¡No callar!

Encantador es un adjetivo que no suelo usar para definir a mucha gente. Pero él, con su dulzura y cercanía, se lo ganó. Es de esas personas vivaces que logran ser el alma de la fiesta.

Nada medido, exuberante, alegre, alocado, pero tan cálido a la vez. Lo conocí hace años, y aunque en principio no existía esa gran química –lo admito–, los años fueron logrando que mi corazón le tenga un lugar muy especial.

Recuerdo las veces que, con su necedad, me despeinaba como cual niño sacado de preescolar… y yo, enfurecida, dejaba de hablarle.

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Cada vez que pienso en él, llegan a mi mente los miles de casos de niños maltratados. Recuerdo esa noche, que, mientras manejaba (él iba de copiloto), me soltó de sopetón cómo había sido su primera experiencia sexual.  Sus palabras siguientes se han quedado eternamente guardadas en lo más profundo de mi alma.

Los abusados y abusadores sexuales están en todos lados, a veces más cerca de lo que imaginamos, pero la cultura de callar absorbe, como nube negra, miles de violaciones al día. Familiares y personas cercanas señalan el 88 % de responsables de las violaciones (según la ONU) y, en estas situaciones, casi el 100% decide no hablar.

Aún al rememorar aquella noche, se me exprime el estómago… pero la  magia  y transparencia de sus ojos –cosa que no  siempre tienes la dicha de ser testigo–, me demuestran que hablar es de luchadores.

Si sabes de un caso cercano, ¡denuncia!

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