Un simple juego del karma me sacudió mientras deambulaba sin notar “la magia” que rondaba en mi orbe. Esa que provoca eventualidades sin explicaciones lógicas y que se separa, de manera abrumadora, de los límites de cualquier entendimiento humano.
Las energías navegan entre los sentidos con direcciones divergentes para dirigirse, sorpresivamente, a las coordenadas exactas, esas que a cada quien le corresponden, haciendo eco al refrán popular de que “lo que está para ti, ni que te quites…”.
¡¿A quién no le ha pasado?!
Con una búsqueda rápida en la memoria emotiva, recordarás algún evento pasmoso de tu vida. Los que simplemente ocurren porque las constelaciones apuntaron, muchísimo antes de que pudieras imaginarlo, a tu destino.
Recientes
No hablo, en lo absoluto, de sentarte en un mueble patas arriba y no “intencionar” con tus actos (aplica en todas las áreas). Pero lo cierto es que hay un elemento mayor que nos coloca, a su tiempo, en el instante idóneo. Piénsalo, porque a todos nos ha ocurrido un momento supremo para agradecerle al universo.
En mi caso, por diosidencias de la vida, suelen acontecer en octubre, en ese mes me han fichado bendiciones extraordinarias en el plano sentimental. Un octubre conocí a mi esposo, de la manera más inconcebible que puedan imaginarse: la picadura de un mosquito endémico de África nos unió en un país lejano al nuestro y la casualidad selló nuestra unión en matrimonio en el mismo mes.
Eso de las coordenadas exactas tiene el sentido ilógico de la fe. Las mías han quedado timbradas en espacio y tiempo mucho antes de ser consciente de ello. Lo trajeron sin buscarlo y lo mantienen sin saber, a ciencia cierta, la razón de merecerlo.
Muchas utopías he escuchado por amor…. Pero solo puedo prometerle, no prometerle… ser egocéntricamente imperfecta para querer todo de él.
A ti, mi octubre infinito.
Postdata: Octubre también es el mes de aniversario de Oh! (risas).
¿Hay un mes memorable en tu vida? ¡Agradécelo!

