Un calmado amanecer me despertó; Un unísono sonido insonoro; Un recuerdo confuso de aquel día; Un pedido a una sola voz que se fue alejando.
Fuimos esos que siguieron el ritmo habitual; Que se refugiaron en excusas poco sensatas; Los que dejaron pasar, ante sus ojos, las verdades arrojadas.
Como la película de terror que temíamos ver; Como la pesadilla en la que despertamos con el ritmo al tope y el corazón casi al explotar.
Somos la humanidad, que hoy despierta; La que hoy valora lo que no palpa, la que no siente y alguna vez sintió; Hoy toca esperar… Lo que sea necesario para la cura de su gente.
Mientras, el planeta agradece el descanso que le diste y atesora los instantes que te sentaste a escuchar el vacío… A escuchar tus propios latidos para sanar completamente. Y entiende que, protegiéndonos, protegemos a los demás.
Los cantos de los pájaros volvemos a escuchar; Esta Primavera ha llegado y con ella el chance de ser más consecuentes los unos con los otros.
El universo nos está dando otra oportunidad y, recuerda que, como dice el Papa Francisco: “La vida en Dios nunca muere”.
Un calmado amanecer me despertó
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