InicioEntrevistaDe CercaMarta González: “Lo importante era que el público olvidara que era Marta...

Marta González: “Lo importante era que el público olvidara que era Marta y viera únicamente a Yolanda”

Hay personajes que se interpretan, y hay otros que se instalan en el alma, que encuentran rincones inesperados dentro de quien les da vida y permanecen allí mucho después de que se apagan las cámaras. Para la actriz Marta González, Yolanda fue precisamente eso: una mujer incómoda, compleja, herida y profundamente humana que la obligó a mirar de frente realidades que muchas veces preferimos juzgar antes que comprender.

En Qué más puedes hacerme, Marta se aleja de cualquier ideal de perfección para sumergirse en la piel de una mujer marcada por el tiempo, las decisiones y las heridas emocionales. Una transformación que fue mucho más allá de las prótesis, las canas o el maquillaje de efectos especiales.

Conversamos con la actriz sobre los desafíos de habitar a Yolanda, la vulnerabilidad, las huellas que dejan los personajes intensos y los miedos que aún la acompañan, incluso después de una carrera llena de reconocimientos.

Recientes

Una mujer difícil de olvidar

Cuando terminó el rodaje, Marta descubrió que Yolanda no se marchó de inmediato.

Me acompañó su silencio”, confiesa. “Esa forma de cargar la vida sin pedir permiso, sin explicar demasiado, como si todo lo que había vivido la hubiera endurecido por fuera, pero por dentro siguiera siendo una mujer profundamente herida”.

Para ella, el personaje se convirtió en una invitación a mirar con más empatía a esas mujeres que suelen ser catalogadas como difíciles, sin detenerse a conocer las historias que las llevaron hasta allí.

La incomodidad de no justificar

Uno de los mayores retos fue aceptar que Yolanda no necesitaba ser agradable para resultar auténtica.

La incomodidad más difícil fue no defenderla”, admite. “Como actriz, a veces uno quiere justificar al personaje, suavizarlo, hacerlo más amable. Pero Yolanda no necesita ser agradable para ser humana”.

Abrazar sus contradicciones, su dureza y sus mecanismos de supervivencia implicó renunciar al deseo natural de explicarlo todo y permitir que el personaje existiera con todas sus sombras.

En una industria donde la imagen suele ocupar un lugar central, Marta decidió desaparecer por completo para que Yolanda pudiera existir.

Lo importante no era cómo lucía Marta González, sino que el público olvidara que era Marta y viera únicamente a Yolanda”, explica.

El proceso incluyó un minucioso trabajo de maquillaje de efectos especiales: prótesis, envejecimiento de la piel, manchas solares, canas y desgaste físico. Sin embargo, para la actriz, el verdadero desafío nunca fue verse distinta, sino sostener la verdad emocional del personaje.

Cuando el personaje toma el control

Hubo momentos durante el rodaje en los que Marta sintió que dejaba de existir.

Solo estaba ahí, habitando su cansancio, su amargura, su deseo de controlar y, a la vez, su necesidad profunda de ser vista”.

Son esos instantes, dice, los que cualquier actor agradece, porque se siente como si el personaje respirara por sí mismo.

Lo que Yolanda le enseñó sobre las heridas

Interpretarla también cambió su manera de mirar a los demás.

Muchas veces detrás de una mujer difícil hay una historia que nadie quiso escuchar”, reflexiona.

La experiencia le recordó que la dureza puede ser una coraza y que la frialdad muchas veces esconde abandono, culpa o miedo. Una lección poderosa sobre la importancia de comprender antes de juzgar.

El peso emocional después del “corte”

Aunque las escenas más intensas terminaban oficialmente cuando el director decía “corte”, las emociones no desaparecían tan rápido.

Las secuencias en las que Yolanda debía enfrentarse a su pasado y a las consecuencias de sus decisiones fueron especialmente agotadoras.

No era un dolor explosivo, era un dolor contenido, acumulado durante años. Ese tipo de emoción cansa mucho porque no se grita todo; se lleva por dentro”.

Volver a ser Marta

Después de interpretar personajes emocionalmente exigentes, la recuperación también forma parte del proceso.

Para Marta, el regreso ocurre a través de las pequeñas cosas: su hija, su hogar, las rutinas cotidianas y el silencio.

Hay personajes que uno no se quita cuando se cambia de ropa. Hay que despedirse de ellos poco a poco, con gratitud”.

Porque al final, explica, cada personaje presta una vida ajena que inevitablemente deja huellas.

La historia de Qué más puedes hacerme la llevó también a reflexionar sobre las decisiones que tomamos desde el dolor.

Yolanda me hizo pensar mucho en las decisiones que tomamos desde el orgullo o desde la necesidad de no sentirnos vulnerables”, comparte.

A veces creemos que estamos protegiéndonos, pero terminamos construyendo muros que nos alejan de quienes queremos y de nosotros mismos.

Después de importantes proyectos y de conquistar un Emmy, podría pensarse que los temores desaparecen. Pero Marta asegura que no es así.

Me sigue dando miedo no estar a la altura de un personaje que merece verdad”.

Y quizás sea precisamente ese temor el que la mantiene conectada con la honestidad de su oficio.

Cada personaje empieza de cero. Siempre existe esa pregunta interna: ‘¿Podré hacerlo con honestidad? ¿Podré desaparecer lo suficiente para que el público vea al personaje y no a mí?’”.

Una invitación a la compasión

Si pudiera elegir una sola enseñanza que las mujeres se lleven después de ver la película, sería la compasión.

Que entiendan que todas cargamos historias, heridas, culpas, decisiones y silencios. Pero también que nunca es tarde para mirarse de frente, romper ciclos, perdonarse y elegir distinto”.

Porque incluso en los personajes más oscuros, y en los momentos más difíciles, siempre puede aparecer una verdad capaz de transformarnos.

Y quizá esa sea la mayor lección que Yolanda dejó en Marta: recordar que detrás de cada cicatriz existe una historia que merece ser escuchada.

Lisbeth Calderón Díaz
Lisbeth Calderón Díaz
Comunicadora apasionada, amante de los animales y eterna buscadora de historias que inspiran. Con una curiosidad insaciable, creo en el poder de la palabra para conectar, emocionar y hacer que cada mensaje cobre vida.
- Publicidad -

Recientes

- Publicidad -
- Publicidad -