Relatoh!s
Toda esta gente quejándose porque no podía salir. Y no hablo de los que tenían obligación y preocupación para buscar el sustento diario de sus familias, no. Hablo de los que estaban gritando, desde los balcones de los edificios, que no aguantaban la cuarentena (Sí, aunque no lo crean), y los que recurrieron a las redes para desahogar sus penas, como si quedarse en casa fuese una desgracia, una condena.
Con tantas cosas que se podían hacer, ¿Por qué no se pusieron a leer, a aprender algo nuevo en YouTube, a arreglar su armario, a jugar o conversar con sus hermanos, a ayudar en la casa, a hablar con sus padres y mirarlos a la cara, o a jugar en familia? ¿Alguna vez fregaron o limpiaron? ¿Eh? También podían ponerse al día con ustedes mismos: Si van bien o mal en la búsqueda de sus metas. O podían preocuparse o preguntarse por la situación de algún cercano y ver si podían ayudar de alguna manera y ser solidarios.
Y si todavía no encontraban qué hacer, podían recordarles a los vecinos, cada noche, puntualmente, el inicio del toque de queda con un disco de la Lupe, como la barbaraza que vive a mi lado. En fin, hacer algo más productivo que quejarse; Mirar más allá de su ombligo y pensar que, a pesar de lo cómicos que podemos ser ante situaciones difíciles, una pandemia es más que un relajo. Nos afecta a todos, a muchos: Es realmente algo serio.

