Soltando…

¿Te ha pasado que tienes una amiga que solo te llama para desahogarse?

¿Que sufres sus desaciertos, sus crisis románticas y que, en los momentos cruciales, se encoleriza?

¿Te has despertado de un susto por una llamada de madrugada?

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O, ¿has salido corriendo a calmarla a su casa, pensando que pasó algo muy malo y, al llegar, resulta que vio una foto del ex con otra más delgada que ella? Y sí, es el mismo ex (ella sigue saliendo con él cuando él la busca) que llevas un tiempo aconsejándola lo deje ir…

Si tu respuesta es afirmativa al 50% de estas preguntas, te cuento que ha llegado el momento de analizar a tus “amigas”. Y de paso analizarte a ti.
¿Por qué nos obstinamos por mantener amistades a lo largo del tiempo, a sabiendas de que nada positivo aportan a nuestro mundo? ¿Por qué insistimos en cambiar a los demás y mantenemos esa esperanza de que los demás harán lo que les aconsejas?
Sí, suele ser complicado enfrentarse con ciertas “verdades a la cara”, pero como me dijo un gran amigo: “La gente tiene que ser feliz, porque este momento terrenal llamado vida… es muy corto”.

¡Vamos a soltar todo aquello nos robe nuestra paz!

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