Lo que comenzó como una búsqueda personal de sanación terminó convirtiéndose en Pocono Vintage Home, un proyecto familiar que hoy inspira una nueva etapa profesional: ayudar a otros a crear experiencias que conecten de verdad.
A veces, los proyectos que más nos transforman nacen cuando menos lo esperamos. No siempre parten de una estrategia de negocios ni de una idea que llevamos años planeando. Algunos aparecen en medio de los cambios, las pérdidas y la necesidad de encontrar un nuevo rumbo. Así nació Pocono Vintage Home, la casa con la que Channy García descubrió que su vocación de servicio podía convertirse en una forma diferente de hacer negocios.
Su historia con la hospitalidad comenzó mucho antes de abrir las puertas de su propiedad vacacional. Durante su trayectoria en el área de salud mental, aprendió que la empatía, la escucha y los pequeños gestos podían marcar una diferencia en la vida de las personas.
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“Yo entendí que ese don que tenía de servicio, más que un don, era una habilidad. Y esa habilidad la transformé en negocio”, cuenta.
Sin imaginarlo, aquella experiencia le estaba dando las herramientas para construir algo propio. Sin embargo, el camino hacia ese proyecto estaría marcado por una de las etapas más difíciles de su vida.
Cuando su padre fue diagnosticado con cáncer, Channy decidió asumir su cuidado y llevarlo a vivir con ella. Adaptó una habitación de su hogar para acompañarlo durante el tratamiento, poniendo en práctica esa vocación de servicio que siempre la ha caracterizado.
Tras su fallecimiento, atravesó un duelo que se sumó a la preocupación por las personas a las que había acompañado durante su trabajo en salud mental. No se sentía preparada para regresar a esa rutina y necesitaba tiempo para procesar todo lo vivido.
Fue entonces cuando surgió la oportunidad de transformar una propiedad familiar en un alojamiento vacacional. La casa permaneció vacía durante aproximadamente seis meses, hasta que Channy comenzó a imaginar lo que podía llegar a ser.

“Yo dije: esta casa tiene que sanar”, recuerda.
Con esa idea como punto de partida, empezó a decorar cada espacio desde sus propias vivencias y su manera de entender las conexiones humanas. Así nació Pocono Vintage Home, una propiedad donde los objetos antiguos, los detalles personalizados y las historias familiares forman parte de la experiencia.
Para Channy, lo vintage no significa simplemente algo viejo. Es una manera de volver a las raíces y recuperar elementos que permiten conectar con otras generaciones.
Por eso, en la casa conviven piezas que despiertan la curiosidad, libros escritos por sus hijas y obras creadas por su madre, quien también ha aportado su talento artístico a la decoración. Cada rincón lleva un poco de la esencia familiar.
Uno de los detalles más especiales es una estación navideña con una máquina de escribir para que los niños puedan redactar sus cartas a Santa. La idea se hizo viral en redes sociales y representa muy bien lo que Channy busca: crear oportunidades para que las personas compartan, conversen y descubran algo nuevo juntas.
También están las cartas escritas a mano que reciben los huéspedes, los pequeños obsequios personalizados y las mermeladas que prepara con frutas de los árboles de su hogar. Son gestos que van más allá de cumplir con las expectativas de una estadía; buscan hacer sentir a cada persona que ha sido recibida de manera especial.
Y aunque Pocono Vintage Home ha conseguido reconocimiento y excelentes comentarios de sus visitantes, para Channy el verdadero valor del proyecto está en aquello que sucede entre las personas.
Su familia también ha sido parte fundamental de ese crecimiento. Su madre, sus hijas y su esposo han contribuido a construir una experiencia que no responde únicamente a una visión individual, sino a todo lo que comparten como familia.

El crecimiento de Pocono Vintage Home despertó el interés de otros anfitriones que querían conocer la fórmula detrás de su propuesta. Channy comenzó a compartir sus conocimientos a través de mentorías gratuitas, hasta que la cantidad de consultas la llevó a organizar esa labor en un nuevo proyecto: Channy García Collective.
Esta marca personal amplía su experiencia más allá de los alojamientos vacacionales. Su objetivo es acompañar a emprendedores, restaurantes, salones de belleza y marcas personales que buscan diferenciarse a través de experiencias auténticas.
Su enfoque parte de una idea clara: ofrecer un buen servicio es importante, pero conseguir que alguien se sienta conectado con una marca puede cambiar por completo la relación con ese cliente.
“Porque el servicio lo tenemos todas. El servicio es cumplir con lo básico, pero conectar es ese sentimiento que te hace volver”, explica.
Desde su perspectiva, uno de los errores más frecuentes de los negocios es mirar constantemente hacia afuera para descubrir qué está de moda y luego intentar replicarlo. En ese proceso, advierte, muchas propuestas terminan pareciéndose y pierden de vista aquello que las hace únicas.
Su recomendación es comenzar por la propia historia: entender por qué nació el negocio, qué lo motiva y qué quiere transmitir. A partir de ahí, es posible diseñar una experiencia coherente con su identidad, en lugar de incorporar ideas que funcionan para otros, pero que no necesariamente representan su esencia.
Channy también reconoce que no basta con crear una experiencia atractiva una sola vez. Para que funcione, debe mantenerse en el tiempo y formar parte de la manera habitual en que el negocio se relaciona con su público.



Con Channy García Collective, busca ayudar a otros a descubrir ese valor diferenciador y convertirlo en parte de su propuesta.
Si tuviera que definir el momento que vive actualmente en una palabra, Channy lo tiene claro: crecimiento.
Pocono Vintage Home le permitió canalizar una etapa personal y encontrar un nuevo propósito, pero también abrió una puerta que no imaginaba cuando comenzó a decorar aquella casa. Hoy, esa experiencia se ha convertido en el punto de partida de una nueva faceta profesional.
Entre sus planes está desarrollar talleres dirigidos a emprendedores y negocios establecidos que quieran fortalecer su propuesta, reinventarse o encontrar una conexión más genuina con sus clientes.
El nombre de su marca tampoco es casualidad. La palabra Collective representa a su familia y a todas las personas que han contribuido a su camino, pero también refleja su intención de crear una comunidad donde diferentes talentos puedan compartir conocimientos y crecer juntos.
“Yo reconozco que sola no llegué. Por eso le puse Collective”, afirma.
Después de todo lo vivido, Channy sigue convencida de que la empatía es una parte esencial de cualquier proyecto. Para ella, el éxito no se limita a los resultados económicos ni a la posición que alcance una marca, sino que también se encuentra en la capacidad de acompañar a otros y dejar algo positivo en sus vidas.
Su historia demuestra que una casa puede convertirse en mucho más que un alojamiento y que una experiencia personal puede abrir caminos que antes parecían impensables. En su caso, aquella necesidad de sanar terminó convirtiéndose en una oportunidad para conectar, compartir y ayudar a otros a encontrar su propia manera de hacer las cosas.
Porque, al final, lo que distingue una experiencia no siempre es lo que tiene un lugar, sino cómo te hace sentir y qué te llevas contigo cuando te vas.

