La figura de la mujer, en todas las sociedades a través de los tiempos, origina debates y divergencias en pensamientos. Y yo, siendo mujer y consultora de imagen, te invito a acompañarme en estas líneas a aprehender la situación de la mujer como un símbolo sexual y eso hasta en los deportes.
Me recuerdo cuando recién cumplía los veinte años, recibía muchos comentarios de parte de hombres de diferentes edades acerca de mi cuerpo. Ha sido de forma tal, que llegué a pensar que mi silueta triangular y curvilínea era un problema heredado. Hasta que empecé a analizar, a través de clases de cultura e historia, por qué las mujeres estamos tan expuestas.
Por mucho tiempo, las mujeres han aprendido a callarse, a fingir mucho hasta en la intimidad para demostrar una realidad que no viven para cumplir con patrones de conducta, todo para agradar al sexo opuesto que, al mismo tiempo, es juez y parte en su situación. Y sin entristecerte, no todas las mujeres –hasta hoy– son conscientes de este sistema donde representan el foco.
En un principio, había considerado el movimiento de las feministas como extremistas en búsqueda de una igualdad utópica (soñadora); sin embargo, ellas tienen el mérito de invitar a las demás a cuestionar la burbuja donde viven atrapadas. No obstante, hoy día con solo ver cómo el falocentrismo (teoría donde se cree que todo gira al entorno del hombre, principalmente de su sexo) nos está llevando al borde, entiendo que estas mujeres “mal vistas” vinieron a prender la luz a las demás para que pasemos de objetos de placer a personas respetadas, capaces, reconocidas, libres e independientes.
Diseñado por ellos
Este mundo que los hombres han diseñado, ha nutrido en la mujer un sinnúmero de situaciones, inseguridad y complejos que la hacen creer que es débil, que no puede tomar decisiones sola, que siempre debe de consultar, que es incapaz en muchos sentidos y que de voluntad propia carece. A la vez, estas conjeturas han querido hacer de la mujer un ser dedicado al bienestar y al placer del hombre. De donde la abusiva utilización de la figura de la mujer persiste en todas sus facetas hasta el día de hoy.
¿Porqué buscar placer a toda costa con el cuerpo femenino, sea verbal o visualmente? ¿Porqué dictar a la mujer cómo vestirse, cómo caminar, cómo vivir sus emociones, cómo expresarse? Crees tal vez que exagero, pero veamos este ejemplo.

La mayoría de las bebidas alcohólicas usan figuras femeninas en ferias y eventos de gran escalas. Y usualmente las mujeres las representan. Bien, pero estas vestimentas siempre provocativas resaltando los atributos físicos femeninos. ¿Realza el sabor de la bebida o evoca el sentimiento de placer y lujuria al ver a la mujer en este contexto?
El mundo de las bebidas alcohólicas ha sido un ejemplo fácil. Pero cuando vamos a los deportes, nos damos cuenta cómo la sexualización de la vestimenta es todo un tema especial.
Y justo antes de seguir, necesito que estemos de acuerdo en que la vestimenta en los deportes necesitan brindar suficiente visibilidad del cuerpo para la evaluación de los jueces del cuerpo y suficiente dignidad para la privacidad y/o intimidad del atleta.
En las olimpiadas
Partiendo de esta base, no es sorprendente que para disciplinas como gimnasia, balonmano, saltos y otros, las mujeres en los deportes a nivel profesional están reclamando el respeto a su dignidad, respeto a su cuerpo y respeto a su intimidad. ¿Por qué otros deben de decidir sobre su cuerpo mientras los hombres se mantienen suficientemente cubiertos en la misma disciplina? Y más recientemente en los Juegos olímpicos en Tokyo 2020, donde han brillado varios atletas dominicanos que felicitamos, hemos presenciados episodios que llaman a la reflexión.

Vivido de cerca en la piel del equipo de Alemania que compitió con un leotardo entero para cubrirse, y mejor aún con el equipo de Noruega, el cual fue multado por reemplazar el bikini por un short, mientras que a los hombres en la misma disciplina pueden usar pantalones cortos hasta 10 centímetros encima de la rodilla.

Estas realidades de estos juegos en pleno sigo XXI, son hechos para que las mujeres sepamos que no somos y nunca fuimos mercancía. Que los hombres no tienen ningún derecho de estar opinando sobre nuestro cuerpo ni en parte de ello. Y que al mismo tiempo las ropas diseñadas para desvestir y desnudarnos no es la norma. ¿Cuántas veces las mujeres se hacen llamar monjas, desabridas, viejas por cubrirse? Incluso son criticadas por otras mujeres por igual, cegadas por el sistema de la sexualización. Ello, sin dejar de mencionar, y no entender, las prohibiciones a la que los talibanes someten a sus mujeres…
Al final, por este medio, todo lo que deseo es que cada mujer sea consciente de quién es, qué representa y qué busca en esta vida terrenal. A la vez aplica para fama, vida en familia, vida en comunidad y el legado que después dejará. Y a cada hombre, tengo otro mensaje para recordar: que cada ser es único e independiente, por lo tanto, todos merecemos respeto. Esto propongo yo… ojalá que cada quién determine su aporte para una sociedad mejorada.

