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Huesos al aire: la nueva tendencia de las celebridades y su afán de ser extremadamente delgadas

Desde el año 2025 se ha visto a las celebridades inundar las redes sociales con fotografías en premiaciones, pasarelas o lugares públicas luciendo extremadamente delgadas. La cantante Arianna Grande fue la primera en seguir está tendencia y la que ha recibido la mayor parte de la crítica debido a su físico esquelético.

A ella se le unieron Demi Moore, Angelina Jolie, Anya Taylor Joy  Victoria Beckham y Jenna Ortega

En cada alfombra roja, en cada gira de prensa, en cada sesión de fotos, el mensaje se repite sin decirse con palabras; hay que ser menos. Ocupar menos espacio, desaparecer un poco.

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La delgadez extrema no es nueva en Hollywood, en los años noventa se popularizó esta tendencia de mostrar “los huesos”, costillas al aire, los huesos del torso y brazos extremadamente delgados. 

Pero después de un breve periodo en el que la industria parecía moverse aunque fuera por marketing  hacia la diversidad corporal, la espiral volvió. Y esta vez tiene nombre de medicamento.

La alfombra roja de los Globos de Oro 2026 fue un desfile de abdómenes planos, brazos de palillo, mandíbulas marcadas y clavículas que competían en protagonismo con los vestidos. De Selena Gómez a Kate Hudson, pasando por Ayo Edebiri y Ariana Grande, las escápulas se veían afiladas, los senos minimizados, las cinturas extremadamente marcadas.

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En el reporte de la revista Hollywood Buzz, explica que esta tendencia también se puso de moda en el siglo 19, cuando la desnutrición inducida por la tuberculosis y la palidez extrema se convirtieron en el nuevo statement de belleza. 

Hoy en día la delgadez extrema volvió, y esta vez se empaquetó como aspiración. Arianna Grande y Cynthia Erivo aparecieron  en todos lados promoviendo Wicked  entrevistas, sesiones de fotos, eventos de alfombra roja  con cuerpos que generan tanto miedo como admiración.

En redes sociales, la reacción fue inmediata y categórica: «Hollywood volvió a exigir la estética de piel y huesos. Y habíamos llegado tan lejos.»

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Las figuras en el centro del debate

Ariana Grande encendió alarmas globales durante la gira de prensa de Wicked: For Good, y en su reciente video “Petals”,  cuando fans notaron que lucía «huesuda» y «vaciada». Su coprotagonista Cynthia Erivo enfrentó comentarios similares, Grande respondió con calma pero con firmeza, recordando que lleva siendo observada desde los 16 años y que siempre hay algo «mal» en su cuerpo según quien mire.

Después de este revuelo las aguas se apaciguaron un poco, pero la entrevista de Jenna Ortega para la revista Esquire generó preocupación al presentarse con un cuerpo extremadamente delgado, con el rostro hundido y las clavículas prominentes. 

La actriz también reveló que de niña llegaba a pasar días enteros sin comer ni beber en los sets de grabación, por miedo a inconveniar al equipo. El comentario pasó casi inadvertido, pero dice mucho sobre cómo la industria condiciona la relación con el cuerpo desde muy temprano.

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Demi Moore fue observada con preocupación durante la temporada de premios 2025. Su vestido sin mangas en los Actor Awards concentró la atención en su figura. «Qué triste. No la reconozco», escribió un usuario. Otra persona preguntó: «¿Este es el nuevo estándar de belleza en la industria? ¿Parecer un esqueleto?» La ironía es difícil de ignorar: Moore protagonizó The Substance, película de terror corporal que critica exactamente esa presión sobre el cuerpo de las mujeres en Hollywood. 

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Emma Stone, Anya Taylor-Joy y una larga lista de nombres completaron el panorama de una industria que volvió a premiar, visibilizar y alfombrar roja a un solo tipo de cuerpo.

Los años 2000,  cuando esto se inventó (o se reinventó)

Para entender lo que pasa hoy hay que volver al pasado. La glorificación de la delgadez extrema no nació con el Ozempic ni con TikTok. Tiene raíces profundas en la moda y el entretenimiento de hace tres décadas.

El término Heroin Chic surgió a principios de los años 90 para describir modelos de aspecto extremadamente delgado, pálido y de ojos hundidos, rasgos asociados al uso de heroína. La estética glamorizó esa fragilidad y convirtió la delgadez en el máximo ideal de belleza. Íconos como Kate Moss encarnaron esa era. 

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Luego vino la estética Y2K: pantalones de tiro bajísimo, tops de bebé y diminutos tops de bandana aparecían en cada edición de Vogue. Las reinas de las MTV VMAs de 2002  Christina Aguilera, Britney Spears y Paris Hilton  marcaban el estándar visual. La silueta se fue adelgazando de manera alarmante.

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La popularidad de los jeans de tiro bajo coincidió con una cultura de dietas restrictivas y estándares corporales irreales. Ver las caderas prominentes, el abdomen completamente plano y las costillas visibles no era una señal de advertencia: era la meta estética de toda una época. Las revistas de la época publicaban «consejos» para perder peso que hoy serían clasificados directamente como promotores de trastornos alimentarios.

El Heroin Chic nunca fue solo sobre ropa o estética: era sobre privilegiar el cuerpo hiper-delgado. Como lo describió la periodista Meaghan Ray: «Era menos sobre moda y más sobre celebrar cuerpos delgados. De hecho, el cuerpo era la moda.» 

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Los años 2010 trajeron un paréntesis. El ascenso de las Kardashian reorientó el ideal hacia formas más curvilíneas, y el movimiento body positive ganó terreno real en redes sociales. Pero fue eso: un paréntesis. No un cambio estructural.

Con el regreso del Y2K llegaron también sus fantasmas. En TikTok, el hashtag #Y2KSkinny acumuló millones de vistas, reviviendo explícitamente el ideal ultra-delgado que muchas millennials creían haber dejado atrás. Para quienes crecieron en la era del Heroin Chic, ver eso no es nostalgia: es una señal de alarma. 

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El Ozempic, el acelerador de una tendencia que ya venía

Mientras el ideal de la delgadez extrema domina cada portada de revista y cada gira de prensa, las drogas para adelgazar como el Ozempic y el Wegovy se volvieron omnipresentes. Tan accesibles que las personas las usan sin calificar médicamente para ellas, no por diabetes ni por problemas de salud documentados, sino para perseguir ese cuerpo que aparece en todas las redes. 

La ansiedad alrededor de los cuerpos de las celebridades creció en paralelo con la expansión de los medicamentos GLP-1. Compuestos como la semaglutida y la tirzepatida, desarrollados originalmente para tratar la diabetes, se convirtieron en herramientas masivas de control de peso. 

Cuando estrellas de la talla de Ariana Grande y Cynthia Erivo se achican simultáneamente hasta tamaños que preocupan, se activa un contagio social real en torno a la pérdida de peso extrema. TikTok bloqueó el hashtag #SkinnyTok, pero el contenido demostró ser imposible de suprimir. 

Los peligros reales de esta moda

Hablar de «tendencia» o «estética» puede hacer que todo suene más liviano de lo que es. Pero detrás de esas imágenes de clavículas marcadas y brazos de palillo hay consecuencias concretas, documentadas y en algunos casos irreversibles.

Según un artículo del diario “The Nightly”, los especialistas advierten sobre el daño en la densidad ósea y el daño orgánico que acompañan los cuadros de delgadez extrema. Y recuerdan algo que se dice poco: la anorexia es la principal causa de muerte entre todas las enfermedades mentales. Menos del 30% de las personas se recupera de ella una vez que se instala. 

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Mientras que Shotlee en su escrito abordó a Nutricionistas y estilistas que trabajan con celebridades detectan señales de desgaste muscular y malnutrición. La búsqueda de adelgazar no distingue entre grasa y músculo. «Una vez que sos delgado, la persecución no se detiene», advirtió una fuente de la industria. 

Cuando el Ozempic suprime el apetito hasta un punto donde comer se siente imposible o indeseable, puede imitar y reforzar los patrones de la anorexia. Las personas pueden desarrollar ansiedad ante la idea de dejar el medicamento, perpetuando los mismos ciclos de vergüenza, control y evitación que caracterizan a los trastornos alimentarios. Así lo señala el portal Selah House  

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Los efectos secundarios documentados del Ozempic incluyen tumores de tiroides, cáncer, problemas de páncreas y riñón, problemas de visión, y riesgos aún no bien estudiados en mujeres embarazadas. 

Sharon Osbourne, una de las pocas voces de la industria en hablar con honestidad, lo describió así: «Preferiría estar un poco más grande, pero ya no puedo subir de peso. No sé qué le hizo a mi metabolismo.» Un testimonio que resume el horizonte al que puede llevar esta persecución: un cuerpo que ya no responde, un umbral que no se puede cruzar de vuelta.

Los cirujanos plásticos reportan un aumento en solicitudes de procedimientos para lograr una apariencia más delgada, especialmente entre pacientes jóvenes, lo que refleja cómo el deseo cultural por la extrema delgadez está empujando a personas cada vez más jóvenes hacia intervenciones de riesgo. 

Una industria más rápida y urgida 

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Lo que distingue este momento del de los años 2000 es la velocidad y la escala. Entonces, el ideal tardaba meses en bajar desde las pasarelas hasta las revistas y las calles. Hoy basta un post viral, una foto de alfombra roja o un reel de prensa para que el mensaje llegue a millones de adolescentes en cuestión de horas.

Ninguna de las actrices señaladas ha reconocido públicamente tener un trastorno alimentario. Sin embargo, fans y analistas coinciden en que son parte de una presión sistémica de la industria hacia cuerpos cada vez más delgados. El problema no es un cuerpo individual. Es el sistema que selecciona, celebra y alfombra roja a un solo tipo de cuerpo, una y otra vez.

La pregunta incómoda no es si tal o cual estrella está demasiado delgada. La pregunta es por qué seguimos construyendo industrias enteras sobre la idea de que el cuerpo de una mujer siempre puede y debe ser menos.

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