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¿Llegó a su fin la cultura celebrity?

Con la familia más mediática de la historia anunciando el cese de las grabaciones de su famoso reality show, surge una necesaria pregunta que, desde los entornos del entertainment world, influye en nuestro día a día.

Se veía venir, aunque no estaba muy claro. Caímos sumergidos en una realidad tan particular, que, a primera vista, no podríamos distinguir muy bien cuándo y cómo comenzó todo. De repente, las celebridades que, desde los maravillosos años de Hollywood se proyectaban abiertamente influyentes, se convirtieron en los nuevos dioses y diosas de una especie de Olimpo de la vida real.

El cine ha sido, por tradición, la cantera de celebridades. El llamado star system fue una creación para que los demás mortales, dígase todo aquel que estuviese del otro lado de la pantalla, observara y sintiera a esas personas, que encarnaban otras vidas en las películas, como verdaderamente inalcanzables, de ahí el mote de “estrellas” y “superestrellas” para aquellos que brillan, destellan y están tan lejos que no los puedes ni tocar.

En algún punto, el “Famoso por ser famoso” se convirtió en algo totalmente normal.

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Las revistas o tabloides contribuyeron al esquema. Los creadores del negocio vieron crecer rápidamente sus dividendos al ponerlas en sus portadas. Era como si, al comprar una edición, el público pudiese tener acceso a sus famosos favoritos. Esta prensa especializada entendió que exagerando, y hasta inventando los hechos, captaban más atención, por lo que el amarillismo les ayudaba a vender más.

Se podría decir que este fue, oficialmente, el principio de lo que, años más tarde, viviríamos con una total normalidad. En algún punto, el “Famoso por ser famoso” se convirtió en algo totalmente normal. Si bien años atrás se ameritaba de algún talento, así fuera mínimo para formar parte de este prestigioso club, una nueva generación llegó con las ansias, aunque no siempre con el talento, dispuesta a cambiar por completo las reglas del juego.

En determinado momento de la historia, pleno apogeo de la industria del entretenimiento,
entra a la escena una rica y rubia heredera. Se puede afirmar que con Paris Hilton inició, de manera oficial, toda esta tendencia que llevaba por bandera la sed de fama y que, aún sin ninguna habilidad para cantar, bailar o actuar, con un buen publicista y una certera estrategia mediática, famosa o famoso podrías ser.

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En su libro “Vida Líquida” (2005), el sociólogo polaco Zygmunt Bauman cita a Daniel Boorstin con su frase, fechada en 1961: “El famoso o famosa es una persona conocida
por ser muy conocida”. La fama como tal, según Bauman, siempre ha existido desde el principio de los tiempos, lo que han cambiado son los estereotipos.

“A diferencia de los mártires y los héroes, cuya fama derivaba de sus actos y era luego mantenida viva a fin de conmemorar aquellos hechos, repetir y reafirmar su duradera importancia, los motivos que llevaron a los famosos a estar en el candelero público son las causas menos importantes de su celebridad. El factor decisivo, en ese sentido, es su notoriedad, la abundancia de imágenes suyas y la frecuencia con la que se mencionan sus nombres en los programas de radio y televisión, y las conversaciones que siguen a estos. Las celebridades están en boca de todos, sus nombres son familiares en todas las familias”, explica Bauman.

Y a esto se le agrega el culto en torno a los célebres. Es una industria que encuentra su capital en la creación constante de noticias en torno a sus vidas, lo que hacen y lo que dejan de hacer, lo que visten y cómo lo convierten en moda.

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Si bien Paris Hilton no poseía ningún talento artístico como tal, en torno a ese “famosa por ser famosa” construyó un imperio de perfumería y artículos de belleza. Digamos que, de
alguna manera, “oficializó” la fórmula “No canto, no bailo y no actúo, pero tengo carisma,
me siguen millones de personas y eso es todo lo que cuenta para ganar mis 15 minutos
de fama”, como expresara el visionario Andy Warhol. Pero si Hilton descubrió los números, una de sus amigas más cercanas se la tomó prestada, potenciándola de modo que no solo ella se alimentaba de la fama que creaba, sino también su entorno más cercano.

Se trata de Kim Kardashian y su familia, hoy por hoy conocidos como el Clan Kardashian-Jenner. Amadas por unos, odiadas por otros, durante años se mantuvo el debate acerca de la legitimidad de tanta celebridad. Así como Hilton, una prácticamente anónima Kim Kardashian saltó a la fama a través de un video porno filtrado. Su madre y mánager capitalizó el escándalo, colocando a su hija, poco a poco, en un trayecto estelar y tras ella sus demás hermanos. Es la familia más mediática en la historia del mundo del entretenimiento y todo ha quedado documentado en el reality show que los convirtió en un producto global. De ahí, cada uno ha desarrollado una potente marca personal y negocios que van a la par de sus controversiales vidas personales.

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Estemos de acuerdo o no, con su influencia han marcado toda una época.

Desde el año 2010 se transmite el reality “Keeping up with the Kardashians”. Tan solo analizando a Kim, la más famosa y líder del equipo, podemos entender la magnitud del tema. Con cirugías que exageraban la estrechez de su cintura y la amplitud de sus caderas y glúteos, estableció un ideal de belleza seguido por miles de mujeres que hacen filas en las clínicas de cirugía plástica, buscando parecerse a ella.

Y de ahí parten muchos ejemplos que influenciaron nuestra realidad, desde un transgénero, Bruce Jenner, quien cambió de sexo para convertirse en Caitlyn Jenner, hasta la más joven de los hermanos quien, con apenas 20 años, ya había construido un poderoso imperio de maquillaje.

Realidades que permeaban nuestro día a día, acrecentándose con el surgimiento de Instagram, la revolucionaria red social que puso en evidencia ese estilo de vida que nos marcó por tanto tiempo. Se trata de mostrar, de crear imágenes bellas y perfectas, de vivir (o fingir vivir ) un estilo de vida y acumular seguidores, porque eso es lo que define a la fama en estos tiempos. Todos podían lograr serlo, a golpe de foto y posteo.

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Una década de influencia.

Estamos ante un cambio extremo en el mundo, que nos llega con el nombre de “Pandemia y Cuarentena”. La cultura del entretenimiento no escapa, es más, a través de ella es como se “instala”, por decirlo de alguna forma, esa nueva realidad en la que las Kardashian y lo que representan ya no tiene mucho sentido.Muchos percibíamos que el momento de un cambio cultural se avecinaba, pero no sabíamos cómo.

El anuncio, de hace apenas unas semanas, en el que mencionan que ya dejarían de grabar su reality, nos ha ido dejando las cosas en claro: un nuevo sistema se avecina y según percibo aquellos que en lo adelante llevarán el mote, no coinciden con el modelo de celebrity que, desde la primera década del 2000, ha marcado el mundo.

¿Estamos ante el fin de la cultura celebrity?

Corresponde observar un poco más. Se trata de personalidades que, encarnando otros ideales, moverán al mundo. Mi amiga y colega, la periodista Verónica Lora, me expresa lo siguiente: “Yo lo que creo es que todos los paradigmas están cambiando, absolutamente todos. El hecho de que las Kardashian hayan decidido dejar de filmar nos da una confirmación, pero pienso que, para que esto se de, el relevo tiene que existir y, personalmente, yo no lo he visto todavía. Es posible que la nueva juventud venga con esos parámetros que se necesitan para el nuevo tipo de celebridad e influencia que este nuevo tiempo requiere. Un buen ejemplo me parece Zendaya o Greta Thunberg, es posible que estemos marcando el camino por ahí, pero todavía ese cambio radical no lo veo en la actualidad”.

Tal vez sea muy rápido para determinar cuál será ese nuevo paradigma que invadirá
nuestras pantallas, pero, de lo que sí estoy segura es de que el actual va caducando.
Ante una nueva realidad, cambian los esquemas y, por supuesto, las figuras estelares.
Nos queda observar y prepararnos para la próxima función.

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