Un punzón… una corriente se iba intensificando y expandiendo con cada frase improvisada aquella mañana de otoño.
De esas conversaciones que van de un punto a otro… de las que se dejan guiar por los nervios y la química inexplicable de la atracción.
Las que sabes, en tus adentros, que no recordarás con punto y coma, ni con el guion exacto, pero que aún así te regalarán historias memorables.
Recientes
De las que te quedan frases, guiños, risas de nerviosismo y un corazón que, con el simple hecho de recordar los flashes de aquella primera vez, acelera sus latidos.
Minutos en los que cuentas sin pensar en demasía, y dejas sea la chispa la que te invada y guíe cada palabra se cuela; mientras te concentras en los labios de quien responde… a los que deseas con ansias topar con los tuyos.
Esa burbuja se cuece cuando chocan las miradas de dos almas destinadas y el resto del universo desaparece como por acto de magia. Abre la puerta a la enigmática dinámica de coordinar latidos desconocidos para ser alineados en un mismo ritmo.
A veces las vidas se cruzan… a veces otoño te regala tu destino.
P. D.: Creamos más en las Diosidencias. Dejemos que la voluntad de Dios nos lleve por el camino indicado.
Vale la pena decidir por el amor…

