De repente el mundo se detuvo, las agendas se volvieron obsoletas y los planes irrelevantes. De repente nos cambiaron las metas y, ahora el mayor reto es encontrar fuentes internas de bienestar y sostén. ¿Por dónde empezamos? ¿Cómo hacemos las paces con nosotros mismos y empezamos a construir una vida más balanceada?
Muchos de nosotros estamos buscando sentido a lo que nos acontece, algunos buscamos significado en la ciencia, otros en las teorías que se propagan por las redes y, por supuesto, muchos recurren a la espiritualidad para encontrar sostén en tiempos de incertidumbre. Pero, ¿Es esta la mejor opción?, ¿Qué pasa si no soy religioso?
Lo primero es entender que cuando se nos presenta una situación, nuestro cerebro busca en su repertorio experiencias similares, la forma más eficiente de cómo lidiar con lo que acontece. Pero, en este caso, no tenemos patrones de referencia. Nadie sabe cómo actuar frente a una pandemia. Surgen emociones como tristeza, ansiedad, rabia, impotencia y no sabemos cómo atravesarlas. Necesitamos buscar fuentes alternas que nos ofrezcan un mapa de salida ante esta situación.

Una de las propuestas fundamentales de la Psicología Positiva con respecto al fortalecimiento de la Resiliencia, es precisamente el cultivar una dimensión espiritual. Varios estudios se han realizado donde se evidencia que la espiritualidad es uno de los factores protectores más importantes contra la depresión y la ansiedad, en momentos de crisis.
Incluso se hace una distinción fundamental entre la espiritualidad y los actos religiosos, teniendo estos últimos muy poco impacto en el afrontamiento saludable en momentos difíciles a diferencia de una espiritualidad.
Ahora la gran pregunta es, ¿A qué llamamos espiritualidad? ¿Qué realmente es lo que nos puede proteger en tiempos de profunda incertidumbre y vulnerabilidad? Cuando los científicos hablan de espiritualidad se refieren a la consciencia de trascendencia y conexión con los demás, es decir, las dos creencias fundamentales son “Hay algo superior a mi, y este algo está basado en el AMOR” y “Todos estamos conectados de alguna forma”.
Si notas, muchas de nuestras creencias culturales, ya asumen estas premisas como ciertas, en lo profundo de nuestra cultura ya somos fundamentalmente espirituales. ¿Qué hacer ahora?
El llamado de este tiempo es el de alinear nuestras creencias con nuestras acciones, es el de radicalmente hacer una mirada hacia dentro y evaluar qué tan auténticamente estamos viviendo con relación a lo que profesamos creer.
El primer paso puede ser entrar en contacto contigo misma(o) a través del silencio y reconocer en tu interior “Cuál es tu verdad”. Cuáles son esos valores sobre los que quieres fundamentar tu vida y la de los tuyos.
A partir de ahí, podemos empezar a estructurar planes benevolentes y realistas para poco a poco ir construyendo esa vida que anhelamos.
La psicología positiva en cuarentena
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