Esa mirada penetrante que dominaba en su marcha con destellos de brillantes…
Unos expresivos ojos se mantuvieron impresionados, bailaban de un extremo a otro… bombardeados por pura e intensa adrenalina.
En sus hombros cargó las esperanzas de su destino, el de su familia, el de toda una nación que se unió persignado en la fe incansable de esperar lo mejor y no desvanecer.
Recientes
Su frondoso afro lo acarició la brisa que sentía en fracciones de segundos, esa que la escoltó para completar 400 metros en una pista de un destino lejano al suyo…
Sí, los 13,190 km existentes entre Tokio y RD no fueron demasiados para que, en cada latir de su corazón, se conectara con los de una madre en Don Gregorio, Peravia, la que allí -sentada en su casita rural- televisaba a la niña que, hace 24 años, cargó en su vientre.
Marileidy Paulino dejó en pista más que el desgaste de unas suelas de tenis, dibujó en tierra lo que su mente y alma venían soñando desde hace tiempo. Encomendada a Dios, batalló y con la energía que revoluciona a los cuerpos: la esperanza, porque esa se le encendió cuando, antes de partir, le hizo la promesa más significativa de vida a su madre: traerle una medalla olímpica.
Pero su sorpresa ha sido mayor: le trajo dos. Y con ellas el regocijo al país “ubicado en el mismo trayecto del sol”.
Gracias Marileidy por impregnar felicidad con tu paso arrollador…

