El ganador de la primera temporada de The Voice Dominicana prepara su primer álbum, un recorrido musical por el desamor que también refleja su evolución artística y sus ganas de experimentar sin etiquetas.
Todavía le cuesta procesarlo, cuando Yohan recuerda el momento en que anunciaron su nombre como ganador de la primera temporada de The Voice Dominicana, vuelve a sentir aquella mezcla de sorpresa e incredulidad. De hecho, confiesa que, segundos antes del anuncio, estaba pensando en cómo disimular su decepción si ganaba otra persona. Pero escuchó su nombre y todo cambió.
Hoy reconoce que el concurso fue mucho más que una competencia. Fue una escuela que le enseñó a enfrentarse al escenario, a las opiniones del público y, sobre todo, a disfrutar su trabajo sin depender de la aprobación de los demás. ¨Salí de ahí entrenado para saber que lo que yo hago tengo que disfrutármelo yo¨, cuenta.

Aunque está orgulloso de llevar consigo la etiqueta de ganador, siente que ha cambiado mucho desde aquella primera presentación. Si pudiera repetir la experiencia, lo haría sin dudarlo, pero con una diferencia: llegaría con mayor apertura a explorar otros géneros. En sus inicios, salir de su zona de confort podía generarle inseguridad; ahora entiende que la música ofrece infinitas posibilidades y que experimentar también es parte de encontrar una identidad.
Esa evolución se refleja en el momento que vive actualmente. Después de lanzar sus primeros sencillos y conectar con el público a través de la radio, Yohan encontró en la bachata un espacio para seguir desarrollándose. ¨Villano¨, uno de sus temas más significativos, marcó sus primeros 100 mil streams y le permitió comprobar que su música comenzaba a formar parte de las listas de reproducción y del día a día de los oyentes.
Luego llegó una noticia que recuerda con especial emoción: su firma con La Oreja Media. La llamada ocurrió mientras estaba de compras con Mariú, parte fundamental de su equipo. Cuando le comunicaron que la disquera quería trabajar con él, ambos terminaron llorando. Era uno de esos momentos en los que los planes que antes parecían lejanos comenzaban a tomar forma.
Desde enero de 2025 trabaja en su primer álbum, un proyecto homónimo de nueve canciones que nació de una experiencia muy personal: el desamor.



El proceso incluyó un campamento de composición de dos semanas, con jornadas de seis horas y la participación de músicos y compositores cercanos al artista. Juntos construyeron una historia que comienza con la ilusión de estar enamorado y avanza hasta la despedida definitiva.
La bachata es el sonido principal, pero no el único. Hay versiones románticas y tradicionales del género, además de merengue, mambo, balada y un bolero que ocupa un lugar muy especial para Yohan, inspirado en parte por su admiración por Luis Miguel.
La última canción, ¨Siempre me dolerás¨, cierra ese recorrido emocional con la aceptación de una relación que no pudo funcionar. Es, según cuenta, una de las piezas que más le remueve por su carga sentimental.
Aunque la balada pop sigue siendo su género favorito, el cantante tiene otros sonidos en la mira. Sueña con experimentar con R&B y pop funk, convencido de que las mejores posibilidades aparecen cuando se permite mezclar influencias. Entre los artistas con los que le gustaría colaborar menciona a Techy Fatule, Vicente García, Juan Luis Guerra, Kany García, Sebastián Yatra, Rosalía y Nathy Peluso.
Y sus planes no terminan con este lanzamiento: ya trabaja en otra producción completamente escrita por él, con una propuesta mucho más experimental.
Fuera del estudio, la creatividad de Yohan encuentra espacio en la fotografía, el diseño gráfico, la moda y la dirección creativa. Actualmente termina sus estudios universitarios y procura involucrarse personalmente en la identidad visual de sus proyectos, incluyendo sus videoclips.


En cuanto a su estilo, disfruta experimentar y elegir prendas que no necesariamente siguen lo convencional. Sus zapatos de gran tamaño se convirtieron en tema de conversación en redes sociales, incluso por encima de su actuación. Lejos de molestarse, decidió divertirse con los comentarios y hacer contenido sobre ellos.
¨Voy a hacer lo mejor que yo pueda y me voy a vestir como yo quiera¨, afirma. Una filosofía que también aplica a su música: no todo tiene que gustarle a todo el mundo.
En su clóset no faltan el negro, el verde, el rojo vino y el amarillo mostaza, cuatro colores con los que disfruta jugar al momento de vestirse.
Hoy Yohan está concentrado en construir una carrera que le permita explorar todas sus facetas. Ya no se trata únicamente de demostrar lo que puede hacer con su voz, sino de descubrir hasta dónde puede llegar cuando se permite experimentar, cambiar de ritmo y, sobre todo, ser él mismo.

