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Karlina Veras: “Yo me levantaba a las tres de la mañana a escribir” 

La lectura es algo que nos lleva a mundos distintos, a viajar entre historias envolventes, intensas que se quedan para siempre en nuestro ser. Así, con caminar pausado, su pelo rojo y mucha chispa, Karlina Veras entabló una conversación con Oh Magazine sobre su libro “La Mansa”.

 Una novela donde vuelca varios aspectos de su vida, ligada a la metaficción, donde se entretejen realidades que nos invitan a devorar capítulo tras capítulo, deseando que no tenga final.

La Mansa es una novela de metaficción que relata la vida de una mujer que vive su vida entre República Dominicana e Inglaterra. Es una fémina fuerte, con carácter que viaja, una mujer que se cuestiona sobre sus decisiones y además tiene una mirada profunda hacia el pasado mientras vive su presente.

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Esta pieza literaria también trata la dinámica familiar, cómo el personaje en sí se relaciona con sus padres, hermanos, la relación con su esposo y demás personajes que la construyen y a la vez forman parte de quién es al final del día.

 “En la Mansa se muestran muchas, muchas vivencias, cosas que pasan en la realidad de nosotros los dominicanos. Yo creo que todo el mundo tiene cosas que se pueden identificar en temas familiares y también de una manera jocosa, con humor, un humor un poco crudo”. 

La novela de Karlina Veras no tiene una estructura convencional; es una mezcla porque dentro de su narrativa viaja al pasado y regresa al presente. El personaje va repasando sus vivencias y el personaje mismo escribe sus propias ideas.

“La novela no tiene una estructura clásica, porque mi personaje cuenta sus vivencias, y también hay una mezcla de narrativas porque hay poesía, y varios elementos literarios que enriquecen más esta obra”.

El libro tiene un lenguaje “super provocador y desafiante”, lo que moldea el carácter de “La Mansa”. También está lleno de fantasía con algo de realismo mágico, pero con el toque de sencillez que solo caracteriza a las obras de Veras. 

La inspiración para escribir este libro, luego de haber publicado tres anteriormente, llegó mientras ella vivía en Inglaterra y cursaba un taller de escritura; su pasión por las letras la llevó a redactar varias páginas sueltas. 

Karlina Veras
Karlina Veras : Fotografía : Silverio Vidal

“Yo empecé a escribir de cómo dentro de mi familia me dicen mansa, empecé por ahí y luego me empecé a encariñar con el personaje, seguí escribiendo más ideas, me llegaron más cosas a la mente y dije: «Aquí como que hay algo…» Entonces seguí y de repente ya tenía casi un manuscrito completo de hojas sueltas. Partiendo de esa idea, empecé también a mirar cosas que ya tenía, qué cosas podía rescatar de escritos que ya tenía que podrían encajar”.

Karlina es un alma que vive por las letras, pues desde siempre se percibió como una escritora, ya que desde pequeña desarrolló este arte y siempre vivía escribiendo. “Yo desde mi infancia, desde pequeña, sabía que cuando hacía algo mal, algo que implicaba un castigo, yo tomaba lápiz y papel y era una manera mejor de expresarse, además de que siempre fui una lectora muy ávida”.

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El cine y la música también se han vuelto parte de Karlina

Verás, no es solo una escritora, se licenció en música en Inglaterra, ha incursionado en el mundo del séptimo arte, es cineasta, actriz y productora que ha vivido varias experiencias detrás de la gran pantalla donde nace la magia. 

En la actualidad, Karlina está trabajando en desarrollar “La Mansa” para llevarla al cine, lo que le ganó un boleto al Festival de Cannes este año, su segunda vez asistiendo al festival de “La Palma de Oro”. Cannes para Karlina fue una experiencia muy interesante, ya que con pocas reuniones y conversaciones muy precisas pudo ver un futuro para su novela.

«Mientras estuve en el festival de Cannes, fue una experiencia muy interesante; esta es la segunda vez allí y, con pocas reuniones, logramos que fueran muy fructíferas para mi proyecto. Ahora estoy en busca de productor británico porque la película va a ser una coproducción en inglés. Y el mundo del cine es muy absorbente, por lo que uno debe ir enfocado en lo que uno quiere para no despistarse.”

Karlina Veras autora de La Mansa
Karlina Veras: Fotografía: Silverio Vidal

La creatividad desmedida y el síndrome del impostor 

Las ideas que le llegan a Karlina durante la noche o en medio de su trabajo no son problema para ella, pues siempre anda con papel para escribir a mano. Por lo que asegura que el trabajo de un escritor no necesita equipo, ni ayuda. Cuando se empieza a escribir, el autor lo hace solo y eso es bueno porque se pueden controlar los impulsos inspirativos y creativos cuando se desarrolla una obra. 

 Lo bueno de la escritura en comparación con otro tipo de arte como el cine, que es más absorbente; porque cuando uno va a dirigir o algo, necesita de más personas, pero con la escritura es distinto. Cuando dices «voy a escribir un libro», uno lo puede hacer en el tiempo tuyo, a tu ritmo, porque eres tú solo. 

A esta artista multidisciplinaria también le ha tocado caminar por algunas espinas y es que en ocasiones ha vivido el famoso “síndrome del impostor”, la voz en la cabeza que nos asegura que no somos suficientes y que no estamos hechos para estar en ese trabajo o ganar ese premio.

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La autora de “La Mansa” asegura entre risas que la voz nunca se va y que a veces es normal tener estas inseguridades, pero que es necesario aprender a vivir con ella y tratar de escucharla.

«Simplemente he aprendido a vivir con él, porque siempre hay cosas que uno dice: «¿Y esto es de verdad?»… Es simplemente escuchar, porque yo creo que si uno no escucha una voz, a veces se vuelve más alta. Es decir, te escucho, pero la que sabe soy yo». 

Escribir antes del alba

“Yo me levantaba a las tres de la mañana”, confiesa Karlina con una mezcla de orgullo y resignación. Mientras el resto del mundo duerme, ella se entrega al ritual de la escritura: medita, respira, escribe hasta que el sol asoma. “Después de que comienza el día, el cerebro no me funciona igual”. Esa madrugada, entre el silencio y la urgencia, nace la magia de sus manuscritos. Con cuadernos siempre al alcance, registra lo que ella llama los and cry of the day, una manera poética de documentar lo que duele, lo que vibra, lo que simplemente no puede esperar.

Pero más allá del romanticismo del insomnio creativo, lo que realmente mueve a Karlina es la disciplina férrea. “Hay que ponerse metas y cumplirlas, no importa qué tan bien o mal esté el primer borrador. Eso no importa. Lo importante es escribir.”

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El primer borrador: ese animal imperfecto

“Los primeros borradores siempre son disparates”, suelta entre risas, desmitificando el proceso idealizado de la escritura. Para ella, el error es parte del camino. Lo crucial es no dejar que la autocrítica se siente demasiado pronto en la mesa. “Primero escribes con el sombrero del escritor, después te pones el del editor”.

Karlina escribe a mano. Como si su cuerpo entero necesitara involucrarse en el acto. “Es diferente. Algo se activa. Después lo paso a la computadora y ahí puede convertirse en otra cosa, pero ya pasó por el cuerpo.” El cuerpo, la materia, lo visceral, todo está implicado.

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El miedo nunca se va, pero se monta contigo.

¿Qué les diría a los escritores jóvenes que temen lanzarse?

“Que lo hagan con miedo. El miedo no se va. Lo único que cambia es que uno se hace más fuerte.” Y en esa fuerza, hay espacio para la vulnerabilidad, para el fracaso, para la crítica constructiva. “No se lo des a tu abuela, que te va a decir ‘¡Diablo, mijo, eso está buenísimo!’ Búscate gente que sepa, que te diga la verdad, aunque duela.”

Para Karlina, escribir no es publicar. Escribir es escribir. Punto. “Si escribes en una servilleta, ya eres escritor. No necesitas validación externa para definirte.” Lo importante es tener el coraje de confiar primero en uno mismo.

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Escribir desde la diáspora

Karlina escribe desde la memoria, desde la distancia. “Cuando uno vive fuera, uno escribe desde la nostalgia”. Como decía Hemingway, hay que estar lejos para ver más cerca. Su literatura está profundamente enraizada en la experiencia migratoria, pero no en los estereotipos trillados. “No solo la migración de Nueva York. Hay muchas formas de migrar.”

Su primer libro, Yun Yun para la calor, fue publicado sin conocer a nadie en el mundo editorial. “No tenía contactos, no conocía a nadie. Pero me propuse publicarlo en español porque era importante para mí.” Hoy, sus libros no solo se venden, también se leen en escuelas tanto en República Dominicana como en Inglaterra, especialmente en comunidades latinas invisibilizadas por el sistema. “Allá ni siquiera hay una casilla que diga Latin American. No existimos en los papeles. Pero existimos.”

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Villanos, héroes y la verdad incómoda

En su narrativa, Karlina no caricaturiza. “Todos tenemos algo de héroe y algo de villano.” Sus personajes caminan esa línea ambigua que define la experiencia humana. Le interesa explorar las contradicciones, los claroscuros, las grietas. Y aunque no se propone escribir “literatura política”, su escritura es, inevitablemente, un acto político: hablar de la diáspora, de la infancia, del cuerpo y la identidad en un mundo que insiste en simplificar.

Lo próximo: cine, gavetas y novelas por nacer

Karlina tiene varios libros terminados esperando su momento. Uno de ellos, una novela sobre dos hermanos del campo que migran a Santo Domingo. Ya tengo un capítulo, el esqueleto, el título… solo necesito el tiempo”. También trabaja con otras ideas que le zumban como abejas. “A veces me pregunto cuántas cosas uno puede hacer a la vez.”

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El libro que la marcó

Al preguntarle qué libro la inspiró a escribir, menciona Formas de volver a casa de Alejandro Zambra. “Me inspiró a mirar hacia adentro, a escribir desde la infancia, desde los recuerdos.” Lo que más la cautivó fue la manera en que Zambra usa su propia experiencia, su niñez, la historia de su país, para narrar una verdad. “Porque al final, la ficción también dice la verdad.”

Conclusión: Escribir es resistir, es recordar, es lanzarse.

Karlina Veras no escribe para adornar. Escribe para decir. Para sanar. Para recordar y recordarnos que, incluso cuando todo parece en contra, el arte encuentra su cauce. Con lápiz en mano, ojos despiertos y el corazón latiendo en tres tiempos, su obra es un testimonio de que sí se puede: con miedo, con insomnio, con páginas en blanco, con voluntad.

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