De Serbia a la República Dominicana, una historia de resiliencia y éxito
Hace 23 años, una joven Ivana Gavrilović arribó a la República Dominicana, dejando atrás la tierra que la vio nacer. El destino la trajo de la lejana Serbia, en ese entonces Yugoslavia, junto a su madre y hermano. En medio de la confusión y la esperanza, llegaron a un país desconocido, un refugio que les ofreció cobijo en tiempos de guerra, pero que les planteó desafíos inimaginables.
Ivana, entonces una preadolescente, jamás podría haber imaginado el curso que tomaría su vida en este rincón del Caribe. “Realmente, hasta el día de hoy, creo que ni mi mamá sabe exactamente por qué vinimos aquí,” recuerda Ivana con una mezcla de nostalgia y risa. El eco de esa decisión resonaba en cada paso que dieron, en cada palabra nueva que aprendieron en un idioma que les era ajeno.
Coordinación Sue Helen Rodriguez, Entrevista Lisbeth Calderón, Diseño de portada Yiris Zheng, Tratamiento de fotografías Casilda Heredia, Fotografías Yael Duval, Asistente de fotografía Melany Crisostomo, Maquillaje y peinado Carlos Falla, Dirección de arte y estilismo Miguel Estevez, Vestuario Cfor2 Studio, Joyas Daniel Espinosa
La llegada a República Dominicana no fue un aterrizaje suave. Sin dominar el idioma y con apenas lo suficiente para subsistir, Ivana y su familia se instalaron en un apartamento en Gazcue. «Mi mamá había invertido todo en un negocio que no prosperó, y lo poco que nos quedaba apenas alcanzaba para el alquiler,» relata Ivana, evocando esos primeros días en que la supervivencia era una tarea diaria.


El apartamento, apenas amueblado con una estufa que nunca se usó para cocinar, se convirtió en su primer hogar en tierra dominicana. “Dormíamos en el cartón que venía con la estufa, ese era nuestro colchón,” confiesa con una mezcla de asombro y humor, como quien mira una fotografía desgastada por el tiempo, tratando de entender cómo superaron aquellas pruebas.
El aprendizaje del idioma fue un proceso más del alma que de la mente. «La necesidad nos empujó a aprender español,» explica Ivana. Gracias a la bondad de una vecina llamada Denis, quien les ofrecía comida y compañía, Ivana comenzó a absorber las palabras y las costumbres locales, como si fueran pequeñas semillas que con el tiempo germinarían en su corazón.
Las lecciones de vida llegaron en forma de actos de generosidad de vecinos que veían en ellos algo más que extranjeros. “Me pasaba horas ayudando a Denis con las tareas del hogar, escuchando música y tratando de entender el nuevo mundo que me rodeaba,” recuerda Ivana. En esa casa humilde, entre platos y canciones, Ivana empezó a construir su identidad, fusionando las raíces serbias con el calor de la hospitalidad dominicana.


La vida en República Dominicana, aunque dura, también trajo oportunidades inesperadas. A través de un encuentro casual, su madre encontró trabajo en un salón de belleza en Plaza Central, donde continúa trabajando hasta el día de hoy. Esa estabilidad permitió que Ivana y su hermano pudieran finalmente concentrarse en sus estudios y pensar en el futuro.
Con una pasión por la mente humana y un deseo profundo de entender el comportamiento, Ivana decidió estudiar Psicología Clínica. «El psicoanálisis siempre me intrigó,» comparte Ivana. «Quería estudiar psicología forense, pero mi amor por la psicología clínica creció al comprender el poder transformador de la mente.” Sus estudios no solo le dieron un título, sino una nueva perspectiva sobre la vida y las conexiones humanas.
Sin embargo, la vida tenía más giros reservados para Ivana. Su interés por el arte y la comunicación la llevó a incursionar en los medios. A los 15 años, un encuentro fortuito con Enrique Crespo en una zapatería la llevó a participar en el programa «Los Dueños del Circo.» Aunque la experiencia fue breve, dejó una huella profunda en ella.
“Era muda, no entendía nada, pero supe que quería hacer algo más,” confiesa Ivana. Esa determinación la llevó a buscar nuevas oportunidades. Tocó puertas, escribió cartas, y aunque enfrentó rechazos, no se rindió. Su persistencia la llevó a ser seleccionada para un casting en Televisa, aunque las circunstancias de la vida la obligaron a tomar otro rumbo.


Pero su amor por la comunicación y su deseo de conectar con las personas no se apagó. «Quería comunicar cosas que me motivan, temas de superación personal,» explica Ivana. Así, comenzó a estructurar y armar su propio programa de radio, enfrentando el desafío con la misma pasión y determinación que la habían llevado hasta allí.
Hoy, muchos conocen a Ivana por su programa «Protagonistas,» donde fusiona sus raíces serbias con la rica cultura dominicana en cada palabra, en cada gesto. En su vida diaria, Ivana integra aspectos de ambas culturas, desde el amor por la familia y la comunidad hasta una profunda fe en el poder de la mente.
“Creo mucho en la Ley de Atracción, en que puedes lograr lo que visualizas,” declara con convicción. Este enfoque no solo la ha ayudado a superar los obstáculos de su vida, sino que también la impulsa a inspirar a otros. «No quiero que me vean como una víctima. Si yo pude hacerlo, tú también puedes,” es el mensaje que desea transmitir a los jóvenes que sueñan con dejar su huella en el mundo.
Ivana Gavrilović es una mujer que ha aprendido a amar y a vivir entre dos mundos, tomando lo mejor de cada uno para construir una vida rica en experiencias y conexiones. «Amo la magia del dominicano, esa capacidad de entenderse sin palabras, esa calidez que se transmite con un simple ‘mi amor’,” dice con una sonrisa.
En su andar por la vida, Ivana ha demostrado que no importa cuán lejos te lleven tus pasos, siempre puedes encontrar un hogar en los corazones que te rodean. “La vida es dura, pero también es bella. Hay que vivirla con pasión, con amor y con la certeza de que cada desafío es una oportunidad de crecer.”
Ivana Gavrilović, una mujer que se reinventa continuamente, un puente entre dos culturas, una prueba viviente de que la fuerza del espíritu humano no tiene fronteras. Su historia es un recordatorio de que, sin importar de dónde vengas, puedes construir un futuro lleno de esperanza y éxito. Con el corazón en República Dominicana y las raíces en Serbia, Ivana continúa inspirando y demostrando a una nueva generación que el verdadero hogar está donde está el corazón.

