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¿Miedo al matrimonio?

¡Hasta que la muerte los separe!, una frase de mucho peso, tanto así, que puede ser un trago muy difícil de asimilar a la hora de que la fiesta y celebración termina… y toca ir a compartir un hogar con la pareja que hemos decidido iniciar una vida juntos, algo para lo que muchos no se preparan del todo. 

Pudiera pensarse que todas las mujeres sueñan con casarse y tener esa gran boda (eso no siempre sucede) y que desde niñas las preparan para esa etapa de la vida llamada matrimonio. Pero no, aunque no lo creas, si bien es cierto que el ser humano no está concebido para la vida en solitario, de vez en cuando este paso puede sorprenderles y no de buena manera.

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Tal es el caso de Viviana, luego de una relación de un lustro de noviazgo, él decidió proponerle que se casaran, a pesar del COVID-19. Los planes que ya se estaban orquestando para el evento en el que unirían sus vidas, cambiaron de golpe y porrazo… sí hubo boda, no la que habían planeado, pero en ese mismo año decidieron enlazar sus vidas en una ceremonia íntima dentro de las condiciones sanitarias que exige la pandemia. Para Viviana, la idea del matrimonio la marcó desde pequeña, cuando vio cómo su madre renunció a su vida laboral para hacerse cargo de la casa y los hijos. A medida que crecía, surgieron cuestionamientos sobre el casamiento y las responsabilidades tan desiguales que existen en el mismo; de ahí que muy temprano en su juventud decidió que ese acuerdo era algo que no le interesaba en su vida. 

Miedo al matrimonio
Young man bringing ring box for his girlfriend at his home

Estaba muy consciente de que todos los sacrificios que vio a su mamá realizar, no estaba dispuesta a hacerlos para ella. Cuando a los 22 años inició una relación sentimental con su actual esposo, estuvo convencida de que no llegaría a esa conclusión del matrimonio, primero por su negativa a ese contrato y, segundo, porque realmente no era momento para ninguno de los dos de plantearse esa posibilidad. 

“Con el inicio de mi vida marital yo viví algo que llamo “duelo de matrimonio”. Honestamente, no sé si el término existe, o si la experiencia tiene otro nombre. Pero puedo decir que esos primeros meses (que todo el mundo dice que son de luna de miel) para mí fueron parte de uno de los procesos más fuertes que he tenido que vivir en mis 29 años de vida”, confesó Viviana. 

Recuerda cómo el frío se alojó en su pecho cuando se cerró, por primera vez, la puerta del apartamento que sería el hogar de ambos, y que ella era quien despedía a los visitantes. ¡Fue terrible!, comenta que empezó a vivir (de manera unilateral) un duelo similar al que se vive cuando una relación se termina. Y es que para ella era eso, había roto su propio pacto de joven (aquel de que el matrimonio no era para ella) para hacer justo lo contrario. 

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Wedding bands in the hands of bride and groom and with beautiful wedding bouquet made of greenery and white flowers

El período de acoplo 

A esos primeros meses de adaptación, que de por sí son un poco cuesta arriba, se le sumaba el duelo interno con el que cargaba. Esa “mochila” que llevaba sola porque nunca se atrevió a decirle a su hoy esposo lo que sentía, pues consideraba que el mensaje podía diluirse y él  no entender sus razones; y más de poder creer que quizás era que no quería casarse con él (lo cual era lo más lejano a la dificultad real). 

Los meses fueron pasando, y con ellos fue aprendiendo del gran hombre con el que decidió romper esa preconcepción de su juventud y la responsabilidad marital (por ser la mujer) no ha sido más pesada que la de su pareja, ya que han asumido este proyecto 50-50. “La verdad es que, conociendo lo que ahora conozco, volvería a elegir casarme con mi hoy esposo, aunque al principio haya tenido tanto miedo”, aseguró Viviana.

La opinión experta

La profesional de la psicología clínica y experta en el duelo y la depresión, la licenciada Erika Escoto, revela que el temor a casarse sí existe, ya sea por la experiencia previa o por creencias distorsionadas y prejuicios al tema como tal. Es posible que quien tenga miedo al matrimonio pueda generar depresión, debido al malestar emocional que puede generar ante la presión social sobre ese aspecto y la crítica ante la toma de decisión de no casarse. 

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“Cada experiencia es única y no hay mejor forma de decidir que viviendo sus propias experiencias. Antes de tomar la decisión de casarse, se debe estar seguro de que se ve a futuro con esa persona, de que no se están casando por influencia de un tercero, ya que una unión da paso al nacimiento de una nueva familia, y encontrarse en una relación por compromiso sin ningún sentimiento, da paso a días tristes lo cual puede terminar en divorcio”, indicó Escoto.

La psicometrista recomienda, además, que siempre es bueno buscar consejería familiar previa al matrimonio o a la decisión de divorcio, un psicólogo familiar o de pareja puede ser muy útil en estos casos.

Presión social 

Sí, la presión social juega un papel fundamental dentro de los elementos que más pueden influir en la decisión de hacerse de un matrimonio y, a su vez, la de un divorcio, lo que puede generar mayor depresión, estrés y ansiedad en la persona. Por esto se debe entender que el paso de unir tu vida con otra persona es muy importante y solo afectará directamente a quienes viven en ese matrimonio.

Erika Escoto exhorta: “A la hora de elegir casarse o separarse, debe haber una autovaloración, analizar si realmente es lo que se desea o si se está haciendo por influencias de un tercero, al fin y al cabo, las consecuencias de cada una de las decisiones solo caerán en quien decidió, no en quien recomendó”.

En definitiva, es normal sentir “miedo” a lo que representa un cambio, se debe entender que cada proceso es distinto y que, en el caso de las mujeres y los cambios de la sociedad, cada vez se vean más distantes a vivir ciertas preconcepciones del vínculo matrimonial. Reconocer que pasará por un proceso adaptativo donde deberá reorganizar su vida, expectativas, planes e intereses es la premisa se debe tener antes de caminar al altar. 

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