño (cuando este pregunte por qué sus padres no viven juntos) que simplemente ellos decidieron mejor ser padres que ser pareja, y esto evitará situaciones traumáticas causadas por mentiras innecesarias.
También, en todo este proceso es recomendable hacer acuerdos de regulación de visitas y manutención; y estar conscientes de que, al pasar de los años, uno de los dos puede tener otra pareja y querrá que su niño también la conozca. Lo ideal en este caso es ponerse de acuerdo desde el principio: «La persona tiene que estar muy clara en lo que está arriesgando. Sobre todo la mujer, que vivirá un proceso de embarazo sola, amén de que el padre del niño la acompañe a las citas médicas y el día de parto. O por otro lado, el hombre que quería ser padre, no podrá estar en todos los momentos del bebé, esto sin mencionar la posibilidad de que más adelante la madre del niño se case y esté presente una segunda figura paterna».
«Hay que estar preparado, no solo es un asunto económico. Para hacer este tipo de acuerdo, hay que tener una profunda conciencia de a qué se van a enfrentar. Antes de tomar una decisión tan importante, recomiendo buscar ayuda de un especialista en la materia», asegura Heidy Camilo.
El Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI), vía el Departamento de Adopciones, es la única institución competente para dar un niño en adopción.
¿Y si mejor adopto?
Antes de comenzar a escribir sobre el tema de paternidad compartida, armé algunas discusiones en varios grupos de WhatsApp donde salió a relucir el tema de la adopción, siendo esta una opción para tener hijos sin tener que involucrar a una segunda persona en el proceso.
Aunque este artículo no trata el proceso de adopción, es bueno aclarar que en muchos países las personas solteras no son tomadas en cuenta para que se les dé un niño en adopción, por lo que optan por «soluciones alternativas» para ser madre o padre, como la que plateamos en párrafos anteriores.
Sin embargo, el proceso de adopción en República Dominicana, que se rige mediante el Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 136-03), plantea en el Capítulo III, artículo 118 (sobre quiénes pueden adoptar) que las personas solteras, que de hecho, tengan o hayan tenido la responsabilidad de la crianza, cuidado y educación de un niño o niña o adolescente, pueden ser tomados en cuenta para estos procesos.
La misma Ley, en el artículo 19, sobre persona soltera, explica que cuando la solicitud en adopción provenga de una persona soltera, los organismos pertinentes deberán ponderar con particular detenimiento los motivos del adoptante, a fin de evitar la distorsión del espíritu de la institución adoptiva y de propiciar, en la medida de lo posible, un óptimo desarrollo físico, psíquico, social y sexual para el futuro adoptado.
Una «familia alternativa», como se le llama comúnmente a esta modalidad, no se trata solo de querer un hijo y buscar a un amigo para compartir responsabilidades.
¿Un libro?
Aprender a educar, de Naomi Aldort, nos habla de cómo nuestras acciones tienen una consecuencia directa en la forma que tienen los niños de percibirse a sí mismos, y de cómo podemos aumentar o destruir su autoestima a través de nuestra forma de comunicarnos con ellos o de reaccionar.


