InicioExplorandOh!Reportaje«Anhelaba jugar al topao’, el trompito y a las escondidas».

«Anhelaba jugar al topao’, el trompito y a las escondidas».

«De esa tarde no recuerdo mucho, me quedé dormida después de llegar de la escuela. No sé si tenía mucho rato dormida, mi dolor menstrual era muy intenso. Era mi segundo mes, apenas empezaba mi adolescencia. Sentí unas manos calientes que me tocaban las piernas, cuando levanté la mirada, estaba él», de esta forma inicia su nota de voz, sin un notorio sentimiento, era neutra.

Para Valeria (nombre que le hemos dado para ocultar su identidad) era algo normal en donde vivía.  Esa tarde su vida cambió… afirma lo veía venir. Algunas de sus compañeras de clases habían pasado por lo mismo. «Si las volvías a ver, parecían lombrices con una aceituna atascada», así lo recuerda ella. «Si eras de las elegidas, probablemente al mes estarías embarazada o más rápido aún, fuera de la ciudad».

«Una tarde vi a mi padre de crianza hablar con ese señor, que apodaban como “el viajero”, desde entonces supe que era mi turno. Visitó el rancho, una o dos veces antes de que sucediera “eso que todos hoy lamentan”; sentía cómo su mirada, cuando visitaba el rancho, me desnudaba. No sentía asco, tenía más bien miedo. Miedo a lo que me tocaría vivir, a ser maltratada, a no volver a jugar, a no volver a ver a mi familia. De ese día recuerdo pocas cosas, solo sé con certeza que al llegar a esa casa lloré hasta quedar dormida».

«El viajero» solo era el padre de con quien se casaría, pero fue elegida por él, y aunque Valeria sostiene la miraba con mirada de «loco», nunca le hizo daño físico. Cuando el señor tomaba, prefería alejarse, en ocasiones se mostraba agresivo.

«He escuchado historias más tristes, en mi caso, no todo fue malo, quien fue obligado a ser mi pareja no era mala persona, tenía la presión de su padre. Lo obligaba a beber para que se animara a hacerme un hijo; le parecía muy estúpido, cobarde, poco hombre; hasta le llegó a decir maricón… así lo llamaba», aquí tiene otro tono de voz, se le escucha afligida.

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Cuenta que al muchacho se le notaba triste, a veces enfadado, y aunque nunca le expresó sus sentimientos, tuvo que hacerlo.

Valeria tenía trece años, cuando dejó de ser niña, lo que vivió era un secreto a voces. Fue entregada al hijo del «viajero», que en ese entonces tenía 22.

Matrimonio Infantil

«Si eras de las elegidas, probablemente al mes estarías embarazada

o más rápido aún, fuera de la ciudad».

«No culpo a mi madre, escuché de una vecina, la de la fonda, “la Yaya”, que mi madre fue violada por mi padre, que era compadre de mi abuelo, y nada pasó. Nadie nunca dijo nada, ni siquiera pudo estudiar, ¿por qué tendría que sorprenderme de lo que me pasaba a mí? No quería tener hijas, sabía que podía ser obligada a entregarlas, o por lo menos lo imaginé», nos cuenta con tono entrecortado.

Tenía siete hermanos más y era la mayor de las hembras. A Valeria la vida no le permitió vivir su niñez, se le terminó antes. Primero, tenía el deber de salir a trabajar en las tardes para ayudar a su madre en la casa. De lo que cultivaba la familia, (aguacates, pimientos y ajíes) salía a vender. No pudo terminar la escuela, por lo menos aprendió a leer, narra desolada, como si hubiese querido algo más, un bachiller tal vez.

Se dice que el intercambio era por dinero, o simplemente porque era una boca menos que alimentar, «en mi caso, nunca lo investigué», explica. «Hasta hoy, 20 años más tarde, no he podido tocar el tema con mi familia; mi madre murió diez años después de que me fuera por una rara enfermedad, se le llenó de bolas el cuerpo», en esta sí recupera su voz.

Valeria hoy vive feliz, entiende sanó esa herida, no sabe decir si pudo enamorarse, pero por muchos años vio al padre de sus hijos como un deber de esposa y madre. Duró muchos años en aceptar lo que le tocó vivir, se volvió su día a día, su costumbre. Una realidad que no desea a ninguna niña, y antes de concluir su historia, afirmó que todavía sigue pasando en algunos campos de República Dominicana, aunque ya sí es penalizado.

¡Ya es penalizado!

 El 6 de enero de este año se formalizó el decreto, una ley que en pleno siglo XXI, seguía sin aceptarse, que por muchos fue peleado, pero nunca logrado.

Detrás de este triunfo como sociedad, defendiendo la humanidad, el derecho de las niñas, hubo muchas personas. Muchos miembros del Senado se hicieron eco de lo que muchos gritaron años atrás y se pusieron en alerta hasta lograrlo.

«El Código Civil dominicano, hasta el pasado 6 de enero del presente año, además de contradecirse, a mi entender establecía algo aberrante, por el hecho de que claramente, una persona, ya sea hombre o mujer, al cumplir 15 años aún se encuentra en una de las etapas de la adolescencia. La OMS reconoce que la adolescencia está comprendida entre los 10 y los 19 años y se caracteriza porque el individuo se encuentra en una fase de crecimiento y de cambios, por lo que entiendo que durante esta fase ninguna persona se encuentra lo suficientemente preparada, ni física ni mentalmente, para contraer el contrato de matrimonio», aclara Chris Acosta, licenciada en Derecho.

Matrimonio Infantil

«La realidad de muchas adolescentes dominicanas es que buscan salir del yugo de sus padres o independizarse de ellos y muchas veces optan por irse con un hombre que, a su entender, le brindará libertad. O sus padres o tutores las entregan en matrimonio para simplemente eliminar una carga económica de sus vidas. Sin embargo, creo que como nación y como país, luego de lograr erradicar el matrimonio infantil de la ley, nos falta recorrer un poco más allá en el ámbito de la educación, para hacer entender a esa parte de la población que el matrimonio no es una solución, sino que es un escape momentáneo que acarrea consecuencias que, de hecho, pueden ser letales. Debemos educar a nuestros adolescentes y mostrarles que hay otras opciones que pueden elegir, sin la necesidad de sacrificar etapas», expone Acosta.

Un poco más de la ley:

La Ley No. 659 del 1944 sobre Actos del Estado Civil define el matrimonio, en su artículo 55, como un contrato mediante el cual un hombre y una mujer han dado libre consentimiento para casarse, y que son capaces, según la ley, para verificar dicho acto. Sin embargo, debemos preguntarnos que significa «capaces» o más bien, qué es la capacidad a la luz de la legislación dominicana. El artículo 488 del Código Civil de la República Dominicana indica claramente que la capacidad para todos los actos de la vida civil se adquiere a los 18 años cumplidos, esto quiere decir, que el mismo Código Civil, en su antiguo artículo 144, se contradecía al establecer que un hombre al cumplir los 18 años y una mujer al cumplir los 15 años estaban capacitados para contraer matrimonio. Además, el artículo 145 consiguiente, le daba facultad al Gobierno de conceder dispensas de edad por motivos graves, pero tampoco enumeraba cuales podrían ser esos motivos «graves», por lo que se dejaba a la imaginación de cualquier gobernante decidir lo que podría ser «grave».

2021 nos llegó con buenas nuevas para el futuro de la mujer. Uno esperanzador que mejorará a base de la educación. Sí, la gran puerta de la igualdad definitiva.

Patricia Acosta
Patricia Acosta
Comunicador Social y Periodista Entendí desde muy pequeña el poder que tiene la palabra, mejor aún, plasmarla con sentimiento para transmitir las emociones del arte. Quiero ser más humana, sonreír más, ser agradecida y ser mejor persona.

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