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¿Sientes síntomas que, a veces, no son reales? Puede ser un trastorno facticio

Él sintió ciertas señales sintomáticas que daban indicios fuertes de un posible covid; pero tras pasar el pánico y discernir en tranquilidad, recapacitó de que estos surgieron cuando recibió la noticia de que debía regresar presencial a las oficinas de su trabajo.

¿Te ha pasado algo parecido? Si reconsideras tu respuesta –aunque sea en otro escenario– de seguro has «padecido» síntomas, en algún momento, que a la larga han sido autocreados. Esto podría ser un efecto de los trastornos facticios.

Consultamos al psicólogo clínico René García para aclarar las diferencias de un estado de ansiedad y los pocos conocidos trastornos facticios. Estos últimos son una alteración de tipo emocional, cognitivo y/o comportamental, caracterizados porque las personas que lo padecen sienten una necesidad patológica de sentirse enfermos o hacer lucir enfermo a alguien cercano. El diagnóstico recae siempre sobre el autor de la mentira, sea quien se muestre enfermo, o ya sea que haga parecer a un tercero bajo su cuidado o influencia como paciente de una enfermedad.

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¿Es lo mismo que padecer ansiedad?

«Es un trastorno mental serio, y el estrés puede ser uno de sus desencadenantes, junto a problemas de personalidad, o historiales traumáticos de vida, mientras que la ansiedad y los ataques de pánico son respuestas internas desorganizadas al propio estrés», responde el especialista en depresión, ansiedad y autoestima. Y continúa abundando que «los enfermos con esta patología engañan intencionalmente a otras personas, fingiendo enfermedades, llegando hasta el punto de lastimarse, provocarse síntomas, y hasta mentir sobre el uso de medicamentos ingeridos o no, con el objetivo de presentar situaciones convincentes que respalden algún diagnóstico médico (físico, psicológico, o una combinación de ambos). Frente a los médicos, estos síntomas pueden ser espectaculares y creíbles, porque estos pacientes pueden llegar a hacerse expertos en términos médicos».

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¿Es producto del estrés?

El versado en terapia adolescente destaca que el estrés y ansiedad son realidades diferentes y se confunden muchas veces. El primero es una respuesta natural adaptativa a retos y factores externos, mientras que la ansiedad es una patología, dígase una respuesta desorganizada al propio estrés. Por su lado, «los trastornos facticios no tienen una causa específica conocida, y aunque el estrés puede ser un detonante, otras variables como un trastorno grave de la personalidad, y diversos factores biopsicosociales pueden contribuir a su desarrollo».

Cómo determinar su certeza

García hace hincapié en lo importante es comprender que, para que sea un trastorno facticio, según el DSM V (Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales), deben evidenciarse los siguientes criterios:

Trastorno facticio aplicado a uno mismo

  • Falsificación de signos o síntomas físicos o psicológicos, o inducción de lesión o enfermedad, asociada a un engaño identificado.
  • El individuo se presenta a sí mismo frente a los demás como enfermo, incapacitado o lesionado.
  • El comportamiento engañoso es evidente, incluso en ausencia de una recompensa externa obvia.
  • El comportamiento no se explica mejor por otro trastorno mental, como el trastorno delirante u otro trastorno psicótico.
  • En el caso de ser aplicado a otro, la única variación de síntomas es solo cuando el individuo presenta a otro individuo (víctima) frente a los demás como enfermo, incapacitado o lesionado.   

«Los síntomas nunca pueden ser verdaderos, por ninguna causa, sino falsificados, y no deben ser medio para recompensas económicas, laborales, o legales, porque en ese caso sería simulación y no trastorno facticio», aclara el médico.

Una realidad es que a muchos nos ha pasado tener síntomas que, en realidad, no son reales. Incluso es como si la mente nos lo provocara. Pero el doctor aclara que cada cuadro de síntomas podría ser evaluado por un médico general, internista, o especialista conforme indiquen los signos. Explica que es importante saber que lo cierto o no de un síntoma, no se debe confundir con sus causas o etiología, que pueden ser atribuibles a una enfermedad orgánica, o un tema emocional o psicológico, en ambos casos son ciertos.

«Cuando hablamos de trastorno facticio, se diagnostica el trastorno una vez ha descartado otros trastornos posibles y ha encontrado pruebas concluyentes de que los síntomas han sido simulados», dice el psicólogo clínico.

Hay poca información de este tema, sin embargo existe material médico en en el Código 300.19 DSM V (F68.10 CIE-10), bien detallado en el DSM V (Manual de Diagnósticos y Estadísticos de los Trastornos Mentales) y en el CIE-10 Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades, las cuales son sus últimas versiones actualmente en uso.

Aún así, comenta que para que la enfermedad sea incluida debe seguir un estricto protocolo de estudios, comités de expertos, observaciones científicas con publicaciones longitudinales-transversales, además de meta-análisis que lleven al debate e inclusión del trastorno, y sus criterios diagnósticos de reconocimiento.

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Un problema serio

El especialista en crisis y traumas, esboza que es un problema serio y requiere de cuidado, seguimiento, y atención, debido a que el enfermo de la «necesidad de estar enfermo» cae en conductas descontrolados en su afán de mantener el engaño, y estos síntomas fingidos pueden desencadenar en complicaciones y acciones que pueden poner en riesgo la propia vida del paciente y de quienes lo rodean.

Cita el ejemplo de que una persona con una evolución del trastorno facticio puede causarse daños o lesiones, inyectarse bacterias, sustancias combustibles, heces y cualquier material que le sirva para respaldar la enfermedad que dice tener. Pueden autolesionarse, o quemarse intencionalmente, con toda conciencia para mantener el engaño.

«En el caso de que el trastorno facticio sea aplicado a otro, como lo que se llama Síndrome de Manchausen por poderes, esta enfermedad mental viene a ser una forma de maltrato infantil en madres con ese problema, o cuidadores, quienes inventan síntomas falsos o los provocan para que parezca que el niño está enfermo. Este diagnóstico puede persistir toda la vida, debido a que, por su naturaleza, puede encubrirse y estar infradiagnosticado, subregistrado, y los tratamientos no están muy claros todavía».

Los diagnósticos de trastornos facticios se pueden confirmar en la clínica cuando:

  1.  Se han descartado otros trastornos físicos reales y trastorno mental concreto.
  2. Los médicos observan o descubren pruebas de exageración, simulación, falsificación, o generación de síntomas inducidos por el propio paciente.
  3. La persona no tiene incentivos externos obvios para simular o exagerar los síntomas.

«Los médicos, en ese caso, deben derivar al paciente al psicólogo clínico, al psiquiatra, u otro profesional de la salud mental. Con el diagnóstico temprano se pueden evitar pruebas, procedimientos y tratamientos riesgosos e innecesarios».

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Tratamientos

Antes de detallar cómo proceder, el médico delimita la diferencia de este síndrome con la somatización, esta viene de soma (corporalidad de un organismo vivo) es una manifestación en síntomas físicos por factores psicológicos o emocionales. Una tensión emocional fuerte puede generar migrañas, náuseas, fatiga, dolores musculares o de espalda. «Contrariamente, en el trastorno facticio el síntoma esencial es la simulación de enfermedades o lesiones, que puede producirlas por manipulación de hechos. Asimismo, tienden a exagerar y agravar los síntomas de alguna enfermedad o de discapacidades, con el objetivo de engañar a otros, por su necesidad patológica de estar enfermo, o de mostrar enfermo a alguien más».

Sobre el tratamiento, dice que no hay uno específico. Y asegura que uno importante consiste en que el especialista, o equipo multidisciplinar, logren evitar tratamientos innecesarios, los cuales son buscados y deseados por los pacientes por la esencia del trastorno, para quienes el ingreso hospitalario y ser tratados medicamente por síntomas creados, es parte de la patología.

«Aun así, la psicoterapia, en particular la terapia cognitivo-conductual, puede ser beneficiosa. La reestructuración del pensamiento y cambio conductual de la persona son importantes. La medicación también para mejorar la calidad de vida del paciente, la cual debe ser indicada con sumo cuidado y seguimiento», apunta.

El médico recomienda a los familiares llevar registros de los antecedentes médicos del paciente. Observar las conductas y circunstancias relacionadas al trastorno para buscar la ayuda oportuna. Tener pendiente eventos importantes, traumas, pérdidas y toda ocurrencia significativa en el familiar enfermo; e informarse sobre los medicamentos que toma el familiar actualmente, incluso suplementos y medicamentos de venta libre.

Si crees que alguien cercano a ti pudiera estar presentando señales similares, García te deja estas recomendaciones:

  1.  Acercarse de manera empática y amable, y tener una conversación expresándole sus preocupaciones.
  2.  Evitar el enojo, las etiquetas, los juicios de valor.
  3. No caer en las confrontaciones ni amenazas con el posible paciente.
  4.  Incentivar actividades saludables, productivas, creativas, en vez de dirigir la temática en las creencias y conductas disfuncionales.
  5.  Ofrecer amor incondicional, apoyo, sentido de pertenencia.
  6.  Colaborar con la búsqueda de un tratamiento sin estigmatizar a la persona.
  7.  Contactar al 911 en caso de conducta peligrosa o que atente contra su vida para que reciba asistencia de emergencia.

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