InicioStOh!pEntretenimientoEl gran negocio de la rivalidad femenina

El gran negocio de la rivalidad femenina

La idea para escribir este artículo llegó a mí de la manera más random, por decirlo de alguna manera. Un buen día, como quizás alguna de ustedes, me encontré extrañamente fascinada por los últimos outfits de Hailey Bieber –o Baldwin-, antes de la fastuosa boda con el astro pop de quien tomó su nuevo apellido. Hasta el momento, apenas tenía referencias de su trabajo o el por qué de su fama; Sin embargo, en cuanto a su look, no me cupo duda de que ameritaba darle seguimiento. Pero lo meramente superficial dio paso a otro tipo de búsqueda en Google, aquella en la que encontré cientos de resultados haciendo referencia a una historia digna de Hollywood, en la que dos mujeres quedaban enfrentadas por el amor de un hombre… Repetitiva historia que hoy día se torna pasada de moda, pero que toda una industria sigue capitalizando.

La rivalidad femenina: ¿Es un mito o una cruda realidad?

La relación de Selena Gómez y Justin Bieber, dos estrellas juveniles que ya comienzan a vivir su adultez, ha sido retratada por la prensa del espectáculo durante años. Ella ha sido bastante pública en cuanto su noviazgo, con más bajas que altas, a él poco se le criticaba por sus confesas infelidades. Para cerrar el ciclo, ella presentó, hace dos meses, su primer álbum de estudio en cinco años, ganando sus mejores críticas hasta la fecha. El galán se ha casado y se declara feliz con su vida marital. Los comentarios y comparaciones entre ambas mujeres no se detienen, ni en las redes sociales ni en la prensa amarillista. La misión es buscar una manera de compararlas constantemente, porque sencillamente es un contenido que vende.
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La narrativa se establece y expande, principalmente, entre los férreos seguidores, los que no han perdido oportunidad para expresarse rayando en las ofensas, al extremo que Gómez, tras la polémica suscitada por su último disco, tuvo que publicar un vídeo pidiendo que pararan las ofensas hacia el bando contrario. Es un sencillo ejemplo, dimensionado adrede en la industria del entretenimiento, la que busca constantemente producir noticias creadas por la competencia entre mujeres, que le genera millones de clicks y entradas. Así podemos encontrar otros destacados ejemplos, como el caso de Meghan Markle y Kate Middleton en la prensa británica, o la célebre historia de Jennifer Aniston vs. Angelina Jolie. Para aquellos que no recuerdan, la rivalidad entre ambas actrices de la lista A, vino encarnada en la forma de Brad Pitt, quien hacia el año 2006 era esposo de la primera.


El escándalo se hizo inmenso y, “en el mundo real”, encontrábamos quienes, a través de una camiseta, se declaraban “Team Jennifer” o “Team Angelina”. El mito de la rivalidad entre mujeres ha sido, desde siempre, alimentado por la industria del cine y otros escenarios, incluso como una forma de anteponer valores, como “la mala contra la buena” o “la fea contra la bonita”, por ejemplo, estereotipos que han encasillado a la mujer, producto de preceptos del patriarcado y la cultura del machismo.
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Esta situación lleva un arrastre en el tiempo, reflejándose en los años de desarrollo de nuestras sociedades; Es así como vemos a célebres archirrivales enfrentadas, cada una desde su bando, representando cualidades que la sociedad ha proyectado como contrarias, cuando ciertamente una mujer puede contener toda una variedad en sí misma. Uno de los ejemplos más conocidos es el de la rivalidad entre el ícono de la sensualidad, Marilyn Monroe, contra Jackeline Kennedy Onassis, quien durante sus años como primera dama de Estados Unidos, representó los ideales de perfección de la mujer de aquel entonces: Madre abnegada, esposa ideal y estandarte del buen gusto.

El cine se ha hecho eco perpetuando, en el imaginario popular, la idea de que las mujeres deben competir entre sí para ganar desde el amor de un hombre, hasta una codiciada posición laboral, algo que no sucede con el género masculino. Películas como “Mean Girls”, ya considerada un referente del tema, retrata a manera de comedia los principios que definen a la citada rivalidad. El asunto puede ser tratado ampliamente, incluso la ciencia busca explicar el por qué de algo tan primitivo. El reconocido estudio “Do human females use indirect aggression as an intrasexual competition strategy?”, de la investigadora canadiense Dra. Tracy Villencourt, explica cómo las mujeres, muchas veces, aplican una agresión indirecta contra las que consideran una competencia.
También se podría abordar el tema desde un sencillo ejemplo, al observar cómo provienen, en su mayoría de mujeres, los comentarios ofensivos en cuentas destacadas de perfiles femeninos en redes sociales. Yo diría que, más bien, es este el resultado de siglos de acondicinamiento cultural, producto de una sociedad definida por el imaginario masculino. Estas líneas se han enfocado en ese “¿Por qué?” . ¿Por qué las mujeres nos vemos enfrentadas, desde nuestro aspecto físico, hasta nuestras condiciones intelectuales? La industria del entretenimiento, que es tan solo un espejo que busca precisamente entretener, alimenta esa competencia.
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La solución para desmontar el esquema viene en una palabra que apunta a ponerse muy de moda: “Sororidad”. Define ese espíritu de hermandad, de apoyo a sus pares, que debe definir al colectivo femenino en estos días. Al cierre de esta edición, nuevos titulares enfrentaban a Selena y a Hailey, y desde aquí nos ponemos a pensar: Quitando del medio al hombre que las ha enfrentado, ¿No será que, ciertamente, tienen ellas más en común de lo que las enfrenta? Queda la pregunta abierta, sin dudas un tema interesante para la próxima clase.
 

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