En un mundo donde las tendencias cambian más rápido que un “scroll” en TikTok, hay figuras que se mantienen firmes, auténticas y con propósito. Una de ellas es Millizen Uribe, una mujer que convirtió el periodismo en un superpoder y que hoy inspira a miles de jóvenes dominicanas a contar historias… pero historias que realmente importan.
Desde niña, Millizen ya coqueteaba con las cámaras. Frente al espejo, improvisaba programas y soñaba con un micrófono real. Pero ese sueño tomó forma cuando vio en televisión un reportaje sobre la escasez de agua en su barrio… y cómo ese trabajo cambió su comunidad. “Ahí lo supe: quería dedicarme a esto el resto de mi vida”, recuerda. Lo que nadie imaginaba es que aquella niña, que casi se hace monja o psicóloga, terminaría siendo una de las voces más respetadas del país.
Mientras muchos se resistían a los cambios, Millizen apostó por el futuro: se fue a España, estudió periodismo digital y regresó con la maleta llena de ideas. Su misión: unir lo mejor de ambos mundos sin perder la esencia.
Pero liderar cambios nunca es fácil. “Algunos me vieron como enemiga por representar transformación”, confiesa. Aun así, se mantuvo firme, formando a otros periodistas y empujando una evolución que ya era inevitable.
Recientes
Y sí, hubo resistencias, críticas, momentos duros. Pero también hubo respeto, mucho respeto.
En 2024, Forbes la nombró una de las 50 mujeres más poderosas del país. Y aunque ese título suena grande —porque lo es—, Millizen lo recibió con humildad. Lo asumió no como un premio personal, sino como un mensaje:
“Este reconocimiento demuestra que elegir el camino correcto, aunque sea más largo, también tiene recompensa.”
Para muchas jóvenes, ella es prueba viviente de que sí se puede… aunque vengas “de abajo”, aunque avances lento, aunque no te vendas.
Mientras el mundo mediático se mueve entre opiniones rentables y silencios estratégicos, Millizen se ha mantenido firme. Su criterio independiente y su voz crítica la han convertido en referente.
“La gente vio que me la jugué para llevar información veraz, aunque hacer lo contrario era más rentable”, dice sin rodeos.
Y aunque muchos esperaban que cambiara con las coyunturas políticas… no pasó.
La Millizen de ayer es la misma de hoy: justa, equilibrada y frontal.

De todas las coberturas que ha hecho —tragedias, crisis, migración, pandemia— hay una que la marcó para siempre: el caso de la niña Emailing Coronado.
La fuerza de su voz (y la de Edith Febles) hizo que las autoridades modificaran protocolos en casos de maltrato infantil.
“No pudimos devolverle la vida, pero ayudamos a salvar otras. Esa es la mayor satisfacción”.
Ese momento reafirmó lo que siempre ha creído: el periodismo puede salvar vidas.
Cuando da clases o mentorías, no habla de fama ni seguidores. Empieza directo:
“¿Para qué quieres ser periodista?”
Porque para ella, el periodismo no es una vitrina. Es una responsabilidad.
Es un poder, y se usa pensando en los demás, no en uno mismo.
Millizen reconoce que no seguir modas le ha costado oportunidades, pero también le ha dado algo que no se compra: credibilidad.
La gente la escucha, las jóvenes la buscan y los políticos la respetan (aunque duela).
Y ese impacto, dice, es lo que la impulsa a seguir fiel a sus valores, sin filtros ni disfraces.
¿El legado de Millizen?
Aunque dice que aún es temprano para hablar de legado (humilde la chica), tiene claro que su historia deja tres enseñanzas poderosas:
✨ A los jóvenes y a las mujeres hay que abrirles espacios.
✨ La educación pública funciona.
✨ El contenido de calidad todavía importa.
Y sí, quiere que más mujeres negras y más jóvenes de barrio ocupen su espacio en los medios. Porque el talento está ahí. Solo hay que abrir la puerta.
Lo que viene para Millizen…
Millizen siente que aún no ha llegado a su máxima versión, quiere más espacios propios, con su sello: profesionalismo, calidad y enfoque social.
Y aunque a veces teme que su juventud juegue en su contra, la verdad es que hoy más que nunca se necesita una voz como la suya.
Una voz que inspire.
Una voz que cuestione.
Una voz que cuente la verdad.

