Ellas tienen que enfrentarse cara a cara con la muerte. Tras muchas horas de trabajo y dobles turnos, deben regresar a sus respectivas casas para terminar una agotadora jornada que parecería no tener fin. Empero, su abnegación, amor, empatía y entrega hacen que retomen fuerzas y cada día es una oportunidad, para ellas, de demostrar de qué están hechas. Esta es la historia de Berta, Miscauly Y keysi: tres mujeres, tres madres y tres enfermeras luchadoras.
He llorado, he llorado con mi familia”. Al expresar sus sentimientos más profundos, Berta nos cuenta cómo, hasta en las situaciones más adversas, un ser humano puede salir fortalecido, aprender y seguir cumpliendo con sus dos roles principales, tan parecidos uno al otro.
Tras la pandemia por el SARS-CoV-2, sus hijos la llaman “super mujer” y es que Berta Isabel Elisa de la Cruz Crook es enfermera, desde hace 27 años, en el hospital Robert Reid Cabral, donde actualmente es supervisora de planta; y gerente de enfermería en el hospital Marcelino Vélez Santana, en el que ha servido por unos 17 años, ambos seleccionados para atender pacientes afectados por la pandemia. Ella sabe que se arriesga y que, al mismo tiempo, los suyos la esperan, incluyendo a sus dos sus nietos pequeños.
Pero el deber la llama de ambos lados y debe cumplir.
Berta es licenciada en Enfermería, con una maestría en Gerencia Hospitalaria con especialidad en Cuidados Intensivos de Enfermería, Pediatría en Enfermería, entre otras especialidades.
Su vida y rutina antes de la aparición de la enfermedad por Coronavirus (COVID-19) ya era intensa. “Inmediatamente termine todo esto, me reintegraré a todos mis servicios”, dice, refiriéndose a las clases que imparte en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), docencia que se ha visto en la necesidad de desarrollar a través de diferentes plataformas, como Zoom y Classroom, pero, obviamente el cara a cara con sus estudiantes es lo que añora, más aún porque sabe que, posiblemente, transcurra un largo tiempo para que todo vuelva a la normalidad.
“En los hospitales me mantengo en actividad. Como puede saber, debido a la pandemia, el Marcelino Vélez Santana fue seleccionado para ofrecer atención a todos los pacientes de COVID-19, adultos, y el Robert Reid Cabral, para los niños. Estoy en medio de los dos y todo el equipo está librando la batalla”.
Salir temprano y llegar tarde, esa es su rutina. Sin embargo, en medio de la tempestad, busca la calma y refugio en su hogar, porque sabe que no hay un lugar mejor.
Al hablar de éste, cambia hasta de tono de voz y llega a sonreír cuando dice, ya por su experiencia, que “los hijos han sido los más beneficiados, porque, pese a todo esto, podemos compartir un poco más”. Se refiere más a sus nietos que, antes del decreto de aislamiento, se mudaron temporalmente a su casa junto a sus padres. “Antes, veía más a mis nietos por videollamadas, pero ahora los tengo en casa. Están felices ahora que estamos cerca, quieren vivir jugando todo el tiempo”.
Dos semanas de crisis
Pero no todo ha sido color rosa. El peor de sus temores se hizo realidad, una realidad que se convirtió en pesadilla cuando, de alguna manera, ella se hizo resistente a la enfermedad, pero no pudo evitar que uno de la familia saliera perjudicado.
“Mi esposo estuvo muy grave con COVID-19. Posiblemente pude haberlo contaminado”, cuenta Berta sobre esta terrible experiencia de tener que lidiar con esta situación también en casa. Y es que, por su trabajo, sus viajes al hospital son inevitables.
“Llego a casa y trato de escabullirme de los saludos y abrazos. Antes, llamo para que tomen medidas con los niños, y solo puedan saludarme luego de concluir con los protocolos de higiene, que hago tanto al salir del hospital como al llegar a casa”. Toma un respiro profundo en la conversación y continúa: “Gracias a Dios, libramos esa batalla. Las enfermeras me preguntan que si no tengo miedo; pero es que tenemos que enfrentar esta situación de alguna manera. Lamentablemente, pasé dos semanas terribles al enfrentar con la enfermedad cara a cara. Uno afronta la situación y todo pasa muy rápido”.

“Siempre he dicho que nací siendo enfermera y, si vuelvo a nacer, sería enfermera”.
Recientes
Pero todo es un aprendizaje para Berta dando, una vez más, el mejor ejemplo a sus tres hijos, dos de los cuales viven con ella en la actualidad: “A partir de ahí, yo pude aprender mejor cómo tratar el caso. Cuando llega un paciente, no podemos descuidarnos, tenemos que actuar rápido. En espera de resultados es que muchos pacientes se van de la mano y usted sabe que esos resultados no dependen de nosotros. De todas las situaciones hay que aprender algo”.
Ser enfermera es una profesión en la que siempre se está en riesgo, pero esta pandemia lo acrecienta más. Según Berta, es porque, cuando se tiene el desconocimiento de la enfermedad, hasta dónde esta puede llegar y cómo va evolucionando, entonces viene el pánico. “Yo le digo a mis enfermeras que no debemos de tener temor, sabemos trabajar con pacientes en condiciones de riesgo. La gente no quiere morir y las enfermeras no queremos exponernos. Es verdad que hay mucho temor a nivel del equipo completo porque no se tiene el tratamiento exacto, pero seguimos los protocolos establecidos por organizaciones internacionales y estamos en capacitación siempre, para poder trabajar mejor”.
Pese a todas las vicisitudes no pierde la esperanza, pues sabe que llega el momento donde el ser humano se siente impotente por la situación y es ahí donde “uno se acerca a Dios, para que Él sea que guíe todo el proceso. Uno se debilita”, dice Berta con voz fuerte y esperanzada, “pero se llena de fortaleza. Uno llora, llora con la familia, y le dice que se mantengan aislados, y les pide seguir la regla de no acercamiento. Es cuando viene un sinnúmero de preguntas, especialmente de los más pequeños. Ellos son muy espontáneos y quieren siempre darte un abrazo de bienvenida”.
Como es normal en una madre, le asusta de algún modo el futuro de sus hijos por este asunto de la pandemia, pero, como ella misma dice: “Vamos a tener que asumirlo. Uno siente ese temor de qué va a pasar con nuestros hijos. Las cosas se están reiniciando, pero hay que reorganizar todo para evitar una tragedia mayor. Hay que buscar los medios para que nuestra juventud, que es el futuro, esté garantizada. Uno cree en un Dios Todopoderoso y sabe que esto no es para siempre. De cada situación que ocurre, trato siempre de sacarle el lado positivo a las cosas, para implementar, para que no vuelva a ocurrir de la misma manera. Esto es una oportunidad para uno hacer cambios internos, cambios de pensamientos, de que no somos nada, de que solo tenemos una oportunidad para hacer el bien y hay que aprovecharla para ayudar a otros, para fortalecer la familia y la profesión”.
Miscauly Rojas
“Ser enfermera es una vocación, es el arte de cuidar, es entrega, es amor, es olvidarse de uno mismo para ayudar a los demás”.
Ella es mi mamá, nuestra madre no quisiera trabajar, pero tiene que hacerlo para salvar a las otras personas. Si su mamá o su papá son enfermeros, tengan fe de que Dios los va a cuidar. Ustedes quédense en casa, cuídense y oren por todos los enfermeros del país y por los contagiados. Adiós, gracias por leer esto”. Así se expresó la hija más pequeña (de 9 años) de Miscauly.
El ejemplo que su madre le ha quedado impregnado en el corazón. Y es que Miscauly tiene muy claro que debe buscar un equilibrio entre ser madre y enfermera. “Ser enfermera es una vocación… Es olvidarse de uno mismo para ayudar a los demás. Todo esto implica renunciar a los días festivos para cumplir compromisos. Madre… es muy amplia esta palabra, la cual se relaciona con mi carrera, ya que una madre se entrega al cuidado sus hijos, sin importar el tiempo, lo chicos o grandes que estén, sin importar las dificultades. Es capaz de renunciar a todo para proteger a sus hijos. El amor de una madre es parecido al de Dios”.
Miscauly Rojas es licenciada en Enfermería, con especialidad en Docencia y Gestión Universitaria. También es docente, tutora de la especialidad de Enfermería Obstétrica. Trabaja en el Hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina, como encargada de la Sala de Partos, y en el Hospital Marcelino Vélez Santana, como enfermera de atención directa.
Dos de sus tres hijos, y su esposo, viven con ella el día a día de esta pandemia que cambió al mundo en un abrir y cerrar de ojos. El mayor, de 21 años, reside fuera del país pero también está, de una u otra forma, conectado.
“Mi agenda es super apretada”, nos dice, y cuenta un poco más: “Oriento a mis hijos de lo que hago y el compromiso que tengo, planifico los días libres para salir a comer un helado, hacer los oficios domésticos, vamos a la Iglesia y nos acostamos tarde, siempre organizándonos para el próximo día”. Esto, claro, en circunstancias normales, pues ahora las cosas han cambiado un poco para esta dedicada enfermera, quien confiesa extrañar el poder abrazar a sus compañeras de trabajo como antes. Es un reto tener que enfrentar las nuevas circunstancias de trabajo, que incluyen el temor que emite esta situación: el tener que ponerse un traje especial para poder trabajar, y el hecho de que el paciente no esté con su familia y dependa de la enfermera totalmente.
Son días difíciles, Miscauly lo sabe, por eso añora llegar a casa, donde escucharía la dulce melodía: “Bendición mami, ¿cómo te fue?”. Para evitar el contagio, sus hijos pasan la mayor parte del tiempo en casa de una tía, que vive en la segunda planta. “Al llegar a casa me higienizo, dejo el carro al sol por unas horas, tomo 10 minutos de sol, hago vapores de agua caliente, nos saludamos de lejos y hablamos por videollamadas y, al otro día, me dan un beso y regresan donde la tía”.
Sus hijos se asustan un poco cuando saben que mami tiene que salir a trabajar, pues no quieren que se contamine y, a la vez, contaminarse, pero sobrepasan el susto porque “confían en Dios para su protección”. Ahora es diferente, por obligación, pero no se arrepiente de ser enfermera pues “esta carrera me mantiene cerca de Dios”.
Keysi Merari Monegro Sena
“Me encanta la Enfermería. Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. Estoy enamorada de mi carrera”.

Como enfermera en el área de Emergencias, tiene horarios de trabajo muy extensos. Sin embargo, trata de ser equilibrada con el tiempo para poder cumplir con su agenda al pie de la letra. “El área de enfermería es muy difícil. No se puede faltar al trabajo porque hay que cumplir sí o sí; pero también tengo compromisos con mi familia”. Ella se refiere, principalmente, a sus hijos de 12, 9 y 7 años.
Keysi Merari Monegro Sena, auxiliar de enfermería en el hospital Doctor Salvador B. Gautier, nos cuenta en exclusiva cómo, al llegar a casa, su hija menor la identifica como su heroína.
Aún así, tiene sentimientos encontrados porque, a veces, le pide a su madre que no vaya a trabajar, ya que no quiere que se contagie del virus. Solo tiene 7 años, pero está al tanto de toda la situación, porque el SARS-CoV-2 no es solo cosas de adultos.
“En esta profesión, siempre hay riesgos”, reconoce, pero, como enfermera capacitada, sabe que solo hay que tener precaución. “Esto es diferente por la forma de contagio, el traje que usamos con los pacientes positivos… pero siempre hay que tener cuidado. No me asusto porque sé que todo esto pasará y está en manos de Dios, si Él lo permitió, Él dará la salida”.
Keysi es sensible también al hablar sobre lo que extraña, esas actividades habituales que complementaban su día: ir de paseo con sus hijos, compartir con los amigos, ir a la Iglesia, asistir a la universidad… “Extraño todo eso, son de las cosas que haré cuando todo esto termine”.
Un año especial
El 2020 fue declarado, por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como el Año Internacional de la Enfermera y la Matrona. Un merecido homenaje a los profesionales que tanto contribuyen a la salud en todo del mundo desde distintos frentes: asistencial, investigación y educación para la salud o la docencia.
Un mes especial
El mes de mayo es conocido, en todo el mundo, como el Mes de las Madres. Algunos países lo celebran el primer domingo del mes, otros el último. También están aquellos que tienen una fecha específica, como el 10 y el 15 de mayo. Sea cual sea la fecha, lo cierto es que es una fecha especial donde millones de personas aprovechan para decirle a mamá cuanto la quieren.
Un día especial
Florence Nightingale es conocida como la madre de la enfermería moderna. En su honor, el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), desde el año 1965, declaró el 12 de mayo como Día Internacional de la Enfermera, día del natalicio de Nightingale.
La enfermedad por el nuevo Coronavirus nos ha dejado a todos un amargo sabor en boca que, una vez superada la pandemia, será difícil de olvidar, pero las historias de mujeres, madres y enfermeras como Miscauly, Keysi y Berta nos recuerdan que hay esperanza, que no es el final, sino un nuevo comienzo en el que, desde luego, tendremos a ese maravillo ser a nuestro lado, para cuidarnos siempre. Porque madre solo hay una y enfermera también.





