La búsqueda de una piel más firme sin pasar por el quirófano ha convertido a la tecnología en una de las grandes aliadas de la medicina estética. Entre los tratamientos que han ganado visibilidad internacional figura Xerf, un dispositivo desarrollado en Corea del Sur que ha llamado la atención de celebridades como Kim Kardashian.
«Durante mucho tiempo, la medicina estética se ha centrado en corregir los signos visibles del envejecimiento, pero cada vez nos interesa más trabajar sobre la calidad y el soporte de los tejidos», explica Sandra Grohs, jefa de la unidad de Medicina Estética de Clínica Cemtro y doctora especialista en Clínicas Dr. Mercado.
A diferencia de lo que se lee en algunas publicaciones, Xerf no es un láser, sino un sistema de radiofrecuencia monopolar de doble frecuencia. Su objetivo es estimular la remodelación del colágeno mediante calor controlado, sin agujas ni cirugía. Pero ¿qué puede conseguir realmente y para quién está indicado?
Recientes
«Envejecer no significa solamente tener arrugas o perder volumen: también cambia la estructura de nuestra piel, su elasticidad y su firmeza», detalla la especialista sobre algunos de los puntos que trabaja este tratamiento.
«Durante mucho tiempo, la medicina estética se ha centrado en corregir los signos visibles del envejecimiento, pero cada vez nos interesa más trabajar sobre la calidad y el soporte de los tejidos», explica Grohs.
Este tratamiento combina dos frecuencias y permite seleccionar tres niveles de profundidad. La energía genera un calentamiento controlado de los tejidos con el objetivo de favorecer la remodelación del colágeno, una proteína fundamental para la resistencia y la elasticidad de la piel. El dispositivo incorpora, además, un sistema de refrigeración que protege la superficie cutánea durante la aplicación.
La tecnología se dirige tanto a la dermis como a estructuras fibrosas más profundas relacionadas con el soporte facial. Sin embargo, su finalidad no es reconstruir los tejidos ni recuperar el volumen perdido.
Esta perspectiva amplía el foco más allá de las arrugas: el envejecimiento también modifica la elasticidad y la firmeza, aunque no todas esas alteraciones responden al mismo procedimiento. «Para mí, lo interesante no es únicamente lo que puede hacer la tecnología, sino cómo podemos adaptarla a las necesidades de cada rostro», señala la especialista.
Sin agujas y sin tiempo de recuperación.
«Se realiza en consulta mediante un aplicador que transmite energía de radiofrecuencia sobre la piel. Es un procedimiento no invasivo, sin agujas y que, en nuestra práctica, realizamos sin anestesia porque no resulta necesaria», explica Grohs.
La aplicación se realiza en consulta mediante un dispositivo que se desliza sobre la piel. El procedimiento no exige interrumpir la actividad cotidiana después de la sesión. Puede aparecer un enrojecimiento leve y transitorio, pero no se producen heridas que requieran un periodo de recuperación.
La sensación durante el tratamiento es de calor, cuya tolerancia depende de cada persona. El sistema de refrigeración ayuda a mejorar la comodidad, aunque la ausencia de cirugía no significa que el procedimiento esté exento de molestias o de la necesidad de una valoración médica previa.
Los cambios tampoco se miden únicamente al salir de la consulta. Algunos pacientes pueden apreciar una mejoría inicial, pero la evolución debe valorarse durante las semanas posteriores, cuando se desarrolla la remodelación de los tejidos.
La doctora sitúa habitualmente esa evaluación entre el primer y el tercer mes, con resultados que varían según el estado de la piel y las características individuales. En cuanto a la frecuencia, Grohs suele comenzar con una sesión y esperar antes de decidir si conviene repetirla.
En su práctica, plantea una reevaluación a partir de los tres meses cuando considera que puede ser beneficiosa y, en muchos casos, una sesión anual. No se trata, sin embargo, de una pauta universal: «Todavía no existe una pauta óptima universalmente», puntualiza.
Mejor evaluar la necesidad por la calidad de la piel que por la edad.
«Me gusta insistir en que en medicina estética no deberíamos indicar tratamientos por la edad que aparece en el DNI, sino por las necesidades de cada rostro», afirma Grohs.
La selección del paciente es especialmente importante cuando el envejecimiento implica una pérdida considerable de volumen o un descolgamiento avanzado. En esos casos, el efecto que puede proporcionar una radiofrecuencia podría no responder a las expectativas, por lo que es necesario estudiar otras alternativas.
«Nuestro objetivo no debería ser tratar a todo el mundo, sino identificar a quién podemos ayudar realmente y cuándo es preferible recomendar otra alternativa», sostiene la doctora.
El tratamiento también puede formar parte de un plan que incluya otros procedimientos, como los rellenos de ácido hialurónico, siempre que se organice de forma individualizada. Ambos tienen objetivos diferentes: el relleno puede recuperar volumen o soporte cuando está indicado, mientras que Xerf se dirige a la firmeza.
La combinación requiere planificación porque el calor de la radiofrecuencia podría afectar al ácido hialurónico previamente infiltrado en determinadas circunstancias.
Por eso, antes de realizarla, el profesional debe conocer el producto empleado, la zona tratada y el tiempo transcurrido desde la infiltración. No basta con considerar que dos técnicas son compatibles para aplicarlas juntas o sin valorar sus posibles interacciones.
El efecto Kardashian
La exposición pública ha dado un impulso a Xerf. En febrero de 2026, Kim Kardashian mostró en sus historias de Instagram una sesión y describió el procedimiento como su nuevo tratamiento favorito para tensar la piel.
En mayo, Priyanka Chopra Jonas compartió un vídeo durante una sesión realizada en una prestigiosa clínica en San Diego. Estas apariciones permiten documentar el interés de ambas por el procedimiento, pero no demuestran por sí mismas su eficacia ni permiten atribuir el aspecto de su piel a una sola técnica.
En medicina estética, una misma persona puede recurrir a tratamientos distintos para abordar problemas diferentes.
«Es cierto que Xerf ha despertado un gran interés internacional, especialmente después de que celebridades como Kim Kardashian compartieran su experiencia. Pero debemos tener cuidado con atribuir el aspecto de la piel de una persona a un único tratamiento», recuerda Grohs.
La radiofrecuencia tampoco está indicada para corregir todas las alteraciones cutáneas. No es un procedimiento específico para eliminar manchas, tratar el melasma o revertir el daño solar, cuestiones que pueden requerir otras intervenciones.
En un momento en el que las novedades estéticas se difunden rápidamente a través de las redes sociales, Grohs insiste en que el objetivo no debería ser reproducir el aspecto de una celebridad, sino decidir qué necesita cada rostro.
«La piel de una celebridad no debería convertirse en nuestro objetivo estético. Lo importante es conseguir mantener y mimar nuestra propia piel, respetando sus características y nuestra identidad», concluye.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

