Por Dra. Concepción Abreu
Cuando hablamos de drogas, nos viene a la mente, por el modelo social en el que vivimos, que solo los hombres se drogan, incluso se les permite emborracharse como manera de demostrar su masculinidad y su rol en la sociedad. Si esto lo hacemos nosotras las mujeres, inmediatamente nos lapidan. Es impensable que una mujer sea alcohólica, pero me gustaría dejar claro que hasta cierto punto es doble moral, ya que culturalmente, en la mayoría de los casos, al socializar o en nuestra intimidad consumimos drogas socialmente aceptadas.
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Desde luego, el consumo de sustancias o de conductas adictivas sin sustancias va de la mano del género, nos guste o no; tanto así que, a la hora de pedir ayuda en el caso de la mujer, es devastador para ella, esto por el papel que tenemos que cumplir en la sociedad. El pedir ayuda es, hasta cierto punto, un fracaso, una vergüenza en una sociedad que estigmatiza a la ligera sin empatizar y sin cuestionarse qué existe detrás del consumo.

Tipos de consumo
Existe lo que es el uso, abuso y la dependencia.
Entendemos por el uso de una sustancia aquel tipo de relación con las drogas que, por su frecuencia y cantidad, generalmente de forma puntual, ocasional o social, no afecta ni produce consecuencias al consumidor o a su entorno.
El abuso, sin embargo, es una relación con la sustancia con mayor frecuencia y cantidad que produce consecuencias al individuo de forma directa o indirecta, tanto en su aspecto físico, psíquico, social y, por consiguiente, le repercute directamente a su entorno.
Es evidente que si partimos desde el género, existen desigualdades y por tanto discriminación en esta enfermedad crónica y neurológica como son las adicciones. Estamos en una crisis en la salud mental, y como especialista en adicciones y psicopatología clínica lo veo a diario. Esto ya no es una pandemia, es una sindemia, que según la RAE: “Es un neologismo no asentado en el uso general que se documenta para aludir a una situación en la que varias epidemias coexisten en el tiempo y se potencian mutuamente”.
En la actualidad, por la situación sanitaria en la que nos encontramos, sentir angustia, miedo e incertidumbre es algo normal, lo contrario sería hasta patológico. Pero, ¿qué pasa si la situación me controla?
En la XXVI Jornada Municipal sobre Drogas y Adicciones con el título: “Mujeres y Adicciones”, el género como construcción social y determinantes de la salud, se precisó que existe un incremento del consumo de psicofármacos entre mujeres, muy por encima de los hombres.
Es bueno recordar que cuando hablamos de sustancias socialmente aceptadas, incluimos el alcohol, tabaco, ansiolíticos, etc. Es decir, tiene mayor facilidad para acceder a ellas y su uso o abuso y venta no está condenado por ley.
¿Qué pasaría si llego a mi casa después de una jornada laboral intensa y tengo por costumbre tomarme unas cuantas copas de vino? ¿O de cervezas? ¿Puros? Pues que lo más probable estés haciendo un abuso y puede que cumplas criterios de dependencia alcohólica o a otras sustancias. A la hora de hacer un diagnóstico de este tipo, se contabilizan las cantidades, es decir las Unidades de Bebidas Estándares (UBE) y también otros aspectos a tener en cuenta.
¿Cómo salir de dudas?
Te invito a cambiar ese hábito, esa costumbre y si eres incapaz de no hacerlo o presentas síndrome de abstinencia, deberías pedir ayuda, porque la detección temprana es fundamental para este tipo de enfermedades.
Y que quede claro, sí, las mujeres no somos abstemias, es casi imposible en una sociedad alcoholizada. Hacer un uso de alguna sustancia no te hace peor mujer, no te sientas culpable, porque es darle la razón al sistema, que estamos aquí para cuidar y que no nos cuiden. Ser conscientes de lo que consumimos es el primer paso para tu bienestar. Y sobre todo implementar hábitos de vida saludables disminuye las probabilidades de utilizar sustancias que nos perjudican.

