Han sido muchos los suspiros regalados al viento durante estos días, quizás desde un balcón, como muestra de desahogo. Pero no todos los corazones guardan la esperanza de recuperar totalmente su libertad la cual se esfumó por tiempo indefinido, con la implementación de la cuarentena.
Esto nos lleva a pensar que probablemente miles de personas estén padeciendo el síndrome de la cabaña, el cual hace que la gente piense que su hogar es el lugar más seguro, haciéndolos considerar seriamente no volver a retomar sus viejas rutinas fuera de esas cuatro paredes. Los pacientes de este mal, guardan características en común con los que han sufrido el famoso síndrome de Estocolmo.

«Empezamos a asociar el encierro al hecho de que estamos bien y no nos haya pasado nada. Es como el viejo dicho de que más vale malo conocido. De alguna forma es parecido al síndrome de Estocolmo que sufren las personas que han estado secuestradas y que al ser liberadas experimentan sensaciones de angustia», según expresa Lourdes Fernández, psicóloga experta en emergencias.
«Después de tanto tiempo encerrados, la casa se ha vuelto el lugar donde tenemos el control y donde nos sentimos seguros. Por eso es normal que ante la perspectiva de volver a salir, algunas personas sientan algo de miedo», agrega la especialista.
La psicóloga, María José Collado, considera que es importante que cada persona se ponga sus tiempos y vaya dando sus propios pasos sin sentirse forzada, con seguridad.

Además el psicólogo de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Casa de Salud de Valencia (España) Tony Crespo, explica al periódico El Horizonte que cuando las personas se exponen a situaciones que no son de su agrado o que les producen temor, como puede ser volver a salir a la calle tras el confinamiento y hacer vida rutinaria, la única forma de vencer ese miedo será de forma escalonada.
«La única manera de superarlo será poco a poco, es decir, con una desensibilización sistemática. Los psicólogos utilizamos esto en psicoterapia para lograr reducir la ansiedad y los miedos fóbicos del paciente, acercándolo poco a poco a ese temor», añade.
Dicho todo lo anterior, siempre debemos de recordar lo fuertes que somos. ¡Superaremos esto!
Del síndrome de la cabaña a Estocolmo: protagonistas del desconfinamiento
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