De pequeño, recuerdo ver hombres con mucho estilo en las calles de Bélgica y New York,
unos más clásicos que los otros, con estilos diferentes, que pareciesen utilizar la vestimenta como un canvas para graficar su esencia. Desde aquí, empecé a conceptualizar la palabra “Estilo”. Sin embargo, también recuerdo un choque de realidad latina, al llegar a Quisqueya y ver una especie de “vestimenta repetitiva” en todos aquellos del género masculino. Más tarde, asigné un nombre a este fenómeno, “uniforme social”, que defino como un conjunto de ideas, situaciones y reglas morales que, hasta cierta forma, obligan al hombre, criado bajo un esquema ultraconservador y machista, a elegir ciertos colores, siluetas y hasta marcas, anulando entonces la esencia del individuo y dando la idea de que por nacer en un grupo varonil debías vestir de una determinada manera toda tu vida.
Sin embargo, hoy esto ha cambiado y vemos al hombre latino evolucionado en estilo, más
al pendiente de los detalles y, claro, con una capacidad de arriesgarse desarrollada, mucho de esto gracias a las redes sociales, que nos han aportado la libertad del ser y, hasta cierto
punto, las nuevas generaciones han hecho una mayor comprensión de la relación que existe entre quién soy y cómo me veo. Por lo que muchas reglas han desaparecido y, con ellas, un par de ideas erróneas.
Yo que, en lo particular, me considero un cazador asiduo de estilo, sobre todo si se habla del creativo, me he topado con un joven oriundo de Puerto Plata y radicado en Boston quien, desde el primer momento, captó mi ojo crítico. Este es el caso de Irving Beltré. Al analizar sus looks, encontré una interesante mezcla entre un hombre clásico de los años 20 y los arriesgados que, con rebeldía, desfilan entre los años 70 y 80.
Pocas veces había visto una unión dramática y creativa que se conjugara, de esta forma, en unalma latina y fue en el análisis de este feed de Instagram en donde me llegó la cuestionante de si entonces ahora sí, finalmente, estaba yo frente a lo que podríamos llamar la NEOMASCULINIDAD, una nueva generación de hombres conscientes de sus raíces, costumbres y maneras, pero con una visión más amplia y libre, además de tener la capacidad de expresión, dejando de lado todo aquello relacionado a la toxicidad que, durante años, han relacionado emocional y socialmente a la figura del “Varón”.
Entonces, si analizamos la situación actual del hombre latino y la moda, podríamos definir
un avance. Prueba de ello es el hecho de que Irving, sin saberlo, es quien forma parte de un movimiento tan silencioso como un espectro, que busca dar a entender que también él, ellos, nosotros, tenemos y somos parte de la teoría de los 7 estilos universales, en donde no nos vestimos, o al menos no deberíamos vestirnos, por lo que “se considera, socialmente, que un hombre debe usar”
ABOUT IRVING STYLE:
Libertad en el juego cromático, estampados de onda barroca y dramática, y un gusto único por las mezclas inusuales, componen todo lo relacionado al guardarropa de Irving. La creación de sus «looks» fue un trabajo interesante porque se desarrolló como un diálogo entre talento-estilista, donde sus más recientes compras para el otoño fueron la piedra angular que nos dio el desarrollo de este proyecto.
Este joven dominicano, durante el proceso de creación, me contaba cómo, durante años, sintió que todo aquello que le recordaba a la Puerto Plata “De antes” le gustaba, pero, a su vez, se veía como un visionario, revolucionando las principales avenidas del mundo. Siempre ha sido, y será, de aquellos que busca hacer lo “imposible” y su próximo gran paso será llevar toda su actitud a las grandes pasarelas, mostrando que un hombre latino y afrodescendiente, con tatuajes y estilo único, tiene toda la capacidad de triunfar contra todo pronóstico.







