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¿Y si no quiero hijos?

¿Has sentido ansiedad por tener que decidir sobre si no quieres tener hijos?

Desde que cumplí 20 años empecé a sentir esta presión social de que tenía que planificar tener hijos. En los siguientes cumpleaños, solo pensaba en cómo se me iban restando los años de posibilidades para ser madre. Y por supuesto, también invadía mi mente saber con quién. Tras varias relaciones amorosas, este sentimiento permanecía, hasta que, con mi actual pareja, empecé a darme cuenta de la presión que yo misma estaba ejerciendo sobre mí

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Los primeros meses de relación fueron testigos de las conversaciones sobre los hijos y eran constantes las discusiones que se generaban. Sin embargo, él no sentía esta presión…(me decía yo, que era por ser hombre), pero en poco tiempo me mostró que la decisión estaba en mí y no en una concepción social.

Tras mucho hablarlo, entendimos que era una decisión de dos y que solo pasaría si queríamos y en el momento oportuno. Sí, lo analicé mil veces, sentí miedo y me reí de mí misma porque algo que pareciera tan simple, me tenía en una agonía constante. A partir de ahí, empecé a verlo desde otra perspectiva, a permitirme tener como una posibilidad el hecho de que no quería tener hijos y ello me aligeró la carga que arrastraba. 

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Para tener una opinión experta, me dirigí a donde el psicólogo clínico Leonardo Redondo, quien me explicó que siempre existirá una posibilidad de que la mujer haya tenido una experiencia en la infancia, en los cuidados parentales o en su desarrollo que le haya generado una predisposición por la que no quiera tener hijos.

También puede darse el hecho de que no tuvo que pasar por ningún evento traumático y, simplemente, no quiere tener este tipo de responsabilidad, ya sea porque sus metas sean otras, buscan alcanzar el éxito de otra manera, sus motivaciones están en otros aspectos de la vida o no lo ven en su plan de vida.

“Si el hecho de tener hijos se da de manera forzada o por alguna razón no fue deseado, esta decisión tendrá repercusiones psicologías, como sintomatología ansiosa durante el proceso de crianza o apego que no permitirá que el niño desarrolle las debidas habilidades sociales, su integración en las normas y valores y otras consecuencias en su neurodesarrollo”, detalló Redondo.

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Querer y no querer, ambas son opciones correctas

A muchas mujeres les pasa, que el tema de tener hijos (y más cuando se tiene una relación estable), siempre saldrá a la mesa. Familiares, amigos, compañeros de trabajo… todos te “exigirán” tener hijos, como si fueses una decisión entre el queso o el jamón que tienes en el supermercado. Mi primera experiencia con el tema fue con una española, a quien le pregunté sobre esa tendencia en que las mujeres en Europa no suelen tener hijos o al menos no más de dos si acaso los llegan a tener. A lo que me contestó que ciertamente su círculo de amigas no tenía hijos y que ella ya estaba en sus treinta largos y que la verdad no pensaba tenerlos. 

En números

España es uno de los países europeos con más mujeres sin hijos, según el periódico La Vanguardia. Incluso, en 2019, un informe publicado por este medio, arrojó que casi ocho de cada 10 mujeres de 25 a 29 años (el 79,2%) aún no ha tenido hijos, un porcentaje que se eleva al 88,1% para todas las mujeres de entre 18 y 30 años. Por su parte, más de la mitad de las mujeres de 30 a 34 años (el 52,0%) no ha tenido aún hijos.

Y si cambiamos geográficamente, en el último año en Estados Unidos, las estadísticas no van muy lejanas a España. Incluso tienen nombre y apellido aquellas que deciden no tener hijos: mujeres NoMo (abreviatura en inglés de Not Mothers, “No Madres”). 

Desde 2007, según una publicación del año pasado en CNN, la tasa de natalidad de la nación ha disminuido aproximadamente un 2% cada año en promedio. A pesar de las primeras especulaciones sobre un “baby boom pandémico”, la crisis del coronavirus aceleró aún más el declive, y los nacimientos cayeron un 4% el año pasado. Fue la mayor disminución anual en el número de nacimientos desde 1973, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, (CDC por sus siglas en inglés).

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La otra cara de la moneda 

También está la otra cara de la moneda: hay muchas mujeres que no pueden tener hijos, aunque quisieran, por alguna condición de salud o porque no tienen con quién tenerlos. Además, los costos de reproducción asistida, inseminación artificial o alquiler de vientres son sumamente elevados, incluso no solo en dinero, sino también en salud mental.

Si bien ya entendí que ser mujer no me encasilla en que mis objetivos de vida involucran tener hijos en un lapso estimado, pues he valorado también una opción que no se suele poner sobre la mesa: adoptar. 

El psicólogo Redondo puntualizó que es muy importante saber el por qué y qué tan cómoda se siente la mujer tomando la decisión de no tener hijos. Esa claridad será clave para cuando esté en momentos sociales o familiares donde surjan estos comentarios que generan presión social. “Siempre es bueno poner límites dentro del respeto y sostener conversaciones asertivas sobre los planes a futuro para garantizar el bienestar propio”, destacó.

Sin dudas, valoro a todas las mujeres que han decidido tener sus hijos, es una responsabilidad y rol admirable. Pero ahora siento mucho más empatía por aquellas que quizás se sienten como yo, que por alguna razón no quieren o no pueden. Es cuestión de respetar ambos lados y, lo mejor, que si tu decisión es no tener hijo, como yo, no estás sola. 

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