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Cambio de estación

En la autovía solo diferenciaba una línea blanca que amenazaba por desaparecer.
Ella jugaba a ir y venir, no anunciaba su llegada, ni su salida… y mucho menos su itinerancia constante. 

Era lo más cierto de su cuento: su estancia era pasajera y al irse, no había garantía de su regreso. Su visual se sumergía en el sentir del alma, se quedaba registrada esa punzante e intensa visita, en los días donde la placidez la acompañaba y se dejaba atrapar de su esencia…. Porque así creía lo era. 

Nunca supo descifrar su algoritmo, ni mucho menos comprender la ausencia acuífera de su ser.. la sequedad bautizaba aquella línea con esa frialdad cortante, punzante y penetrante. 

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Pasó de blanco a negro con tan solo un respiro, un simple palpitar, una sola palabra. Eso era lo atrapante e inevitablemente sufrible…

Entre el sol y la aridez de ese trecho alucinante se encontraba ella, a la espera de que el viento la chocase y acariciara para vivir juntos el renacer de la primavera. 

En el pecado de su badana, se hundió, se enterró… e intuyó el hermoso cambio de estación. 

P.D. Las grandes decisiones, arrastran cambios, aún mayores. A veces, dejar ir está bien.

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