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Cambian las eras, no la fórmula: de Backstreet Boys a BTS, el fenómeno eterno de las boy bands

Del pop de los 90 al K-pop de los estadios, los boy bands mutaron de formato, de idioma y de continente, pero siguen provocando la misma fiebre. Bogotá lo comprueba esta semana.

Cambian los formatos, las plataformas y hasta el idioma en que se canta, pero hay una escena que se repite desde hace treinta años: miles de jóvenes gritando el nombre de cinco, siete u ocho chicos que bailan en perfecta sincronía. Esta semana esa escena tiene sede en la capital colombiana.

Las presentaciones de BTS previstas para el 2 y 3 de octubre en Bogotá se adelantaron un día y quedaron para el 1 y 2, con la ciudad como primera parada latinoamericana de la gira. El escenario es el Estadio El Campín. 

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Que una banda surcoreana llene estadios en Colombia habría sonado improbable en 1998. Ese año, el fenómeno hablaba inglés y tenía acento de Orlando. O hablaba español y tenía acento de Ciudad de México.

Orlando en los años 90: la fábrica del pop

La fórmula no era nueva. Antes habían pasado New Kids on the Block y Take That, y en el mundo latino Menudo ya había demostrado que el idioma no frenaba la histeria colectiva. Pero fue en la segunda mitad de los 90 cuando el modelo se volvió industria global, y buena parte de esa industria salió de Florida, de la mano del empresario Lou Pearlman, quien años después sería condenado por fraude.

De sus manos salieron las dos bandas que dividieron al planeta adolescente.

Backstreet Boys, con Nick Carter, AJ McLean, Howie D., Brian Littrell y Kevin Richardson, se consolidaron con himnos como «Everybody (Backstreet’s Back)», «As Long as You Love Me» y «I Want It That Way». Superan los 130 millones de discos vendidos y son considerados el boy band más exitoso de la historia.

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*NSYNC, con Justin Timberlake, JC Chasez, Chris Kirkpatrick, Joey Fatone y Lance Bass, eligió un camino más bailable y desfachatado, el de «Bye Bye Bye» y «It’s Gonna Be Me». Su disco No Strings Attached (2000) vendió más de 2,4 millones de copias en la primera semana, una marca que resistió década y media.

Alrededor giraba todo un ecosistema: Boyz II Men en el R&B, 98 Degrees, Westlife y Boyzone desde Irlanda. Era la época de los pósters, las revistas y la espera frente al televisor para ver el videoclip.

Y en español también se gritaba: la edad de oro de los boy bands latinos

Mientras Orlando exportaba sus ídolos, América Latina tenía los suyos, y eran igual de intensos. México fue el gran semillero.

Menudo fue la escuela de todo. El grupo puertorriqueño, con integrantes que entraban y salían al cumplir cierta edad, sentó las bases del modelo en español y lanzó a Ricky Martin al estrellato. Su sucesor, MDO, llegó al mercado en 1997 como una especie de secuela de Menudo, aunque nunca alcanzó la misma fama. 

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Magneto fue el gran referente mexicano. Nació en 1983 y se hizo popular en los 80, pero su música conquistó a toda Latinoamérica con una versión en español del tema francés «Voyage, voyage», que dio origen a «Vuela, vuela». En 1992 protagonizaron su propia película, Cambiando el destino, y la banda original se despidió en 1996 con un show a casa llena en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Entre sus éxitos, que se siguen coreando, están «Tienes magia», «Malherido» y «40 grados».

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Mercurio tomó la posta. Se formó en 1995 y se ganó el cariño de toda una generación con una propuesta más moderna y baladas pegadizas. Años después, sus integrantes se reencontraron con los de Magneto en una gira conjunta, un símbolo de cómo el pop de los 90 nunca se va del todo. 

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Y no estuvieron solos. Otros nombres que marcaron esos años fueron UFF, Ragazzi, Tierra Cero, Kairo, M5 y Los Hijos de Sánchez. Hace unos años, 31 integrantes de estos grupos se juntaron en una gira por México para repasar los éxitos de cada banda en un mismo concierto, incluso con versiones de temas de Backstreet Boys y One Direction. Para la generación que creció con ellos, fue como abrir una caja de recuerdos. 

Ya en el cambio de siglo, la fiebre se cambió a otros ritmos. Son by Four pegó con «A Puro Dolor» y los dominicano-estadounidenses de Aventura, surgidos como Los Teenagers en el Bronx, llevaron la bachata a la lista de éxitos con «Obsesión», abriendo la puerta a una nueva forma de entender el boy band latino.

El silencio y la nostalgia

Con el nuevo siglo, el género pareció agotarse. NSYNC entró en pausa en 2002 y Timberlake se lanzó a su carrera solista. El pop viró hacia otros sonidos. Sin embargo, los Backstreet Boys nunca dejaron de girar, y en la década de 2010 One Direction, nacidos en The X Factor, y los Jonas Brothers demostraron que el público adolescente siempre encuentra a sus ídolos. En 2023, NSYNC volvió con «Better Place», y las generaciones que crecieron con ellos llenaron la conversación digital de memes y recuerdos.

La conclusión era evidente: el fenómeno no había muerto, solo esperaba su siguiente forma.

Corea del Sur: el boy band se vuelve sistema

Esa forma llegó desde Asia. Desde los años 90, con grupos pioneros como H.O.T., la industria coreana entendió que un boy band podía ser mucho más que un grupo musical: un universo completo, con años de entrenamiento en canto, baile e idiomas, conceptos visuales, historias que se desarrollan álbum tras álbum y un vínculo directo con los fans a través de plataformas como Weverse.

La diferencia es profunda. El pop occidental vendía canciones. El K-pop vende procesos, y sus seguidores sienten que crecen junto a sus artistas.

BTS, el punto de quiebre

Debutaron en 2013 desde una agencia pequeña y nadie anticipaba lo que vendría. RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook llevaron a un grupo coreano al primer puesto del Billboard Hot 100 con «Dynamite» (2020), hablaron ante la ONU y consolidaron a ARMY, uno de los fandoms mejor organizados del planeta. Tras una pausa marcada por el servicio militar obligatorio, volvieron con el álbum ARIRANG y una gira mundial. Después de Bogotá, el recorrido sigue por Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires y São Paulo. Es la primera vez que BTS pisa Colombia. 

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Stray Kids, la generación que se escribe sola

Surgidos de un reality de JYP Entertainment y debutados en 2018, los ocho integrantes de Stray Kids (Bang Chan, Lee Know, Changbin, Hyunjin, Han, Felix, Seungmin e I.N) se diferencian por producir gran parte de su música a través del equipo 3RACHA. Su estilo, intenso y cercano al hip hop y al rock, los llevó a debutar varios álbumes consecutivos en el primer lugar del Billboard 200.

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ENHYPEN, nacidos frente a las cámaras

El Enhypen grupo surgió del programa I-LAND (2020), una producción de HYBE y CJ ENM. Representa a la nueva escuela: integrantes elegidos a la vista del público, una narrativa de fantasía que acompaña cada lanzamiento y una comunidad de fans, los ENGENE, que crece con rapidez. El público no solo escucha al grupo, lo ve nacer.

Con ellos conviven SEVENTEEN, TXT, ATEEZ, NCT, EXO y ZEROBASEONE, una escena en la que cada nombre construye su propia identidad.

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Lo que cambió y lo que no

Entre el Orlando de *NSYNC, el México de Magneto y el Seúl de BTS hay tres décadas de distancia. Los fans de antes compraban revistas, empapelaban sus cuartos y esperaban meses por un concierto. Los de hoy convierten un anuncio en tendencia mundial en minutos, votan en plataformas, organizan compras masivas y cruzan países para estar en un estadio. Antes se cantaba en inglés o en español; ahora millones corean en coreano sin hablarlo.

Pero el motor es el mismo. La química entre los integrantes, la coreografía como lenguaje común, la identificación con cada miembro y la sensación de pertenecer a una comunidad que defiende a «los suyos». Las eras cambian, los sellos discográficos cambian, las tecnologías cambian. El furor por los chicos que cantan y bailan, simplemente, prevalece.

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